"El gran sueño es que la izquierda unida llegue al gobierno, para lograr el bien común"
Por Raúl Legnani
–¿Qué está pasando con la interna del Nuevo Espacio?
–El debate que tuvo que haberse dado fue sobre el desempeño del partido en la instancia preelectoral y toda la campaña electoral. Esa discusión se fue postergando, la vida política del país fue cambiando y se ha ido teniendo visiones diferentes de lo que es la actualidad y de lo que es el futuro. Esta discusiónn del futuro ha sustituido a la discusión que se debió haber dado sobre el período electoral.
–¿Qué es lo que no se discutió sobre las elecciones?
–No debatimos sobre las elecciones internas, la campaña publicitaria, sobre por qué se le dio mayor importancia al interior del país. Tampoco analizamos por qué se puso poco énfasis en el programa del Nuevo Espacio que era muy bueno, por qué no se le dio mayor difusión a la calidad de nuestros técnicos, por qué se centralizó la campaña publicitaria en el candidato presidencial, cuando teníamos parlamentarios buenos y jóvenes que podían haber recibido un mayor reconocimiento de la gente. Entre los errores hay que anotar, también, el desarrollo de una campaña muy agresiva que no era propia del Nuevo Espacio, donde pudo haber influido la agencia publicitaria o los asesores.
–El diputado Ricardo Falero me dijo, en la pasada semana, que es muy difícil lograr un acuerdo en la interna. ¿Está en peligro la unidad del Nuevo Espacio?
–Son visiones que se tienen sobre una realidad y sobre la proyección de futuro. A mí me extrañan esas expresiones de Falero en ese sentido. Creo que para entender lo que está pasando hay que ir al congreso del Nuevo Espacio de 1999, después de octubre. Fue cuando nos tuvimos que definir ante la instancia del balotaje. El NE es una izquierda renovada, progresista, con mucha gente joven que tiene su autonomía y su independencia, su identidad muy marcada. Todos estamos de acuerdo con la ideología del partido, con sus bases ideológicas, con su programa, con su equipo de técnicos. En esto estamos todos de acuerdo, como lo estamos con la independencia e identidad del partido.
Pero un partido político tiene que tener la finalidad de lograr el bienestar de la población, el bien común. No debe ser el fin de un partido, el partido en sí mismo. Yo considero que un partido es una herramiento, un instrumento, para lograr ese objetivo final. Y en lo personal creo que ese objetivo final se puede lograr en función de la unión de las izquierdas, más ahora que el país está polarizado, con un trabajo mancomunado, de aunar esfuerzos, estableciendo metas comunes. Con ese espíritu yo integraba la Mesa Ejecutiva del NE, cuando se discutió qué propuesta hacer al congreso con miras al balotaje. Quedé en minoría absoluta (se ríe), en soledad, cuando propuse que había que apoyar directamente al Encuentro Progresista. Pero se resolvió recomendar al congreso que había que dar libertad de acción. Quedé en soledad y manifesté que iba a llevar mi posición al congreso y que trataría de arrastrar voluntades. El congreso acompañó la recomendación de la Mesa Ejecutiva. Recibí críticas por mi postura: me dijeron que había sido muy vehemente. Hoy la realidad dice que ha cambiado la forma de hacer política de la izquierda en el Encuentro Progresista, que las cosas las están viendo de otra manera. Porque si se quiere alcanzar el gobierno para lograr ese objetivo de llevar el bienestar a la sociedad, hay que encarar de otra manera los proyectos.
Creo que para alcanzar los cambios que se buscan –crecimiento económico con justicia social–, debe de acceder la izquierda al gobierno. Por eso tenemos que buscar un camino que sea convergente hacia ese gran objetivo de las transformaciones. Para esto se tienen que iniciar ciertos pasos de acercamientos. Esto puede terminar en determinado resultado político, pero eso es sólo una hipótesis. Quienes se oponen a esta postura de buscar acercamientos entre las izquierdas están estigmatizando la situación, están dramatizando al decir que hay detrás solo un fin electoral. Claro que puede terminar en algo electoral, pero todo depende de un camino y de una estrategia que hay que desarrollar.
–Volvamos al congreso de octubre de 1999. ¿No fue una contradicción haber promovido una reforma de la Constitución que establecía el balotaje y a la vez dejar en libertad de acción?
–Sí, yo creo que esa fue una gran contradicción. Por eso yo entendí que había que jugársela en ese momento, dando el apoyo definido y decidido al EP porque es de izquierda. El NE es un partido de izquierda y los que nos consideramos de izquierda votamos a la izquierda. No había otra alternativa. La decisión era entre izquierda o derecha, progresistas o conservadores, EP o partidos tradicionales. Hubo gente que pensó lo mismo que yo, pero en función de mantener la unión partidaria se la jugó por la libertad de acción.
–La vida está demostrando que la unidad partidaria no se fortaleció con la libertad de acción…
–Hasta ahora sí porque el partido sigue unido. Lo que está pasando es que comenzamos a dar un debate que se debió haber dado antes, lo que no significa que vaya a existir, como dice Falero y dan a entender otros, una fractura partidaria. Esto está por verse.
