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Hierro López. El precandidato forista confía en la renovación del Partido Colorado y en la recuperación del electorado perdido

"El cerno ideológico del batllismo es el centro izquierda"

Hombre de larga trayectoria en el Batllismo, Luis Hierro fue diputado, senador, ministro y vicepresidente de la República. Muchos recordarán sus comienzos en el grupo del semanario Opinar, cuando esas figuras jóvenes eran la renovación partidaria.

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Con su adusto rostro de barba encanecida, el precandidato colorado no elude pregunta alguna. Luis Hierro López afirma que su Partido ha hecho su autocrítica, que los cuestionamientos a Rivera y Flores obedecen a motivaciones políticas y que Pacheco debió defender a un Estado en guerra.

 

­Vos sos profesor de historia, ¿no es así?

­Di clases de Historia durante mucho tiempo. Hice el IPA pero no lo terminé, pero mi formación la hice junto a Pivel Devoto durante diez años, investigando bajo su conducción. Fue en tiempos de la dictadura, y el Museo era una especie de isla, de asilo interior… Trabajar con él era un gran privilegio. Fue el primer gran reivindicador de los partidos tradicionales, tenía un enorme conocimiento y era un gran profesor.

 

­Pivel pertenecía a una generación excepcional, a la que también pertenecía tu padre, Luis Hierro Gambardella…

­Sí, se puede decir que eran prácticamente contemporáneos. Era una generación que tenía una formación que nosotros ya no podemos tener. Eran tipos que a los 20 o 25 años ya habían leído todos los clásicos, tenían una cultura enciclopédica impresionante, una apertura al pensamiento muy especial.

 

­Como profesor de historia, ¿qué opinión te merecen las críticas a Rivera?

­Salsipuedes fue un episodio sobredimensionado por los opositores. Rivera fue un gran caudillo, un gran conductor de hombres; también fue el tipo por el cual realmente existe el Uruguay como lo conocemos. Cuando se queda en la Cisplatina, lo hace para pelear, no para entregarse… Yo creo que Rivera tiene una personalidad fantástica. El error es tratar de ver a esos caudillos con los ojos del siglo XX; por ejemplo decir que Rivera no era muy apegado a la Constitución o que repartía bienes del Estado como si fueran propios… bueno, eso en esa época… Yo no señalo esos errores en los caudillos blancos porque con Pivel aprendí a verlos en su propia dimensión. Eran hombres, y cometían errores.

 

­Sin embargo el año pasado apareció una carta de Rivera a Pancho Ramírez ofreciéndose para matar a Artigas.

­Sí, cada tanto reaparece esa carta, y Ana Ribeiro ­que es una gran historiadora­ la ha puesto en su contexto y le ha quitado entidad al asunto. Me parece que esas son las polémicas que hay que evitar, porque hay que ubicar las cosas en su tiempo y en su contexto. Rivera fue el más leal lugarteniente de Artigas, hasta que advirtió que era imposible continuar la lucha porque era una empresa condenada al fracaso. Artigas había sido traicionado antes por otros compatriotas que no nombro para no hacer una mención específica. En fin, Rivera fue un caudillo con profunda raigambre en el terruño.

 

­Y ya que estamos, hay otro caudillo colorado muy cuestionado: Venancio Flores.

­Es cierto. Pero hay que tener en cuenta que si Venancio Flores no hubiera acompañado la guerra contra el Paraguay, el Uruguay habría desaparecido. Esto lo dijo el propio Pivel Devoto, pero nadie lo recuerda. Creo que se comete el error de hacer militancia política a través de la Historia, y eso lleva a esas enormes confusiones.

 

­Pero de todos modos, antes de la Guerra de la Triple Alianza, Flores invadió el territorio nacional apoyado por Mitre y el emperador del Brasil…

­Sí, bueno… No olvides que era un país que estaba en gestación, con dificultades enormes; había guerras por todos lados; había sectores que se vinculaban alternativamente a Argentina o a Brasil para luchar contra los otros. Hay que ver las cosas con amplitud histórica.

Lo que tengo claro es que Flores tuvo un profundo sentimiento nacional, y acude a la Guerra de la Triple Alianza convencido de que era la única forma de mantener la integridad de la nación; si no, el Uruguay habría desaparecido engullido por el Brasil. Pero me parece que estas preguntas apuntan a cuestionar el pasado histórico del Partido Colorado…

­No, para nada. Simplemente se trata de cuestiones que están en el tapete, en la discusión pública…

­Sí, pero están en la discusión con finalidad política. Hay una prédica de nuestros opositores de asociarnos con todas las cosas malas del país. “El Partido Colorado es golpista”… “el Partido Colorado es miliquero”, etcétera. Y eso es una verdad a medias que como toda verdad a medias, termina siendo mentira.

