Tienen la palabra…
Discapacidad y discriminación
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Si pensamos qué significa ser discapacitado, el diccionario nos presenta solo el significado de capacidad: «Inteligencia, talento, aptitud o suficiencia», y en lo forense, es la aptitud legal para gozar de un derecho. Si anteponemos el prefijo dis estaríamos negando todo lo antedicho: falta de inteligencia, de talento, insuficiencia y falta de aptitud para gozar de un derecho legal.
¿Qué hacemos entonces con un discapacitado? ¿Lo etiquetamos y lo discriminamos, o sea lo separamos y le damos un trato desigual o de inferioridad con respecto a sus semejantes? Parece ser que todo aquello que no es igual a lo convencional no es bueno y produce rechazo.
¡Qué equivocados estamos! Nos olvidamos que la capacidad de las personas no se mide por lo que son capaces de hacer sino por lo que son capaces de dar. No sé de nadie que sea inferior a otro porque uno es capaz de enviar un e-mail y el otro tan solo envía sus cartas por correo. Sí se es inferior cuando no se tiene capacidad de amar y perdonar al prójimo o cuando se es indiferente al dolor de un niño o de un anciano o cuando se es capaz de herir al otro con insultos sin razón. Un ser inferior no puede amar; un discapacitado, sí. Quien esto escribe se ha visto involucrada en una desagradable discriminación. Una niña de ocho años que, sumado a su problemática psicomotriz y una epilepsia, padece un desfase en cuanto a su desarrollo intelectual que, si bien no le impide aprender, lo hace más lentamente que los chicos de su edad.
El diagnóstico psicológico aconsejó recurrir a un apoyo pedagógico a contrahorario de su escuela normal. Al haber coincidencia de horarios (ambas escuelas en turno matutino), hubo que dejar pendiente la asistencia a la escuela normal. Cuando en alguna ocasión, al faltar la maestra especializada, se intentó que fuera a su anterior escuela, la maestra de segundo año no la aceptaba o la rechazaba con alguna excusa. Autoridades de la Escuela Especial hablaron con las de la escuela común para que la niña fuera aceptada sin problemas (y a modo de visita) con la idea de comparar lo que estaban haciendo con lo que la niña sabía hacer hasta ese momento, para luego apoyarla en su dificultad. Increíblemente, la maestra que había tenido a la niña como alumna hasta agosto, se molestó frente a lo que llamó una «imposición» de las autoridades de la escuela especial. Dijo que allí no era un depósito (tampoco la niña es un paquete) y que ella no podía atenderla. La directora y la maestra le dijeron a la madre de la niña que estaban cansadas del problema y que harían una denuncia en la Inspección, porque allí hacía tres años que la niña iba a esa escuela donde tenía amigas que ella aprecia y que la quieren. ¿Se puede separar a un niño de su escuela solo porque no aprende al ritmo de los otros de su clase? Más allá de que la tarea docente no esté bien remunerada, ¿dónde está la parte humana?
Esta es una historia real.
La niña de la historia sufrió una convulsión al día siguiente de ocurrida la discusión entre la directora, la maestra y la madre. La niña se llama Victoria López Coppetti y es mi hija. La escuela de la que literalmente la echaron es la número cuatro José G. Artigas de Montevideo.
Hagamos un alto en la vorágine de la vida y reflexionemos. ¿Quiénes son los discapacitados? ¿Qué necesitan? ¿Cómo los estamos ayudando? ¿Hay algo más que podamos hacer por ellos?
Piense: a lo mejor más cerca de lo que pensamos hay alguien a quien popdemos ayudar, aunque nuestro trabajo no se vea o no esté bien remunerado. Lo importante es el afecto.
Helena Coppetti CI: 1.334.820-12
No usar mi nombre
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Me negué desde la primera llamada –fueron tres– a tener nada que ver con la elección de «La mujer del año». Dijeron que mi nombre era el más votado, y que no podía faltar a la cena en el Sheraton para recibir mi premio, y que la TV pasaría por mi casa para una breve toma. Aclaré que no quería que viniera la televisión, que no asistiría a la cena, que no daría mi currículo porque no participaría. Sin embargo, apareció mi nombre, y hasta apareció una toma en que estoy leyendo, me dicen.
En esos días me llamó un amigo para invitarme a participar –abriendo o cerrando las jornadas– en las Tertulias lunáticas. Dije lo siento, no quiero, no iré, me fatiga leer u oír leer lo que no siempre es poesía. No hay cien poetas. Sólo lo he hecho o lo he padecido por alguna razón de peso, como lo hice de Ingeniería y en la Explanada de la Universidad cuando la huelga, o en el Florencio para el comedor del Ateneo del Cerro.
No iré. Pero me dicen que mi nombre estuvo anunciado, confirmado e impreso.
¿Por qué usar el nombre de quien no quiere y se niega? Es deshonesto.
Idea Vilariño
Mal administrador del Parque Posadas
Señor Director de
LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Por la presente informamos que, con fecha 5 de diciembre de 2000, nos comunicó la Jefatura de Policía de Montevideo que el señor Jorge Papa, funcionario de la Administración en la parte de cobro de nuestros gastos comunes, se había presentado voluntariamente a declarar que desde hace 6 o 7 años nos venía hurtando dinero de la cobranza. Debemos aportar documentos que nos entregaba y eran falsos, pues no reflejaban la cantidad real que cada Torre depositaba.
Ante esta situación la Asamblea Central, con una concurrencia de 58 presidentes, aprobó facultar a la contadora Elena Dupuy a estudiar la documentación que le proporcionen las Torres y cotejarla con la que se le autorizó a retirar del Banco.
Debemos presentar estos documentos, porque el señor Papa destruyó los que estaban en la Administración antes de irse. Tenemos plazos para mostrarlos en la Jefatura.
En el aspecto jurídico, también se está consultando a diversos profesionales para que nos indiquen cómo encarar el caso.
Este comunicado queremos que llegue a cada vecino para exponer la real situación de este momento. En breve brindaremos más información al respecto.
Mesa Central de Gobierno y Administración de Parque Posadas
La ineficiencia del Ministerio de Turismo
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
En el día de hoy jueves 21 de diciembre –previa consulta telefónica al Ministerio de Turismo de este bendito país– me trasladé de Punta del Este a las dependencias del mismo a cumplir con los requisitos que este me exige como agente inmobiliario que soy, para así lograr funcionar en tiempo, forma y regla. Es decir: pagar los tributos correspondientes para poder «hacer la temporada».Cuando a la mañana llamé, una señora muy simpática me informó que las puertas del mencionado organismo estarían abiertas a partir de las 13 horas. Considerando esto, saqué boleto en la terminal y partí rumbo a la capital, debiendo a causa de mi escaso presupuesto dejar cerrada mi oficina ya que soy la única persona que trabaja allí.
Lo curioso es lo siguiente:
¿Saben con qué me encontré luego de dos calurosas horas de viaje?
Con un Ministerio cerrado por festejos del ministro, del subsecretario, y de los funcionarios.
Había afuera –al igual que yo– y por cierto nada contentos, agentes de Salto, de Rocha y de más de uno que otro departamento del país.
¡¡Qué bárbaro!! Yo, que q
uiero pagar mis impuestos, no puedo.
¡Y yo que pensé que con este nuevo ministro la joda se había terminado!
Sé que si el doctor Batlle hubiera ido este jueves 21 al Ministerio los hubiera echado a todos; desde el portero hasta al ministro.
Juan Adolfo Hernández – C. I. 2.411.520-3
«Loco Julián»
Nació el 28 de enero de 1919 Falleció el 2 de mayo de 2000
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
«Hay quien obedece a sus propias reglas porque se sabe en lo cierto; quien cosecha un especial placer en hacer algo bien: quien adivina algo más que lo que sus ojos ven: quien prefiere volar a comprar y comer todos ellos harán duradera amistad con Juan Salvador Gaviota. Habrá también quienes volarán con Juan Gaviota por lugares de encanto y aventura, y de luminosa libertad. Pero para unos y otros será una experiencia que jamás olvidarán». Richard Bach (Juan Salvador Gaviota).
Pocos saben quién era Justo Suárez, pero no hay persona alguna que viva en el barrio La Cuchilla o sus alrededores que no conociera a «Julián», loco o cuerdo, vaya uno a saber sobre todo por lo de aquel dicho «No son todos los que están ni están todos los que son».
El barrio hoy añora su figura desarreglada, muchas veces con pelo largo y barba, otras no tanto, arrastrando con su paso cansino las eternas alpargatas «bigotudas» y sin calzar; los vecinos lo protegían, en una casa un plato de comida, en el bar de la esquina un vaso de leche, en otro comercio una golosina, también alguna prenda de vestir; transitó las calles del barrio por más de 70 años manteniendo una respetuosa convivencia con los vecinos, trasmitiendo la bondad infinita de su corazón y enseñándonos a todos que por muchos pesares que soportemos, lo más importante es sentir la alegría de vivir.
Muchas son las anécdotas que pretenden descubrir el origen de su enfermedad en una niñez ya muy lejana, pero no he conocido a persona alguna que supiese con certeza su origen y tengo el convencimiento de que fue el refugio que se construyó para evitar vivir en lo que llamamos «mundo real» y, como Juan Salvador Gaviota, «descubrió que el aburrimiento, el miedo y la ira son las razones por las que la vida es tan corta y al desaparecer aquéllas de su pensamiento tuvo por cierto una vida larga y buena».
Hoy, quienes fuimos sus vecinos del barrio La Cuchilla, queremos perpetuar su nombre en una calle de nuestro barrio y para ello hemos comenzado por intermedio de la Comisión Vecinal las gestiones pertinentes ante las autoridades de la Junta Local Autónoma y Electiva de San Carlos y la Comisión de Nomenclátor de la Junta Departamental de Maldonado, ya que las calles de nuestra ciudad se nutren de fechas históricas, nombres de héroes y otros no tanto, de poetas, profesionales, hombres y mujeres que según desde la óptica con que se miren han aportado poco o mucho a la comunidad, pero debemos recordar también a quienes sin ser protagonistas de actos heroicos u obras enaltecedoras, supieron conquistar el afecto de todo un barrio que lo tuvo en su seno por más de 70 años.
Julián, como Juan Salvador Gaviota, «logró volar por el pasado y el futuro y se preparó para lo más difícil, lo más colosal y divertido de todo, subir y comprender el significado de la bondad y el amor».
San Carlos debe apoyar esta iniciativa y tener su calle con el nombre de «Julián». Además invito a los vecinos de esta hermosa ciudad y especialmente a los del barrio La Cuchilla para que el próximo 28 de enero, fecha en que Julián cumpliría 82 años, a depositar una flor en el nicho Nº 350 del Cementerio de San Carlos, donde descansan sus restos mortales.
Roberto Soto – C. I. 1.334.887-0
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