Una sesión especial

Apologías y rechazos a una gestión

Sesión extraordinaria y solemne celebró el Parlamento de Montevideo a solicitud de la bancada colorada, con apoyo de la blanca, para homenajear al ex presidente a diez años de su deceso.

En su estreno como presidente del deliberativo, el socialista Gastón Silva abrió la sesión. En sala se hallaban completas las dos bancadas opositoras y sólo seis ediles del oficialismo se hicieron presentes en el acto, además del presidente; todos se ocuparon de resaltar que su presencia se debía a una decisión estrictamente personal, pero en los hechos de ese modo se aseguró el quórum para sesionar: si el oficialismo en bloque no hubiera ingresado, el Bocha se habría quedado sin homenaje.

En un lugar de honor dentro de la sala se había instalado la viuda del controvertido homenajeado, doña Graciela Rompani, cuya blonda cabellera resaltaba entre las calvas relucientes de don Julio M. Sanguinetti y don Oscar Magurno, que la flanqueaban. En las barras, fervorosos militantes de todas las edades y de todas las extracciones sociales siguieron atentamente la vibrante oratoria. Entre damas luciendo tapados de piel y aliñados caballeros de sobretodo, destacaba la figura desgarbada y pelilarga del popular Peluca Valdez ­líder del Movimiento Plancha­ enfundado en un impecable equipo deportivo rojo y negro y rodeado de algunos de sus acólitos.

Con el deambular permanente de fotógrafos y camarógrafos por entre las bancas, dio comienzo la parte oratoria de la que da cuenta Cecilia en la nota principal, al costado de esta columna. Como era de prever, elogios, loas, ditirambos, fueron la tónica del discurso colorado; las emotivas palabras eran interrumpidas con frecuencia por aplausos espontáneos del público.

Los discursos de los frentistas tuvieron un tono conciliador, amistoso, tolerante y respetuoso, aunque sin soslayar las abismales diferencias ideológicas que los separan de Pacheco.

Pero no crea el lector que todo fueron rosas. Dos ediles expresaron con elocuencia su desacuerdo con el homenaje, pero tuvieron el recato de no hacerlo en Sala. En la puerta del despacho del Púa Tutzó se veía una bandera uruguaya con un crespón, al lado de una roja con hoz y martillo; y en la del rojiclavelino Mario Calandra, se había adosado un letrero que rezaba: «Pacheco deshonró a la Patria y al Batllismo. No al homenaje».

Pero al fin los pachequistas tuvieron su fiesta.

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