Esto es lo que nos espera a partir de hoy
Este grupo de expertos que representa a la derecha republicana y que también expresa los intereses económicos de los grandes petroleros y financistas de EEUU, elaboró ahora las recomendaciones para George W. Bush, que asumirá la presidencia de EEUU el sábado 20 de enero, dentro de 48 horas. Si se toma en cuenta la influencia que tuvieron las recomendaciones efectuadas a Reagan en los documentos, Santa Fe I y Santa Fe II y el predicamento que varios integrantes del grupo, entre ellos el redactor del Santa Fe IV, el ultraconservador Lewis Arthur Tambs, tienen con Bush padre; el contenido de este documento debe ser analizado con mucha atención. Esto es lo que nos espera a partir de hoy.
Las recomendaciones para Bush
El documento que aspira a ser la base de la política de Bush hacia América Latina reivindica la vigencia del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), de la Frontera de Defensa Interamericana y un relanzamiento del Comando Sur (critica con amargura el traslado de su base de Panamá a Miami). Reclama además el mantenimiento de la influencia de los militares de EEUU en el entrenamiento y educación de los militares de la región, así como la influencia de estos en sus sociedades. Para no dejar dudas sobre este punto expresa textualmente: «La extrema izquierda en Estados Unidos ha impulsado una campaña para destruir este elemento de seguridad hemisférica».
Los expertos fijan cinco elementos geoestratégicos para «la seguridad nacional de Estados Unidos»: 1. Control de las vías atlánticas entre Africa oeste y Brasil. 2. La navegación en el Canal de Panamá. 3. El acceso a las Líneas de Comunicación del Mar Caribe (SLOC). 4. Una ruta sur segura a través del Cabo de Hornos 5. Asegurarse que los países de este hemisferio no son hostiles a nuestra seguridad nacional». En todos los planteos está clara la intención de recuperar el control de Panamá, explícitamente se critica a Clinton por permitir que no haya presencia militar de EEUU en el Canal.
Se establece una postura de claro revisionismo con respecto a la posición de Clinton de ayudar a investigar los crímenes de las dictaduras del Cono Sur, entregando incluso información desclasificada de la CIA y reconociendo el papel de EEUU en los golpes de Estado, particularmente en el de Chile. Para los autores del documento la administración Clinton apoyó una maniobra «comunista» para presentar las «guerras sucias» de Argentina y Chile como «intentos del demonio derechista para suprimir la población civil».
Para dejar aun más clara su visión sobre este punto señalan que el tema de los derechos humanos es parte de «esfuerzos no convencionales» de los izquierdistas para impedir a EEUU «hacerse cargo» y «proteger la libertad del individuo en esta parte del mundo». El documento también critica al presidente venezolano Chávez por revitalizar la OPEP, oponerse a extranjerizar la industria del petróleo y lo acusa de intentar crear una «república socialista» con Ecuador, Panamá y Colombia».
Otro punto crucial del escrito es el reclamo de poner «punto final» a la guerra en Colombia. Si se examina ese planteo a la luz de las furibundas críticas a la política de la administración Clinton hacia Colombia, según prestigiosos analistas norteamericanos y latinoamericanos como Emilio J. Corbiere de la revista Noticias, la única lectura posible al «punto final» es una intervención militar directa en Colombia. Esta opinión es reforzada por la crítica que el documento Santa Fe IV realiza al gobierno de Colombia por su estrategia para enfrentar la guerrilla, le reclama que «el gobierno de Colombia, en vez de establecer una guerra incondicional ha elegido mantener conversaciones de paz». El documento, que califica a Clinton como «ultraizquierdista», retoma todos los términos de la guerra fría como «subversión», «demonio comunista» y propone relanzar todos los instrumentos militares utilizados por Estados Unidos en ese período. Pero fundamentalmente traza una estrategia para asegurar la hegemonía absoluta de Estados Unidos en el continente y evitar «la penetración» de Europa y Asia.
La visión sobre el «patio trasero»
A continuación publicamos textualmente el capítulo sobre «Defensa» del documento, que por su terminología y sus afirmaciones constituye una muestra clara del pensamiento y las intenciones de este «influyente» grupo de «expertos». He aquí su texto:
«La defensa del hemisferio oeste debe ser discutida en términos estratégicos. Infortunadamente, la administración Clinton falló durante casi ocho años en elaborar un plan para producir una estrategia basada en una visión intelectual, política o militar. Es crítico para nuestra seguridad nacional que corrijamos ese vacío. El resto del mundo –tanto nuestros enemigos como nuestros aliados– está esperando. El hemisferio oeste es la mitad del mundo. La mayor parte del norte es ocupada por Estados Unidos y Canadá, pero si se toma el Ecuador como línea divisoria están México, América Central, Panamá y una parte importante de Colombia, Venezuela y Ecuador (el Ecuador cruza la capital ecuatoriana, Quito).
