Polémica. Derivó en la confrontación de dos concepciones económicas antagónicas

Un intenso debate en el Senado por la modificación a Carta Orgánica del BCU

Se trataba de un proyecto enviado por el Poder Ejecutivo en diciembre de 2005 y que sufrió supresiones, enmiendas y agregados durante su estudio en la Comisión correspondiente.

Teniendo en cuenta que entre sus muchas disposiciones la norma crea cargos nuevos ­materia que no puede ser objeto de legislación durante los doce meses previos al acto electoral­, se hacía urgente aprobarla antes del 25 de los corrientes.

La sesión extraordinaria comenzó con el informe en mayoría de Michelini, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado. Con su tono pausado y de variadas inflexiones, el pelilargo líder neoespacial expuso las ventajas y bondades de las nuevas disposiciones contenidas en el texto a estudio.

Explicó que la Carta Orgánica vigente es de 1995 y que desde esa fecha el sistema financiero uruguayo había experimentado muchas transformaciones que tornan necesaria una actualización. A tales efectos, y recogiendo la experiencia de la crisis de 2002, la ley propone tres conjuntos de innovaciones normativas: el mejoramiento de la autonomía del Banco Central; el fortalecimiento de su función de supervisión financiera; y la creación de una entidad administradora del seguro de depósitos, independiente del BCU, que se llamará Corporación de Protección del Ahorro Bancario (Copab).

No bien el miembro informante hubo terminado su pormenorizado y por momentos tedioso informe en mayoría, don Isaac Alfie ­temible polemista en temas financieros­ desenvainó su filosa espada y la emprendió inmisericorde contra el proyecto de ley y contra la bancada oficialista. Cuestionó el poco tiempo de que dispuso la oposición para analizar el nuevo texto, pues si bien el proyecto fue enviado al Parlamento en diciembre de 2005, no entró en Comisión sino hace apenas 40 días. Consideró que la ley estaba fuera de tiempo y que era inconveniente, y sugirió que se votara sólo la creación de nuevos cargos dejando para más adelante el análisis sereno y sin apuro de todas las otras modificaciones.

Procedió, a continuación, a enumerar todos los elementos negativos del proyecto: falta de autonomía del Banco; subordinación del sistema de pagos; definiciones «malas, difusas o confusas»; el Comité de Coordinación Macroeconómica es «un horror, un mamarracho»; no se limita el crédito al gobierno, lo cual puede resultar en financiamiento inflacionario; inconveniencia de aumentar el número de directores; etcétera, para terminar anunciando: «Esta ley será una de las primeras que habremos de derogar el 1º de marzo de 2010″. (Se tiene fe el hombre, ¿no?)

Siguió don Sergio Abreu ­»humilde abogado y no economista» según su autodefinición­ abundando en argumentos contrarios al proyecto y citando opiniones de expertos en la materia. Tampoco desperdició la bolada para aludir a las discrepancias en la interna frentista, y terminó proponiendo que se postergaran las modificaciones a la Carta Orgánica del BCU hasta que se supere la crisis financiera mundial.

Por otra parte, la crisis actual demostró que el mercado no es capaz de regularlo todo y que el sector privado no fue virtuoso. En cuanto a los fines primordiales, reconoció que el objetivo de la macroeconomía es que no haya inflación, pero ese fin no es absoluto y sobre todo no se debe, en aras de esa meta, comprometer el crecimiento y la distribución de la riqueza.

Penadés, que hasta entonces había observado un respetuoso silencio, salió con todo a denostar el proyecto y a la fuerza política gobernante. Sostuvo que el proyecto salido de la Comisión es radicalmente distinto (casi contrario) del enviado por el Poder Ejecutivo hace casi tres años, y que el gobierno se cubría de ridículo por impulsar modificaciones de tales características en un momento como el actual.

Intervino luego el popular Pepe para suscribir los dichos de Couriel, siempre en tono conciliador, sin dar motivo a réplicas destempladas. Pero la intervención más desconcertante fue la de Larrañaga. Empezó anunciando que los blancos votarían en contra, pero que podía suscribir las apreciaciones de Couriel y coincidir con lo dicho por Mujica, aunque también expresó su acuerdo con la intervención de Alfie y los argumentos de Abreu. Andá a entenderlo al Guapo.

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