–Pero uno tiene la sensación de que hay dirigentes que ya hicieron el divorcio…
–Bueno, esos son los que se están apresurando y dramatizando la situación. Están personalizando la situación. Falero lo está planteando mal, cuando dice que hay intereses electorales y personales. Ahora, desde mi punto de vista, el NE tendría que aprobar la búsqueda de un acercamiento entre las izquierdas, empezando por el estudio programático. Si esto prospera se pasará a acuerdos políticos y luego habrá que ver cuál sería el devenir de esas instancias y hacia dónde se podría apuntar.
El gran sueño es que la izquierda unida llegue al gobierno, que acceda al poder, para lograr el bien común. En estos días se están cumpliendo 30 años de aquel paso tan importante que dieron Zelmar (Michelini) y Juan Pablo Terra. Creo que estamos a tiempo de reeditar esa instancia. El gran sueño es la izquierda unida y para recorrer ese camino se requiere de voluntad política de ambas partes, con la necesaria voluntad para llegar a un punto de encuentro, de entendimiento y de trabajo conjunto.
–¿Por dónde empezaría?
–Se puede empezar por el análisis de los programas de la izquierda, conjuntamente con un estudio de los puntos de acuerdo y de desacuerdo. Si eso se logra, si hay voluntad política, se podrá seguir avanzando. Y el acuerdo electoral, si se llegara a él, tendría que ser consecuencia de todo el estudio programático. Algunos, los que dramatizan la situación, dicen que queremos volver bajo las banderas del Encuenro Progresista. No se trata de eso. Yo personalmente ya lo podría haber hecho, renunciando al partido e ingresando al EP.
–¿Qué puede aportar el Nuevo Espacio a la unidad de la izquierda?
–Nuestro partido puede hacer aportes muy importantes a la izquierda. Podemos aportar técnicos, programas, pero sobre todo credibilidad. Hay mucha gente, mucho más que sus votantes, que cree en el Nuevo Espacio por su trayectoria. Somos un partido que se ha caracterizado por ser articulador y el Encuentro Progresista ha cambiado y está adquiriendo esas características, pero que pueden ser reforzadas por nuestro aporte. Podemos ayudar a erradicar esa imagen de una izquierda con un espíritu de confrontación permanente. No ser oposición por oposición, poniendo siempre por delante los intereses de la sociedad. Rescatando lo que sirve y oponiéndose a tod
o aquello en que se esté convencido de que no se debe apoyar.
–¿Va a participar del próximo congreso de su partido?
–Sí, sí. Voy a participar a pesar de que estoy un tanto distanciado de la orgánica y porque creo que el NE puede hacer un aporte muy importante para que la izquierda unida acceda al gobierno. Y este camino quiero que lo recorra todo el partido, manteniendo su identidad.
–El Nuevo Espacio tuvo la virtud de haber empujado con fuerza y en algunos momentos en soledad, el tema de los derechos humanos. ¿Cómo está evaluando la marcha de la Comisión para la paz?
–Hemos trabajado en el tema de la verdad y en la búsqueda de los desaparecidos con un convencimiento íntimo y total, de que se puede llegar a la verdad sin utilizarlo políticamente.
Creo que la Comisión para la Paz puede avanzar mucho más si avanzara mucho más el propio Presidente de la República. Yo no sé a quiénes le están preguntando, pero si se quiere llegar a la verdad hay gente, dentro de las Fuerzas Armadas, que sabe mucho más de lo que se ha dicho. Hay gente que si se le pregunta y declara la verdad, se podría avanzar muchísimo más.
–¿Puede ser este el año en que se destrabe todo el tema del conocimiento de la verdad?
–Yo creo que sí, porque sin lugar a dudas Jorge Batlle está actuando de manera muy diferente a Sanguinetti.
–Otros de los temas fuertes que está manejando el Presidente es el del contrabando. ¿Va por buen camino?
–Es un tema que genera risa, porque todo el mundo sabe que en el contrabando hay grandes capitalistas, con vínculos políticos. No puede ser que el tema del contrabando haya saltado por la aparición de la aftosa en Artigas. Si antes hubiera habido voluntad política, la lucha contra el contrabando tendría hoy otros frutos. A la vez creo que hay que seguir avanzando por el mismo camino y habrá que ver hasta dónde se está dispuesto a llegar.
–El gran tema para este año, según Batlle, es la reforma del Estado. ¿Cómo se para ante este desafío?
–Estamos precisando un Estado que sea el principal control, más allá que en algunos casos las empresas públicas puedan regirse por el derecho privado.
Aquel Estado paternalista, con la inamovilidad del funcionario público y con directorios integrados por políticos que no lograron su banca, debe cambiar. Las direcciones tienen que ser para personas calificadas que cuiden los recursos del Estado. Entiendo que se debería hacer una racionalización para que exista una correcta administración de los recursos.
–¿Qué papel debe jugar Ancap en nuestra economía?
–Estoy en contra de los monopolios, ya sean públicos o privados. Pero no se puede actuar de forma radicalizada. Ni el estatismo total, ni la privatización total. En cada caso hay que estudiarlo, analizarlo, y ver cuáles son las mejores soluciones para el país.
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