DECIBELES ALTOS CON TABLADO, CONSIGNAS Y UNOS AULLIDOS
Paralelamente al plenario de Diputados, que seguía al cierre de esta edición en medio de un enérgico y confuso debate, fuera del Parlamento hubo dos grupos antagónicos, a cada lado de la avenida. Me llamó la atención una diferencia. Mientras que los que estaban en la vereda del anexo del Palacio Legislativo, defensores del proyecto de ley que tanto ha dividido las aguas, se agruparon con calma y sin excesos, los otros, opositores recalcitrantes a la despenalización del aborto, montaron un tablado, colocaron unos equipos de audio a un volumen como para resquebrajar el pavimento y todo lo verbal lo aullaron: apelaciones al Señor, también al cruzado Cotugno, promesas de castigo divino, oraciones y unos argumentos desdibujados por la cólera. La impresión era extraña. De un lado, la estridencia, lo estentóreo, rostros enrojecidos, puños al aire, la sensación de que algo extraordinario iba a pasar ante tamaño clamor; del otro, personas serenas unidas detrás de unas pancartas, al lado de una camioneta cuyo parlante fue aplastado por el ruido que provenía de enfrente, agitaron carteles y siguieron el debate en sala a través de la información radial. Hubo un hecho significativo: ninguna de estas personas pareció sentirse conmovida por la amenaza de excomunión del arzobispo y sólo algunas miraron alrededor, sin mayor interés, a ver si aparecía un hombre vestido de negro, con la espada del Saulo bíblico en ristre y lanzando lenguas de fuego por la boca. Pero no fue. Supongo que estaría ocupado en otras tareas de su ministerio. ¿Y adentro, en el augusto recinto? Yo sólo me permití, el rato escaso que allí estuve, hacer algunos apuntes sobre aspectos a los que pocas veces se les presta atención. Por ejemplo, el vergonzoso y habitual barullo que durante la media hora previa obligó a Alberto Perdomo, presidente de la Mesa, a frecuentar el timbre de advertencia y suplicar silencio, ya que ni los taquígrafos podían trabajar. Uno de los afectados, Carlos Enciso (Correntada Wilsonista), se lo agradeció originalmente: «¡Gracias, ya casi ni yo me oía!». Y un hecho que me confundió: de licencia Manuel Barreiro (Foro Batllista), regresó su esplendorosa suplente Paola Pamparatto. Entonces, ¡¿hay Dios, nomás?!
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