Barras repletas

Facturas, el sexo y los gritos

Apenas transcurrida breve parte del debate en el plenario de Diputados acerca del proyecto de rescate de la Caja Bancaria, se presentó ante mí una imagen definida, al menos en el habla popular, por una palabra: factura.

En realidad debí usar el plural, ya que se trató de muchas, muchísimas las que fueron y vinieron de una bancada a las otras y al revés, barnizando los discursos con ese poco sutil toque autóctono.

¡Se pasaron facturas de todo pelo!

No sé si quedó algo del pasado por decir, si faltó una acusación. Acaso hubo, a cierta altura, un cansancio que fue desinflando la tensión por tanta energía desplegada en ese uruguayísimo comportamiento.

Otra cosa: es muy vernácula la definición del vocablo factura en la que me baso, ya que lo más parecido que ofrece el diccionario de la Real Academia es una acepción que ­se verá enseguida­ no respeta el espíritu del ejercicio practicado con tanta fruición en la víspera: «Pasar factura. Pedir una contraprestación a quien se ha hecho un favor o prestado un servicio».

Les haría bien al doctor Vicente Enrique y Tarancón y al inefable Torcuato Luca de Tena Brunet, miembros de número de la Academia, darse una vueltilla por la honorable Cámara de Representantes de nuestro país.

En fin, no fue lo único llamativo.

En determinado momento, Silvana Charlone (Espacio 90), con ese no sé qué de Julia Ormond con el pelo lacio, sugirió, textualmente, que si se seguía así «vamos a terminar hablando del sexo de los ángeles», extremo que no ocurrió pero dejó florecida y latente la imaginación de unos cuantos, a los que me pareció ver babear.

Y luego, los gritos. Hay diputados que quieren convencer con una especie de verbo sin problemas de erección, aullado. Gracias a ello, además de sus argumentos, Gustavo Bernini (Partido Socialista) y José Carlos Cardozo (Herrerismo) castigaron sus micrófonos hasta casi achicharrarlos, mientras Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) estuvo a un centímetro de masticarlo.

Ah, otra cosa. Hubo tantos empleados de casas de crédito en las barras repletas que más de un legislador perdió la oportunidad de pedir un crédito al paso, aunque fuere para ir a ver el partido de la celeste con una botella de «Juanito, el caminador». Por las dudas.

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