LA OTRA CAMARA

DEMORONES, VERBOSOS Y DISTRAIDOS

Estos tres calificativos caen a medida a la mayoría de los diputados que participaron de la sesión de la víspera. El presidente en ejercicio, Uberfil Hernández (Espacio 609), recién pudo dar la largada casi cincuenta minutos después de la hora establecida. Hasta entonces, con el número suficiente de legisladores en sala, el jolgorio y la dispersión eran tales que parecían incontrolables.

Luego, cada vez que hablaba alguien, los demás se empeñaban en quehaceres más estimulantes. Por ejemplo, se advirtió una inflación notoria de computadoras en la bancada del oficialismo ­el incontrolable Asti, el joven y estudioso Álvarez, el impasible Mahía, la seductora Charlone y el inquieto Ortuño-, diversos tipos de lectura y celulares en la bancada blanca y la habitual tendencia al susurro y las risitas ahogadas de la bancada colorada.

Fiel a mi misión ­apostolado, debí decir-, consigné otros hechos destacados.Hay algunos diputados cuya inmovilidad los convierte en una especie de referencia meramente geográfica. Un mojón, digamos. Eso que sirve para decir: «a la derecha de fulano, a la izquierda de mengano».

Como contracara, pocas veces se vio al coordinador de la bancada del Frente Amplio, Diego Cánepa (Nuevo Espacio), circular por la sala con el mentón en ristre y a tal velocidad, hablando con tantos colegas a la vez y exhibiendo un rostro ajustado tan adecuadamente a cada circunstancia: sonriente, tenso, enérgico, sorprendido, atento, conmovido, irónico, preocupado y, por supuesto, aburrido. Carlos Gamou (Espacio 609), durante su breve exposición, volvió a incurrir con los saltitos en la banca mientras su calva enrojecía y su cabeza parecía capaz de dar una entera vuelta sobre sí misma. Y la frutillita: felizmente reapareció Beatriz Argimón (Alianza Nacional) ­y lo digo así porque se la extrañaba- luego de faltar a unas cuantas sesiones. Claro, si uno juega unas cuantas fichitas a un número con nivel de riesgo elevado, lo menos que puede hacer es no sacar la vista un instante de la ruleta hasta ver dónde cae la pelotita. En otras palabras, arremangarse, ¡sin jamás levantarse las polleras!, y hacer campaña hasta en los sitios donde hay que ir de alpargatas o, cuanto menos, de coquetos zapatos deportivos, bajitos.

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