Gorosito retomó críticas a sectores no herreristas

Quienes atacan a Lacalle "dan una triste imagen"

El dirigente de la Lista 400, encabezada por Julia Pou, manifestó a LA REPUBLICA que «se equivocan quienes creen, o más que nada desean» que exista una división en el Herrerismo, sector que se vio sacudido en los últimos tiempos por fuertes discrepancias internas que determinaron la disolución del Acuerdo Montevideo.

Como se recordará, en la última Convención Departamental blanca las diferencias entre la Corriente Renovadora Nacionalista, liderada por el diputado Gustavo Borsari, y la Lista 71, encabezada por el diputado Gustavo Penadés y el ministro Jaime Trobo, provocaron la ruptura en el principal sector del nacionalismo capitalino.

A pesar de estos antecedentes recientes, Gorosito, quien es además presidente el Instituto Manuel Oribe (IMO), vaticinó que la reunión del 22 «se procesará en un clima de total armonía sin que de ella surjan divisiones o se hagan anuncios de deserciones, como pretenden algunos que no conocen el Herrerismo, su actuación histórica en el país y, fundamentalmente, lo que es la lealtad, un factor invalorable en la actividad política».

 

Inventos de Santoro

Consultado sobre el eventual surgimiento de «competidores» al liderazgo de Lacalle, como fue sugerido por el ex senador Walter Santoro, el subsecretario del Mvotma estimó que «los competidores de por sí no son malos, si ello ayuda al enriquecimiento del Partido Nacional, aunque no creemos que haya alguien que pueda disputarle el liderazgo del nacionalismo a Lacalle, que lo llevó a la Presidencia de la República en 1989 y que, en un marco de unidad, puede volver a hacerlo en 2004″.

En cuanto a las expresiones de Santoro, quien consideró posible que el ex senador Ignacio de Posadas dispute el liderazgo blanco a Lacalle, Gorosito señaló: «Los inventos de candidaturas a los que es afecto (Santoro) no han dado resultados útiles al partido en los últimos años». Además, añadió, el ex senador «no plantea que Lacalle dé un paso al costado, como lo han hecho otros dirigentes desde fuera del Herrerismo. Estos, en definitiva, también y lamentablemente parecen haber optado nuevamente por un camino que, en mi opinión, fue decisivo para la derrota nacionalista en 1999″. En aquella elección, el Partido Nacional apenas logró el 22 por ciento de los votos en la primera vuelta, lo que significó la peor votación de toda su historia electoral.

Aunque no identificó a los blancos de fuera de su sector, el jerarca ministerial cuestionó «la estrategia seguida por quienes apoyaron a determinado candidato en las internas de abril de 1999 (en alusión a Juan Andrés Ramírez) y luego demoraron definiciones en apoyo a la candidatura presidencial de los blancos que mayoritariamente se pronunciaron en esa instancia por Lacalle». Según Gorosito, esa actitud «perjudicó las posibilidades electorales del Partido Nacional en su conjunto», a pesar de lo cual «hay quienes hoy persisten en esa postura».

 

«Desaparecen sin Lacalle

» Aunque consideró «comprensible» que los sectores minoritarios pretendan disputar el predominio a los mayoritarios, Gorosito rechazó que la pelea se realice «con el ataque permanente contra un líder como Lacalle, con el único argumento de que con él de candidato el Partido Nacional no puede ganar las elecciones».

Según el presidente del IMO, «ya quedó demostrado que esa estrategia es funesta para el nacionalismo. Quienes así actúan carecen de otros argumentos para tratar de disputar el liderazgo al presidente del Directorio, que enriquezcan con propuestas concretas en matería de política económica y social la vida y el funcionamiento del partido».

«Cuando se plantea, no importa quién lo haga, que un dirigente dé un paso al costado cuando detenta la abrumadora mayoría, no puede ser por ninguna otra razón que por la incapacidad de superarlo democráticamente y fundamentalmente en base a ideas», añadió Gorosito. Y agregó: «Quienes así actúan dan la triste imagen de que subsisten políticamente solo sobre la base de ese pedido, dejando abiertas las puertas para pensar que si ese paso al costado se concretara –sabemos que no sucederá– ellos mismos dejarían de existir porque habría desaparecido el único argumento que parece saben esgrimir».

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