Amplitud. Para impedir el baño de sangre en el corazón de América del Sur

La prioridad es la democracia de Bolivia

América Latina está en la cruz de los caminos y su destino pasa por la estabilidad institucional y democrática de Bolivia.

Es el momento de desatar todas las fuerzas de los uruguayos, para influir en la región con capacidad diplomática para que la paz se instale en la región y se reconozca que el presidente Evo Morales, que todo lo que ha ganado ha sido en las urnas, merece seguir gobernando su país, tiene cara de indio, espalda de indio y cultura de paz de los indios de América.

El Frente Amplio, la fuerza de izquierda más histórica que está en el gobierno de sur del Río Bravo, tiene mucho para decir y para aportar.

Los uruguayos democráticos y progresistas, con nuestro presidente Tabaré Vázquez a la cabeza, debemos asumir la responsabilidad de incidir sobre el futuro de Bolivia, que es parte de nuestro propio destino.

La oligarquía racista de Santa Cruz no es sólo una enemiga de los humildes de Bolivia, sino que además es la enemiga del proceso de integración latinoamericano y por eso atenta, al mejor estilo terrorista, contra los gasoductos que alimentan con energía a Brasil, Chile y Argentina, así como en un futuro a los hogares uruguayos.

El PIT-CNT, que tiene reacciones más ágiles que el Frente Amplio, va a convocar a una gran movilización de rechazo a los intentos golpistas en Bolivia.

El desafío es saber cómo hacerlo. Si toda esta movilización queda cercada dentro de la necesidad de marcar perfil dentro de la izquierda social y política, va a significar poca cosa.

El drama de la hora necesita una mirada larga, para permitir un movimiento a favor de la democracia de Bolivia, que haga confluir a los más bastos sectores de la sociedad uruguaya.

Si todo lo reducimos a la puteada simple contra el imperialismo, cuya mano está detrás de todos estos operativos golpistas, podemos abortar un hijo raquítico.

Acá el tema es salvar a Bolivia y no marcar el perfil de la izquierda o de algunos de su sectores. Por eso, ante estos desafíos, hay que saber construir escenarios que permitan hacer confluir fuerzas, muchas veces contradictorias, con el único objetivo de defender la democracia en Bolivia e impedir una guerra civil.

En esta semana el Uruguay progresista necesita juntar fuerzas y no sólo de izquierda sino también provenientes del campo empresarial, para que haya una explosión nacional que permita que la explosión institucional que apoye a Bolivia, sea un ejemplo para toda América del Sur.

Si para salvar a Bolivia hay que licuar las críticas contra Estados Unidos, si hay que dejar por momento de lado nuestros puntos de vista a favor de Hugo Chávez, presidente democrático de Venezuela, hay que hacerlo.

Es la hora de juntar pueblos, partidos políticos y gobiernos, sean de izquierda o de la derecha civilizada, y así debemos hacerlo. Es el momento de la amplitud, para ganar en profundidad, para impedir al golpe de Estado en Bolivia y en la propia Venezuela.

Hay que preparar y concretar una gran marcha a favor de Evo y los queridos «bolitas», donde sería bueno que estuvieran invitadas las autoridades de gobierno, todos los partidos políticos, los sindicatos, las cámaras empresariales, las iglesias de distintas religiones, las universidades y las ONG.

Sería bueno también que nuestras autoridades de la educación no le tuvieran tanto miedo a la derecha y este tema de la crisis boliviana fuera debatido en las aulas de enseñanza secundaria, UTU y la Universidad de la República. Sería bueno que en las iglesias se debatiera sobre este tema, como una forma de acercar a Cristo a las angustias de los olvidados.

Quizás la siesta que hemos vivido en los últimos veinte años o más, donde nos pareció que el imperialismo se había aburguesado o envejecido, hizo dormir nuestras neuronas antiimperialistas. El imperio sigue estando allí, pero no tiene todas las de ganar. Si somos inteligentes, si ganamos pueblos, si acumulamos fuerzas, si hasta nos entendemos con los gringos, podemos salir adelante. Ese es el arte del Siglo XXI, aunque siga vigente que «la causa de los pueblos no admite la menor demora».

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