Nuevo código de concordatos y organización empresarial
Bajo la presidencia del líder popu-participante, el Senado comenzó puntualmente su sesión ordinaria de ayer, miércoles 15 de octubre. Dos fueron los asuntos de mayor relieve que debió tratar el augusto Cuerpo, entre otros de menor relevancia, tales como bautizos de escuelas y organismos estatales, y otorgamiento de pensiones graciables.
El primero de ellos refería a nuevas «normas para la declaración judicial de concurso y la reorganización empresarial», lo que traducido al lenguaje del pueblo llano no es otra cosa que la recopilación, actualización, modernización y racionalización de las normas referidas a cesación de pagos, llamado a concordato y quiebra de empresas. El otro proyecto de ley de relevancia era el referido a la flexibilización del régimen de acceso a los beneficios jubilatorios, lo que traducido al lenguaje vulgar no significa más que rebaja de la edad y los años trabajados exigidos para jubilarse.
Pero antes de eso, en la hora previa, don Gustavo Lapaz se lamentó de que tanto el Teatro Solís como el nuevo Estudio Auditorio del Sodre –reconstruido con dineros públicos– sólo fueran usufructuados, de hecho, por los montevideanos y no por todos los uruguayos. Como era de suponer, este comentario no fue del agrado de don Mariano Arana, quien, visiblemente molesto, deploró el hecho de no poder responder a la alusión de Lapaz, y debió contentarse con hablar de las granizadas y otros fenómenos meteorológicos que afectan las distintas cosechas en esta época del año.
Luego se entró de lleno al tratamiento del orden del día, cuyo primer punto era el relativo a la declaración judicial del concurso y la reorganización empresarial. Cuando vi que el miembro informante era el activo senador Sergio Abreu, calculé que el proyecto venía con viento en popa para ser sancionado por unanimidad (ojo, no se confunda: no por una nimiedad).
Don Sergio (que se ha autodefinido como «humilde abogado») trazó un panorama de la legislación actual sobre el tópico y enumeró las bondades del proyecto a estudio, capaz de corregir los defectos y carencias de las normas vigentes. Calificó al régimen actual de «perverso», y sentenció con convicción que la nueva normativa evitará llegar a la etapa final del proceso que lleva a la quiebra a las empresas en dificultades. «Esta ley es de vital importancia para la economía del país y para las relaciones laborales, pues permite que comiencen a funcionar mecanismos para evitar que las empresas entren en cesación de pagos», así como facilitar que los trabajadores formen cooperativas que se hagan cargo del funcionamiento de la empresa en dificultades. Explicó que la nueva normativa promueve la licitación para la venta en bloque de una empresa en funcionamiento (sin esperar a que esté fundida) de manera tal que sus trabajadores puedan presentarse como interesados en mantener la actividad de la empresa.
El joven senador Michelini explicó que si bien el proyecto presenta algunas disposiciones dudosas, prevaleció el criterio pragmático y se resolvió dejar para más adelante las posibles modificaciones o mejoras del proyecto actual.
Don Isaac Alfie marcó sus peros al proyecto pero se avino a votarlo favorablemente en general, así como más del noventa por ciento de sus artículos.
Moreira, un abogado blanco de posturas especialmente críticas, se mostró conteste con la opinión mayoritaria y resaltó las bondades del proyecto. Esto último hizo decir a Michelini, fuera de micrófonos: «que quede constancia de que es la primera vez que estamos de acuerdo con Moreira», a lo que el presidente Mujica respondió: «algo va a pasar». Por 25 en 25 el proyecto se aprobó en general y ahora pasa al Poder Ejecutivo para su promulgación.
Otra vez el senador Víctor Vaillant fue el encargado de informar sobre el otro proyecto de ley, el que flexibiliza el acceso a la jubilación en varias circunstancias.
Mientras el líder rojiclavelino explicaba detalladamente el asunto, pude observar que Mujica había cedido la Presidencia al primer vice, Mariano Arana, para sentarse en el lugar de Alberto Cid, al lado de Danilo Astori. Conversaciones, cuchicheos y sonrisas cómplices de ambos interlocutores me hicieron lamentar no contar con uno de esos aparatos sofisticados que se muestran en las películas de espías… ¿Se imagina el lector cuánto valdría la grabación de esa charla entre Astori y Mujica?
Pero volvamos a lo nuestro. La nueva norma rebaja de 35 a 30 los años de servicio y aportes para obtener una jubilación común, manteniendo el mínimo de edad en 60 años. En cuanto a las jubilaciones por incapacidad total, no se requerirá más que el interesado haya estado en actividad durante los seis meses inmediatos anteriores a la fecha de solicitar la jubilación. Cuando la causal sea por edad avanzada, el interesado podrá jubilarse con 70 años de edad y 15 de aportes, o 69 y 17, o 68 y 19, y así sucesivamente. También está contemplado el caso de desocupación forzosa, para lo cual se estipula un subsidio especial para los de 58 años y 28 de aportes.
En fin, hay mil disposiciones más, todas dirigidas a resolver y corregir injusticias, aunque el amigo Alfie haya considerado algunas de ellas no eran más que «un saludo a la bandera». Pero lo que importa es que el proyecto fue aprobado por 22 en 22 presentes.
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