ALGUNAS COSAS DE SALON, OTRAS DE VESTUARIO

Dediqué mi mayor atención ­tampoco para volverme loco­ a descubrir ciertos aspectos diferentes del plenario de Diputados. Y los hallé. ¡Qué alegría! Seamos constructivos, ¿por qué no iban a aparecer cosas llamativas en tan relevante circunstancia?

Jaime Trobo (Herrerismo) lució una corbata verde destellante, similar a un semáforo recién inaugurado en avenida Italia, que no le combinaba con nada y que sólo puede haberle regalado la esposa o un enemigo.

Jorge Romero (Alianza Nacional), corpulento y barbado, se paró, desafiante, durante un momento del debate, con un porte igual, pero igualito al de Ecuménico López, el guapo del 900. No impresionó a nadie.

Fue notoria la presencia de José Di Paulo (Lista 15), suplente del coloniense Bianchi, hombre éste que falta poco; es seguro que Di Paulo no integrará ningún movimiento juvenil de renovación del partido colorado, pero cuando lo llaman, está.

En la bancada de la Vertiente Artiguista se notó extrañamente quieto a Juan José Bentancur, jamás tan parecido a un D’Artagnan elegante, jubilado y, claro está, sin la espada ni los tres mosqueteros.

Jorge Patrone (Asamblea Uruguay), acosado por los periodistas, se vio obligado a exhibir su nueva y minúscula computadora portátil. Enérgico, desmintió una perversa especie difundida acerca de que se la había birlado al Plan Ceibal; no tenía el recibo pero le creímos. Mientras, su correligionario Alfredo Asti, apenas visible detrás de su computadora último modelo ­una pareja estable­ sonreía con suficiencia. Es que si hay que hablar de tamaño, la de Asti impresiona.

Finalmente, la Mesa. Eficiente manejo de la sesión. Y qué finas estampas. (¡Cómo nos ganan con unos cortados!).

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