Después de la Segunda Guerra Mundial tuvimos la buena fortuna de tener líderes en el hemisferio sur que habían tenido una mejor visión de la situación estratégica. Hubo notables excepciones en el hemisferio, respaldados por los soviéticos y los chinos, que hicieron todos los esfuerzos para explotar nuestra miopía estratégica: Fidel Castro en Cuba, Salvador Allende en Chile y los sandinistas en Nicaragua, solo por mencionar algunos. Después de la caída de la Unión Soviética, Castro fue dejado sin un patrón. Desde entonces ese vacío fue llenado por los señores de la droga en Sudamérica, particularmente las paramilitares Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.
Los variados mecanismos para la defensa de este hemisferio todavía persisten pese a estar severamente dañados por los varios intentos de las administraciones Carter y Clinton para eliminarlos. El Tratado de Río (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) todavía es viable. La Frontera de Defensa Interamericana (IADB) todavía funciona. El Comando Norteamericano del Sur (SOUTHCOM) todavía es una institución viable, aunque se encuentra bajo ataques diarios desde fuera (los comunistas) y dentro de las políticas del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Sus cuarteles generales fueron trasladados desde Panamá a Miami por la administración Clinton. Sin una intervención fuerte del próximo presidente de los Estados Unidos esta política verá el final de todas estas modalidades y otras que las sostienen en bases regionales. Estos son los bloques básicos para la defensa de este hemisferio.
El narcoterrorismo y los chinos
Pero el tema central cuando se discute la defensa de este hemisferio es cuál es la amenaza. Como se discutió en Santa Fe I, II y III, Estados Unidos enfrentaba una relativamente bien definida amenaza que es entendible para el norteamericano promedio. Hoy esa amenaza se ha convertido en algo infinitamente más complicado y dificultoso de definir, aunque algunos de los antiguos demonios todavía respiran fuego y pueden ser identificadas por «the merest tyro». Castro no ha cambiado sus «spots», sus aliados soviéticos han sido reemplazados por los narcoterroristas. Además, una nueva amenaza para el hemisferio ha aparecido en escena en la forma de los comunistas chinos, que han hecho una mayor aparición en Panamá y han reemplazado a los soviéticos en influencia sobre el Caribe. Esta penetración de los chinos ha alcanzado a las Américas no solamente en Panamá sino también en Colombia, Venezuela, Cuba y Freeport en las Bahamas, y haciéndol
o ha puesto en riesgo la solidaridad del flanco sur de los Estados Unidos entero.
Los Estados Unidos se encuentran en el primer escalón de una mayor conquista para su sistema político a través de esta penetración.
Dictaduras de Argentina y Chile
Y los penetradores no están usando los elementos militares tradicionales. Al contrario, están haciendo esfuerzos no convencionales que dificultan a los Estados Unidos hacerse cargo, particularmente cuando ingresan en el área de los derechos humanos, que han sido el blanco primario de los izquierdistas que apuntan a abortar todos los esfuerzos por proteger la libertad del individuo en esta parte del mundo. Este problema se ha vuelto el punto central del ataque de la izquierda contra Estados Unidos cuando intenta enfrentar el problema de la droga en Colombia, Perú y Bolivia. El esfuerzo comunista para maquillar las «guerras sucias» de Chile y Argentina como nada más que intentos del «demonio derechista» para suprimir la población civil es un caso claro de déjà vu. En cualquier lugar donde un gobierno electo limpiamente intenta protegerse a sí mismo de una insurrección claramente respaldada por las drogas y con una ideología de izquierda sostenida por Cuba comunista, generalmente se encuentran a sí mismos bajo el ataque del Departamento de Estado, así como de los medios liberales norteamericanos.