­Es cierto. Cuando se dice que el Partido Colorado fue el que engendró todas las dictaduras, no se hace mención a que Terra fue apoyado por Herrera y Bordaberry, por Etchegoyen.

­Claro. Y también es un hecho que el Frente Amplio apoyó el golpe del 9 de febrero del 73. No hay duda histórica. El único que se salvó fue Quijano, porque el resto de la izquierda estaba apoyando el golpe “peruanista”.

En el Partido Colorado ha habido ciudadanos golpistas pero también siempre hubo oposición a esos ciudadanos golpistas, y las salidas del 38 al 42 y del 80 al 85 tuvieron a dirigentes de primera línea del Partido Colorado como principales protagonistas.

 

­En la salida de la última dictadura ustedes aparecieron como una renovación importante dentro del P. Colorado, una renovación de signo progresista. Después eso se fue desdibujando un poco y el Partido perdió su ala izquierda.

­No. Más que perder el ala izquierda lo que le pasó al Partido fue la necesidad de disciplinarse para ejercer el gobierno, lo cual provoca que los discursos partidarios pasen a ser más monolíticos, más previsibles, más organizados.

Entonces, la situación que implicó pacificar al país, y por otro lado inexorablemente ingresar en la reforma del Estado, hizo aparecer al partido en el centro, siendo que el Partido tiene una profunda raíz social y humanista.

Las reformas del segundo período (95-00), si las miramos con sentido ideológico, fueron reformas de izquierda. La izquierda discutió las reformas educativas, pero hoy, el Frente Amplio no tiene mejores ideas educativas que aquellas, porque las reformas apuntaron a ampliar la cobertura educativa y esa en definitiva es una idea “de izquierda” entre comillas. Nuestro cerno ideológico es de centro izquierda.

 

­Estás hablando más bien del batllismo, porque el Partido Colorado albergó a figuras notoriamente de derecha.

­Sí. El “Alto de Viera” de 1915 es claramente un freno a las reformas sociales. Desde sectores conservadores se acusaba a Batlle y Ordóñez de “sovietismo”, y había temor de que esas reformas terminaran siendo socialistas.

Era un temor absurdo porque el batllismo no participa de la idea de la lucha de clases, es integrador y respeta la propiedad privada.

El batllismo tiene una postura de reconocimiento de las leyes sociales, de reconocimiento del papel de la mujer, de proyección del Estado como árbitro de las cuestiones económicas; y todo eso lo ubica en el centro­izquierda del espectro como una propuesta socialdemócrata.

En el segundo gobierno de Sanguinetti, las reformas son de índole socialdemócrata.

­¿Cómo ves el hecho de que la renovación del Partido Colorado se encarne hoy en Bordaberry?

­Supongo yo que van a aparecer otros renovadores. La renovación en aquel momento del fin de la dictadura era obligatoria porque había toda una generación proscripta. Siempre el Partido Colorado tuvo la habilidad de promover equipos integrados por personas experientes junto a figuras jóvenes. Cuando Luis Batlle, con aquella Lista 15 poderosa de mediados de los cincuenta, trae a Teófilo Collazo de la FEUU, a Zelmar Michelini del sindicato bancario, a Maneco Flores que escribía en Marcha, los mete en la lista pero los mezcla con los veteranos. Esos “jóvenes turcos” fueron una generación
brillante.

Yo confío en que ahora va a haber una profunda renovación. Los muchachos que votaron muy bien en la interna de diciembre pasado van a ser candidatos, van a tener lugar y participación. Creo que la renovación va a venir de todos lados, no sólo del lado de Bordaberry.

 

­¿No te llama la atención el alto porcentaje que le dan las encuestas a Bordaberry?

­Hace más de un año que él está casi monopolizando el escenario político colorado. Me parece que la carrera recién arranca ahora, y la gente que está pensando votar en la interna aún no está resuelta. Recién en marzo, abril o mayo se podrá tener un panorama de las tendencias del electorado colorado.

 

TARIGO, LA CBI Y LIBERTAD Y CAMBIO

­Vos empezaste a tener militancia notoria en la Corriente Batllista Independiente.

­No, yo nunca pertenecí a la CBI. Yo fui procesado, acusado por Aparicio Méndez de haber cometido un delito de imprenta por una nota en Opinar. A raíz de eso, el Centro Brum de Investigaciones (que era el espacio académico de la CBI) me invitó a dar una conferencia sobre Baltasar Brum como forma de homenajearme. Pero yo estuve siempre junto a Enrique Tarigo. Y el nombre del sublema, Libertad y Cambio, fue impulsado por mí.

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