"Sabía que me iban a cocinar"
—Estamos llegando a los 30 años de la creación del FA. ¿Dónde estaba el 5 de febrero de 1971?
–Hace 30 años estaba en la Armada, a la que ingresé en 1965 como guardiamarina. En 1971 estaba (medita uno segundos) con destino en el Barreminas Campbell.
–¿Cómo era en esos días la vida de un marino?
–En ese entonces yo era un oficial subalterno. En momentos que no se estaban en horas de trabajo se hablaba de todo. Se discutía de política. Yo nunca oculté mi posición, lo que sin duda influyó en mi vida profesional (se ríe). Si bien los militares tienen prohibido participar de la política y eso se respeta, la política nunca dejó de estar en las Fuerzas Armadas. Por algo cuando asume un nuevo presidente se habla siempre de que los posibles candidatos a comandantes en jefe responden a tal o cual partido. La política siempre estuvo presente.
–¿Eso es real o es una especulación periodística?
–No, no. Eso no está mal visto en las altas esferas, en las jerarquías máximas, sobre todo si esos oficiales son de las simpatías de los partidos tradicionales. En 1971 lo que estaba mal visto era que las simpatías fueran para los partidos de izquierda. No hay que olvidarse que la izquierda era el enemigo y por lo tanto quienes tenían esas simpatías estaban mal vistos. Y eso siempre repercutía en determinadas instancias de destinos, como cargos en el extranjero, cursos o viajes para ir a buscar nuevos buques.
–En 1989 usted firma para habilitar el plebiscito contra la ley de impunidad y por ello fue arrestado. ¿Qué sintió en ese momento?
–No puedo decir que yo preví esa posibilidad, pero tenía claro que podía sufrir serias represalias. Eso se palpaba en la calle. Había versiones de que los empleados públicos que firmaran iban a ser despedidos. Eso era público. Había legisladores de los partidos tradicionales que se encargaban de hacer la tarea sucia. Yo firmé porque entendí que la Constitución me amparaba, porque era una potestad de todo aquel que formara parte del padrón. No hice nada ilegal, lo único que hice fue ejercer un derecho ciudadano.
–¿Cómo le comunican el arresto?
–Yo había llegado a capitán de Navío, prestaba servicio en Pensiones y Retiros Militares y me convocaron del comando de la Armada. Pensé que era por temas vinculados a mi trabajo. Me recibió el secretario del comandante en jefe, me preguntó si yo había firmado por el referéndum. Le pedí una explicación por esa pregunta. Me respondió que había llegado la versión de que mi firma estaba y se quería ratificar si era así. Le pregunté cuándo tenía que responderle, a lo que me respondió que era en ese momento. Le pedí 10 minutos, consulté a Hugo Batalla y me dijo que hiciera lo que me pareciera o que no reconociera la firma. De inmediato tomé papel y lápiz, contesté por escrito que sí había firmado, que ratificaba mi firma, que no la retiraba y que lo había hecho en función de los derechos que creía tener por la Constitución y, además, de acuerdo a mis convicciones.
–¿Y?
–Al día siguiente me llama el director, que era del Ejército, y me comunica que tenía que entregar el cargo, que preparara el relevo, y que me presentara ante el comando de la Armada. Ahí me entregaron el sobre con la orden disciplinaria de 50 días de arresto a rigor.
–¿Dónde fue?
–En el Centro de Instrucción de la Armada, que ahora creo que se llama Academia Naval. Estuve en una habitación de oficiales, totalmente incomunicado. Nadie me podía hablar, no podía recibir visitas, ni hacer llamados telefónicos. Los únicos que me visitaron fueron el mozo que me llevaba la comida y el médico que cada tanto iba, supongo para ver si mantenía la razón y la coherencia (se ríe). La verdad que yo tenía unas necesidades enormes de comunicarme con alguien, porque sabía que me iban a cocinar. Tenía las cosas muy claras y todos los elementos para hacer una defensa. Aunque después las cosas circularon por un carril totalmente diferente. Las decisiones ya estaban tomadas, por más que varios sectores de izquierda, como también el de Vaillant y el de Carlos Julio Pereyra, defendieron mi postura. Después la Corte Electoral se definió negativamente, por considerar que mi firma había sido un acto político, cosa que sigo sosteniendo hasta el día de hoy que no es así.
–¿Se ha vuelto a encontrar con sus compañeros de generación de la Armada?
–Los que eran amigos, siguen siendo amigos. Con el resto de la colectividad, no. Es que sufrí un rechazo muy marcado que no lo acepté y del punto de vista social tampoco me interesó volver a integrarme a un núcleo que me había rechazado. También es cierto que viví satisfacciones, porque hubo mucha gente que me llamó para manifestar su apoyo. Posteriormente, con el transcurso del tiempo, hubo un reconocimiento de que había actuado por mis convicciones. Después que cumplí la sanción me mandaron a «la bolsa» y ese año fui mal calificado. Sabía que por mal calificado en dos años iba a ser causal de retiro obligatorio, sin pena ni gloria. Me pude haber mantenido, pero cuando vi que no volvía a tener destino pedí el retiro. Y me dediqué a la política y a la actividad privada.
Compartí tu opinión con toda la comunidad