El saber la verdad: "Unica cura"
El joven Amaral García, denunciante en la causa Fusilados de Soca como hijo del matrimonio de Floreal García y Mirtha Hernández, dijo ayer que la «única cura» para cerrar la herida por el homicidio de sus padres es «saber la verdad» sobre los sucesos que devinieron en sus muertes.
«Es tiempo de avanzar, de seguir adelante, de que esto termine (pero), no hay dos maneras de que termine. Se termina sabiendo (la verdad) o no se termina nunca», porque la causa «mueve mucho», expresó Amaral en las afueras del Juzgado mientras los testigos prestaban declaración.
La esperanza es que «después de tantos años (de los fusilamientos) se pueda dilucidar quiénes fueron los que mataron a mis padres. Yo necesito saber eso», señaló el joven. «La familia que me adoptó o me capturó, no sé cómo llamarlo, están muertos también, por lo cual no hay forma de recriminar ni siquiera intenciones. Lo que más cura es saber la verdad y (yo) busco eso», dijo.
Amaral García fue secuestrado junto a sus padres y permaneció en cautiverio junto a ellos previo al traslado clandestino al Uruguay de los cinco fusilados y de Sergio Abreu, único sobreviviente de esos sucesos y cuyo testimonio fue escuchado por la Justicia tiempo atrás.
Amaral fue entregado a una familia adoptiva y su aparición en Argentina, ya en democracia, dejó al descubierto que sus padres no ingresaron de forma ilegal al Uruguay por cuenta personal, sino que existió un operativo coordinado entre las fuerzas represivas uruguayas y argentinas para su traslado.
Los recuerdos de Amaral se circunscriben a «fotos fijas de mi padre y de mi madre, de lugares donde estuve. Las tengo guardadas en mi cabeza, en mi memoria. Son fotos mías, fotos de ellos». La «única cura» para esto «es saber la verdad», exclamó.
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