La infiltración china
Pero la amenaza no es solamente en el frente militar, como en Colombia. Es infinitamente más complicado. La penetración económica por las fuerzas totalitarias es particularmente problemática. En primer lugar y en forma más obvia está la situación del Canal de Panamá, donde los Estados Unidos han pagado vastas sumas para mantener el punto más estratégico del hemisferio. Haciéndolo, Estados Unidos ha dejado su futuro económico en las manos de un centro político muy inestable e incierto. Los hechos son preocupantes. Los puertos en los finales Atlántico y Pacífico del canal han sido puestos en las manos de Hutchison Whampoa Ltd., que tiene lazos muy fuertes con Beijing. Al mismo tiempo, importantes compañías chinas están haciendo profundas intervenciones en varios puertos del Caribe que son críticos en la economía de Estados Unidos, como Freeport en las Bahamas. Paralelamente, encontramos que los narcoterroristas están lavando sus cientos de billones a través de instituciones financieras norteamericanas, por no decir nada de las instituciones financieras de otros países. Esta es aún una amenaza estratégica de mayores proporciones, una amenaza sin precedentes donde EEUU parece estar con un equipamiento insuficiente para negociar.
Entrenamiento a militares
El relacionamiento entre civiles y militares constituye otro punto político importante. La realidad es que los militares de Latinoamérica, incluyendo Cuba comunista, juegan un importante papel en las vidas política y cultural de varios si no de todos estos países. Un papel del cuerpo militar estadounidense durante el siglo pasado ha sido jugar una influencia moderada en educación y entrenamiento de los militares de nuestros vecinos hemisféricos. Sin importar los hechos, la extrema izquierda en Estados Unidos ha impulsado una campaña para destruir este elemento de seguridad hemisferica. Los mismos izquierdistas, trabajando con los medios liberales y aliados en el Departamento de Estado, han tenido éxito en asegurar que Estados Unidos no tenga presencia militar en Panamá, en violación de los tratados del Canal de Panamá. Aun más, nuestros programas de lucha contra la droga sobre las regiones andina y caribeña han sido significantemente reducidos. Hasta hace muy poco la administración Clinton bloqueó los esfuerzos para combatir la subversión y el terrorismo. Los principales elementos geoestratégicos que revisten importancia para la seguridad nacional de Estados Unidos incluye los siguientes, los primeros cuatro en el área de estrategia naval:
1. Control de las vías atlánticas entre Africa oeste y Brasil.
2. La Navegación en el Canal de Panamá.
3. El acceso a las Líneas de Comunicación del Mar Caribe (SLOC).
4. Una ruta sur segura a través del Cabo de Hornos
5. Asegurarse que los países de este hemisferio no son hostiles a nuestra seguridad nacional».
El narcoterrorismo y Colombia
En el capítulo que trata sobre las drogas se parte de una identificación plena entre «guerrilla» y «narcotráfico», se llega a hablar de que se está ante una «guerra química» contra EEUU y se aboga por «poner un punto final» a la guerra en Colombia.
«La Unión Soviética ha dejado de existir y la sponsorización estatal del terrorismo en este hemisferio está en declive. A pesar de ello el terrorismo, tráfico de drogas y crimen organizado son reconocidos como amenazas globales para la sociedad civil. Sin embargo la comunidad internacional, liderada por los EEUU, todavía permanece «oblivious» frente a una amenaza aun más insidiosa como es la amenaza entre organizaciones terroristas, traficantes de drogas y crimen organizado, más conocido como narcoterrorismo. Es difícil de entender por qué pero los encargados de las políticas norteamericanas parecen incapaces de entender que los enemigos ideológicos de la democracia y la estabilidad y los criminales relacionados con el tráfico de drogas y armas y el lavado de dinero pueden ir de la mano, mezclados con un simple y personal oportunismo, más allá de que algunas veces tengan conflictos «internos».
