La columna de Sherlock

Confesiones de Batlle,ante un gringo abrumado

Cansado de tanta recorrida por las playas, Sherlock comenzó a extrañar la noche montevideana. Llegó a su viejo bulín, abrió las ventanas y escuchó las cuerdas de tambores del barrio, a las que aún les falta un poco de ajuste. Encendió la computadora, puso la web del Presi e imprimió la entrevista que le hiciera el periodista Clifford Frauss, del New York Times.

De un solo tiro se la leyó completa y se imaginó al gringo entrevistando a Batlle en el piso siete del Edificio Liberad, más mareado que yanqui en Vietnam. Particularmente cuando el Presi le dijo que la ayuda de Estados Unidos a Colombia «no sirve para nada» y que el verdadero plan de ayuda consiste en «legalizar la droga y que Colombia se integre al Nafta». O cuando hablando de los cambios tecnológicos y sus consecuencias el pobre Clifford tuvo que escuchar que le interrumpiera una pregunta: «Usted se equivoca, escuche, así aprende un poco».

Luego el viejo sabueso cerró las ventanas, puso a Pink Floyd y con un marcador amarillo comenzó a señalar todas las confesiones personales del Presidente.

Fue así que se enteró de que el Presi no toma, no consume drogas, que dejó de fumar en 1962 «y que la única cosa que hago es fumar algún cigarro habano cada tanto, especialmente si es dominicano Aurora».

También que tiene una biblioteca con ocho mil libros, especialmente de historia, y que se acaba de comprar uno de 1763 en mil quinientos dólares que contiene el primer mapa de la ciudad de Montevideo.

Además, se apresta a vender 10 mil kilos de lotos y dice que posee tres propiedades, junto con su esposa: «una de 95 hectáreas, la otra de 13 y la tercera de 154 hectáreas». Y otra cosa muy importante: «tengo a mi mamá con 94 años de edad y viva, que es jefa de todo».

Pero su vocación por los caballos –reconoce que tiene más de 20 y es copropietario de un stud–, lo ha llevado a transformarse en exportador de los cuadrúpedos.

Por último defendió la libertad de opción de los gay, dijo que si el homosexualismo es una patología «es mejor corregirla» y cerró la serie de confesiones con una afirmación categórica: «En una palabra, a mí me gustan las mujeres».

Luis Hierro López le hace honor a su primer apellido. Es el duro del Parlamento y ese papel se lo ha tomado en serio. Dicen.

–¿Sabe la última de Hierro?, le preguntó un legislador uruguayo, en la playa Bikini, a Sherlock.

–Ni idea, estoy de licencia, comentó el investigador que por mirar a una chiquilina ya crecida, casi pisa a un niño que jugaba con la arena haciendo castillitos.

–Apenas tuvo en sus manos los vetos del Poder Ejecutivo, dio la orden de que no se distribuyeran a los legisladores hasta que en esta semana se reúna el Senado.

–¿Y?

–Que mientras daba esa orden, el Presidente de la República los publicaba en Internet, cosa de la que Hierro no se enteró.

–Algo así como que quedó en «orsay», ¿no?

–Algo así, concluyó el legislador.

De Costa Azul, donde pasó unos días, Sherlock arrancó para Parque del Plata, balneario que frecuentaba en su niñez. Mientras recorría la calle Ferreira contando los pozos, igual que lo hacía cuando era apenas un pibe, se encontró con un dirigente de las bases del Frente Amplio que parecía una bandera de la coalición de izquierda. Musculosa roja, short azul y alpargatas blancas.

–Se nos viene un año movido, don Sherlock, fue el primer comentario, de esos que se usan como calentamiento previo de algo más largo.

–Movido y pico, atinó a responder Sherlock, dejándole la iniciativa al otro.

Me dijeron, posta, posta, que el Taba ya planificó todo para el año y que tiene al 80% de los dirigentes convencidos de lo que hay que hacer.

¿Tiene una hoja de ruta?

–Algo de eso, pero esa es terminología de Lacalle. Tiene un plan estratégico, como decimos nosotros.

Hable.

–La idea es, pero mire que es posta, posta, que en este año haya elecciones internas y por octubre o noviembre un congreso.

–Interesante.

–Además se propone reformar el estatuto, particularmente en lo que tiene que ver con la elección de las departamentales. ¿Me entiende?

¿Un congreso para reformar el estatuto?

–Para reformar el estatuto y para la reformulación ideológica y programática de la izquierda.

–Interesante, interesante, dijo Sherlock, justo en el momento en que un pescador subía a la rambla con dos palometas en la mano.

Sherlock es de gustos refinados, aunque lo oculte. Su mayor placer es hacer palabras cruzadas de un diario de Londres, mientras disfruta de un un té de la India. Para ello no hay mejor lugar que una buena confitería de Punta del Este, con mesitas en la vereda de Gorlero. Claro que esto lo matiza con un disimulado mirar por sobre las páginas, en busca de algún conocido al que por cierto nunca saluda.

En eso estaba, luchando con recordar el nombre del bufón de la corona inglesa en 1810 y así completar las horizontales de las palabras cruzadas, cuando de golpe sintió una voz conocida. Y luego otra, pero distinta.

En medio de la vereda, luciendo ropa veraniega, estaban conversando animadamente el diputado Carlos Baráibar, habitué del principal balneario, y nada más y nada menos que el Tambero Jorge Zabalza, líder indiscutido de la Corriente de Izquierda.

Apoyando el lápiz sobre la hoja, el sabueso lee: «Siete vertical: palabra que se grita cuando una persona descubre a otra jugando a las escondidas. Cuatro letras». Medita, apenas dos segundos, y escribe: «Pica».

Sherlock también estuvo por Costa Azul, el día que el presidente Jorge Batlle visitó al general Líber Seregni, para hablar de sus ideas sobre la reformulación del Estado.

El investigador se fue temprano a una casa vecina de Seregni y se ofreció para cortar el pasto, con la idea de estar en primera fila con el fin de no perderse nada.

Segundos antes de que Batlle pasara a la casa, uno de los jefes de la seguridad se plantó ante el general y le solicitó permiso para establecer algunas guardias en puntos estratégicos. Seregni lo autorizó y le recomendó cuidar el fondo, «porque por ahí puede pasar gente».

Distribuida la defensa –dos en el fondo y dos en el frente–, el más grande de los encargados de la seguridad se apostó firme en la puera principal, con cara de pocos amigos.

¿Y vos a quién votaste?, le preguntó un niño a aquella mole humana que dirigía su mirada hacia las azoteas de las otras casas.

Dale, decime, insistió el niño sin suerte, hasta que otro pibe de la misma edad salió a apoyarlo.

Dale, decile, ¿no te animás porque tenés miedo que Batlle se entere?, dijo aquella minúscula criatura humana que apenas llegaba a la cintura del custodia, quien respondió con una sonrrisa que dibujó con un movimiento de su músculo facial derecho.

Sherlock, satisfecho de haber presenciado aquellos gestos de civilidad, se retiró dejando al periodista de LA REPUBLICA cumplir con las tareas correspondientes a su profesión.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje