83 votos en 91. Los colorados Abdala y Cardozo se sumaron al voto de frentistas y blancos

Por acusación de fraude, perdió su banca el diputado Signorelli

Quizá se extendió algo más de la cuenta, pero todo se perdona. La inexperiencia que hasta ayer tenía el Parlamento uruguayo en darle trámite a la suspensión de los fueros de un legislador provocó una sesión desalineada, llena de agujeros retóricos y más reiterativa que de costumbre.

«Que Dios los ayude y ojalá que nunca tengan que vivir lo mismo que yo. Me voy sin odios ni rencores y ustedes saben que yo vivo de esto», dijo a manera de epílogo el desaforado diputado del partido Colorado por el departamento de Artigas, Carlos Signorelli. Desde hoy miércoles 20, Signorelli estará a la orden para ser citado por la Justicia de aquél departamento a fin de que declare por el delito de fraude que le imputa la Fiscalía ante sucesos financieros ocurridos durante entre los años 2000 ­ 2005, en su gestión como intendente artiguense.

Sus colegas diputados votaron 83 a 91 que Signorelli no debía estar amparado en la inmunidad parlamentaria e inmediatamente, por 64 votos en 68 presentes, determinaron que lo resuelto anoche debía pasar ya a conocimiento de la Justicia para que ésta actúe.Toda la bancada del Frente Amplio y del Partido Nacional, más los votos colorados de los diputados Washington Abdala y Germán Cardozo fueron los que se pronunciaron a favor del desafuero. Ahora, ¿hubo durante la sesión fundamentos jurídicos irrebatibles que cimentaran lo que finalmente se votó? ¿Se sucedieron defensas acérrimas del legislador imputado? ¿Se escucharon pasajes discursivos pasibles de destacar? Ni uno ni lo otro. Acusaciones, reproches y desmentidos fueron los aditivos que más se oyeron en una sesión de más de cuatro horas de duración en la que, por ejemplo, se notó que desde el Frente Amplio no todos estaban tan convencidos de la justeza del pedido de desafuero aunque esto nunca se hizo público, desde el Partido Colorado afloraron rencores y despechos políticos, y sobre las cabezas de los diputados blancos sobrevolaban las solapadas acusaciones de que el trámite de desafuero tenía al actual intendente de Artigas, el nacionalista Julio César Silveira, como uno de sus más interesados en que prosperara.

El diputado Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista) fue quien llevó la voz cantante en este trámite parlamentario. En su condición de integrante de la Comisión de Constitución y Códigos argumentó todo los porqué Signorelli debía perder sus fueros como legislador y, ante la Justicia, defenderse como un ciudadano normal. Lo apoyó en todo (o en casi todo) el diputado Alvaro Lorenzo (Alianza Nacional), agregando que en el pedido judicial «hay serios fundamentos para que Signorelli acuda como acusado». En tanto Signorelli hizo lo que pudo. A falta de mejores recursos tecnológicos como por ejemplo un proyector, utilizó en un momento un cartón gigante, escrito con birome, marcador y con recortes pegados de papel glacé, en donde y con mucho esfuerzo se podían leer frases, fechas, números de cheques, cifras, nombres a los que el desaforado apeló a manera de autodefensa. Lo ayudó a sostener este primitivo power point la diputada Paola Pamparatto, figura femenina que seguramente colaboró para que además nadie prestara atención a lo que contenía la cartulina. «El pedido de la Justicia no corresponde, no hay pruebas en mi contra y todo esto es inconstitucional y absurdo», repitió Signorelli en cada momento que le tocó hablar. Pero lo más trascendente llegó al final de la sesión. El ahora desaforado acusó al diputado Washington Abdala de votar en su contra «porque se peleó con Sanguinetti. Pobre Abdala, no va a salir nunca más diputado», y sobre Germán Cardozo, el representante de Vamos Uruguay, Signorelli aseguró que «hace 15 días estuve con él en el despacho de la calle Misiones de Pedro Bordaberry, y éste me invitó a integrar su sector y me ofreció el asesoramiento jurídico de su equipo, pero ahora vota mi desafuero. ¿Cómo se explica esto?», se preguntó sin ninguna respuesta conocida. Y Daniel García Pintos rubricó la sesión con un misil: «Esto va a tener consecuencias políticas», disparó. El lugar de Signorelli será ocupado por la segunda suplente de su banca, Darley Bizcarra, y no por su inmediato sucesor, Gonzalo Texeira quien fue el que tiempo atrás había acusado a Signorelli de «alquilarle» por unos dólares su lugar en la cámara. «Internas calientes», que le dicen.

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