El rostro del terrorismo –una amenaza desconocida– ha cambiado desde el fin de la guerra fría y también lo han hecho los métodos que los Estados Unidos y otros países han desarrollado para contenerlo y luchar contra él. Pero hemos rehusado reconocer el narcoterrorismo como uno de los principales asesinos de americanos en las últimas dos décadas, en la forma de la adicción a la cocaína y la heroína. Nuestra estrategia se mantiene elusiva. Hemos rehusado identificar a las organizaciones narcoterroristas como la fuerza rectora detrás de una guerra química real en camino contra los ciudadanos de los Estados Unidos. Por décadas hemos ignorado el hecho de que el uso narcótico y la adicción se han convertido en una contribución directa sobre la más corrupta influencia sobre nuestro carácter moral nacional. John Featherly, un oficial senior de la Administración de Fuerza contra la Droga (DEA), sugiere que Estados Unidos sabe quienes son los narcoterroristas. «Nosotros sabemos sus rutas, donde viven, donde cultivan y producen las drogas, las formas en que corrompen y a quienes corrompen, pero aún así hacemos poco para detenerlos», dice. «Si EEUU fuera serio acerca de la guerra contra las drogas proveería de los recursos y fondos necesarios para la lucha, usando métodos especiales que están disponibles para el gobierno. Sin embargo, es claro que la política para pelear seriamente este tema se está perdiendo en todos los frentes». Décadas después de que las guerrillas de izquierda de Colombia adoptaran el narcoterrorismo como el principal camino para alcanzar su agenda política, continúan beneficiándose de un extraño caso de «ceguera» que sufren los hacedores de política norteamericanos. La administración Clinton y el Congreso parecen incapaces de luchar contra esta situación. Las soluciones de que el Congreso y la Secretaria de Estado, Madeleine Albraight ofrecen para resolver la guerra en Colombia son adecuadas para un conflicto político, pero el problema en Colombia no es sobre políticas sino sobre dinero y el poder que este compra. Y es liderada por una organización criminal internacional.
Por otra parte, los poderosos tentáculos de los narcoterroristas colombianos están amenazando en convertir la vieja democracia sudam
ericana en su primera «narcocracia», planteando una amenaza para la seguridad de todo el continente. El gobierno de Colombia, en vez de establecer una guerra incondicional ha elegido mantener «conversaciones de paz» para resolver una ola de crímenes y para colocar a peligrosos criminales en la lista de una agenda política que, si se mira de cerca, revelaría un oscuro plan para colocar a asesinos sin reglas en el camino del palacio presidencial. No es sorprendente que los intentos previos de Estados Unidos para ayudar en las negociaciones hayan fallado.
Claramente estar en el poder no es difícil de alcanzar, considerando que la FARC controla cerca del 50 por ciento del país y que tiene una presencia distintiva en las afueras de la capital colombiana, Bogotá. Y por lo que nosotros sabemos de la FARC por ahora es razonable asumir que si toman el poder su sistema de gobierno será totalitario. Las drogas ilegales proveen a los narcoterroristas de entre 750 millones a un billón anual de dólares, solamente en Colombia. Ellos niegan estar envueltos en el negocio de las drogas. Sorprende que el presidente colombiano, Andrés Pastrana, respalde su postura planteando que «no hay evidencia de que la FARC esté en el tráfico de drogas», según dijo el año pasado al periódico argentino Clarín. Por el contrario, dijo Pastrana, «la FARC siempre se ha mostrado interesada en erradicar la ilegalidad». Y aun McCaffrey, aunque nota el vínculo entre los traficantes de drogas y las guerrillas, afirma que solo «dos tercios de los terroristas se benefician financieramente de esta asociación».
¿Por qué mantener vivo el mito de que hay una distinción entre los terroristas y los traficantes de Colombia? ¿Por qué darles respetabilidad y legitimidad manteniendo la ficción de que estos criminales tienen una «agenda política y social»? Según la Oficina General de Cuentas (GAO), la FARC y el ELN, dos organizaciones narcoterroristas colombianas, son responsables por la producción de heroína y cocaína del país. Estados Unidos debe poner un punto final a una prolongada guerra viciosa que ha reclamado decenas de miles de vidas durante la última década, ha corrompido y subvertido instituciones democráticas a través de la región, está destruyendo el sistema de libre mercado, está desestabilizando y corrompiendo los sistemas financieros a través de las Américas y está imponiendo una creciente amenaza para la estabilidad de la región».
El Mercosur: un problema
Dentro de los problemas que enfrenta EEUU para expandir su hegemonía en el hemisferio sur, el documento Santa Fe IV señala al Mercosur y advierte que «antes de terminar la próxima administración toda Sudamérica estará unida en un mercado común». El párrafo destinado al Mercosur dice textualmente:
«En 1991 el Tratado de Asunción estableció un mercado común económico llamado Mercosur, que incluye a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Bolivia y Chile se unieron más tarde como miembros asociados. Los miembros del Pacto Andino –Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela– están negociando su ingreso al Mercosur para 2003. Por lo tanto, antes de terminar la próxima administración toda Sudamérica estará unida en un mercado común».
Chávez y un Estado «socialista»
Un capítulo del informe titulado «Populismo democrático posguerra fría» analiza los casos de Argentina, México y Venezuela.
