Sorpresa. El espinoso asunto fue introducido ayer con carácter grave y urgente

Con los 17 votos del FA, el aborto quedó despenalizado

Pero como principio quieren las cosas, debo consignar que antes de la famosa despenalización del aborto, el Senado aprobó en particular la Ley de Partidos Políticos ya aprobada en general en la sesión del miércoles pasado.

Como presidente de la comisión correspondiente, el Rafa Michelini fue el miembro informante. Al respecto, expresó su beneplácito por haber logrado los consensos necesarios para aprobar todo el articulado también por unanimidad que fue votado en bloque; hubo pequeñas modificaciones no sustanciales que dieron mayor precisión al texto, y sólo el artículo 21 del proyecto (por el que se incrementa en 15% el aporte del Estado a los partidos cuando las listas postulen candidatos de ambos sexos) fue desglosado y no recibió el apoyo de Lucía Topolansky. Mónica, Susana y Margarita, en cambio, expresaron su satisfacción, al tiempo que Nin fundamentó su voto favorable diciendo que «la equidad se va construyendo escalón por escalón».

Pero toda la armonía interpartidaria se desmoronó cuando la bancada de gobierno propuso la postergación del tratamiento del pedido de desafuero de Julio Lara hasta el próximo martes 18. La bancada nacionalista saltó como un resorte pidiendo un cuarto intermedio para acordar con el oficialismo en procura de que el asunto se tratara cuanto antes. Vanos fueron los intentos del bueno de Heber: la aplanadora frentista se salió con la suya y el delicado asunto (para el que ya se sabe que no habrá los dos tercios de votos requeridos para hacer lugar al pedido de la Suprema Corte de Justicia, de modo que el barbado senador canario puede dormir tranquilo) se tratará el martes próximo. El clima de entendimiento interpartidario se llenó de negros nubarrones al proponerse el tratamiento de las modificaciones sufridas en Diputados por la Ley de Salud Sexual y Reproductiva. Lanza en ristre, Xavier introdujo el espinoso asunto para que se tratara ayer mismo con carácter grave y urgente. Alguien se ocupó de llamar de apuro a Astori y Mujica ­ausentes hasta entonces­ de modo de contar con los votos suficientes. En definitiva, de lo que se trataba era de convalidar la eliminación del artículo 2° dispuesta en la Cámara Baja; de lo contrario, esto es si el Senado hubiera mantenido dicho artículo rechazando la modificación de Diputados, habría sido necesario convocar a la Asamblea General para que ésta resolviera por tres quintos, cifra imposible de lograr. Como era de suponer, los blancos expresaron su malestar; tanto Heber como Da Rosa se quejaron amargamente de que no se les hubiera comunicado la decisión. El ex intendente de Tacuarembó recordó que el eliminado artículo 2° había sido motivo de acuerdo al tratarse en la Comisión, y que en él se planteaban principios y preceptos generales sobre el tema, por lo que su eliminación dejaba a la norma sin uno de sus ejes fundamentales.

El senador blanco aludía a que en dicho artículo se proclamaba que los derechos sexuales y reproductivos eran derechos humanos esenciales, que allí se establecían en un pie de igualdad las funciones de la relación sexual (con fines reproductivos o meramente placenteros) y que también se reconocía la diversidad de las opciones sexuales.

Mónica estuvo de acuerdo con la reflexión pero explicó la inconveniencia de que el tema estuviera presente en la campaña electoral. Asimismo, minimizó la eliminación del artículo expresando que en definitiva los principios estaban ínsitos en el resto del articulado. A continuación se suscitó un debate en el que la oposición trató de dejar en evidencia las contradicciones del oficialismo. José Carlos Cardozo (supliendo a Penadés), Pérez Antón (como suplente de Gallinal), Moreira, Long y Abreu expresaron su rechazo a la eliminación del artículo 2° y criticaron el proceder frentista. Se cuestionó que se hubieran desechado ciertas garantías como la confidencialidad contenidas en el eliminado artículo. Moreira ­tan pícaro como Heber­ sostuvo que al aceptar la modificación «estamos condenando el placer y la homosexualidad»; Cardozo dijo se otorgaba confidencialidad a las clínicas abortivas; Abreu advirtió que la ley va en contra de acuerdos internacionales suscritos por Uruguay. Pero todo fue inútil. Al momento de votar, las 17 manos en alto del oficialismo convalidaron la eliminación del artículo 2° en un total de 30 senadores.

En la fundamentación de su voto, Alberto Couriel expuso su posición favorable a convocar a la ciudadanía para que sea ésta quien decida en última instancia sobre un asunto tan delicado.

«Es un tema de democracia directa y no de democracia participativa», sostuvo Couriel, y para eso tiene que existir la ley. «Hago un llamado público al presidente para que no vete la ley de modo que pueda someterse a un referendo y que sea la sociedad uruguaya la que resuelva», concluyó el senador emepepista.

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