En el caso de este último país se realiza un análisis pormenorizado sobre la gestión de Chávez. En las críticas al presidente venezolano además del signo ideológico, se afirma que quiere fundar una república socialista con Colombia, Ecuador y Panamá, quedan claros los intereses de los sectores que apadrinaron la candidatura de Bush: las grandes petroleras.
Las principales críticas a Chávez son por haber impulsado el resurgimiento de la OPEP y por «establecer con mayor fuerza el mantenimiento de las compañías de petróleo bajo la órbita estatal». Transcribimos a continuación los aspectos principales de las críticas a Chávez: «En 1992 fue parte de un golpe militar fallido y pasó un tiempo en la cárcel por su intento. Ha sido amigo de Castro y cercano a los narcotraficantes marxistas colombianos. Después de su liberación, Chávez decidió tomar el poder mediante elecciones. Basó su campaña en prometer que usaría el aceite de Venezuela para disminuir la pobreza de las masas, sorprendió a muchos alcanzando la Presidencia en 1998. Chávez es populista, ambicioso para sus planes y para sí mismo.
Chávez rápidamente consolidó su poder. Llamó a una convención constituyente que aprobó una nueva Constitución que le permite prolongar su poder y elimina el Congreso existente. También estableció una mayor fuerza al mantenimiento de las compañías de aceite bajo la órbita estatal y ha tomado un rol prominente en las deliberaciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Se piensa que influyó sobre la reciente resolución de la OPEP para limitar la producción de aceite mundial y topear los precios. El héroe de Chávez es el libertador sudamericano del Siglo XIX, Simón Bolívar. Expandiendo un nuevo bolivarismo, aspira a reunir la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador), sin duda como una república socialista».
La «desestabilización» de Clinton
El documento también contiene un capítulo específicamente destinado a criticar la política hacia América de Bill Clinton. Este apartado lleva el título «Desestabilización». Se le cuestiona lo que entienden como «apertura hacia Cuba», los gestos de distensión con Vietnam y también la asistencia financiera prestada a México en su megacrisis financiera que dio lugar al ya famoso «Efecto Tequila».
«La presidencia Clinton dejará atrás un marco de inestabilidad y desestabilización potencial en Latinoamérica y el mundo en general, lo que pesará sobre la próxima administración presidencial norteamericana. La estrategia anticomunista que fue paradigma durante la mitad del siglo ha desaparacido frente a un sistema que prioriza los problemas internacionales. La lista de fallas de la administración Clinton incluye:
Una pérdida básica de comprensión, contradictoriamente, del conflicto y la victoria sobre el comunismo y la necesidad de limpiar la situación ideológica que quedó detrás. En ningún lugar este fenómeno es más aparente que en Cuba. La administración Clinton ha visualizado la posibilidad de comprometerse para de alguna forma dejar de lado las diferencias con Cuba que han existido a través de la guerra fría y de asumir que en la era posoviética ellos ya no constituyen una amenaza para la seguridad norteamericana. Estas acciones han ayudado a la continuidad del régimen fundado, exactamente como con la ayuda del senador John McCain la administración Clinton dio a otro régimen comunista corrupto, ineficiente e inmoral, Vietnam, otra década de vida al extender el reconocimiento norteamericano.
Cuando inevitablemente el régimen de Castro colapse por las mismas carencias que hicieron caer el resto del imperio soviético, Washington quedará sin preparación para enfrentar el caos resultante. Las posibilidades son muchas: un inmenso flujo de refugiados; amenazas a la estabilidad de Florida, nuestro cuarto más populoso estado; el retorno de Cuba al mundo real con una economía destrozada, más dependiente del azúcar que cuando los comunistas tomaron el poder hace 40 años, especialmente ahora que el mundo camina sobre una tecnología plena de productos competitivos de endulzantes artificiales; la complicación racial en Cuba, siempre dificultosa pero exacerbada por la propaganda y la emigración masiva».
En cuanto a la ayuda financiera a México expresa: «Con la premisa de que los problemas de Latinoamérica son económicos, la administración Clinton ha caído en errores tempranos al otorgar una «red de seguridad» de garantías que permite a los gobiernos del área hacer malas elecciones. El secretario del Tesoro Rubin dijo que la recuperación de México fue concebida con pleno conocimiento que agranda el peligro de una «caída moral», esto es, que brinda a los inversores y especuladores privados la posibilidad de que en un colapso sean compensados. Pero dice que fue un riesgo menos grave que el colapso de la economía mexicana y sus repercusiones a través del hemisferio y la economía mundial».
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