Estévez: "No se puede dejar la soberanía y la seguridad alimentaria en manos del mercado"
–Colacho, ¿qué es de UTAA? En Montevideo casi que no se le recuerda mucho, o por lo menos poco se habla de este sindicato.
–Sí, tal vez en Montevideo esté un poco olvidado, pero en Bella Unión, por suerte, sigue existiendo. Claro, los sindicatos del país han sufrido profundamente con la crisis económica. Ponete a pensar: Funsa, Congreso Obrero Textil, la Federación de la Carne, son sindicatos que han desaparecido prácticamente de la escena pública. UTAA, con muchas dificultades, a la vuelta de la dictadura, enfrentó no sólo la represión sindical, listas negras, no públicas, sino que enfrentó un cerco de toda la izquierda y la derecha en Bella Unión. Logró sobrevivir, haciendo y comprometiéndose con su clase. No somos un gran sindicato, no tenemos miles de afiliados, somos más que nada un grupo de militantes sociales. No sólo peleamos por el salario, las condiciones de trabajo, sino que también peleamos por toda la gente que va quedando excluida del sistema
–Usted dice que debieron enfrentar por aquellos años un cerco, tanto de la derecha como de la izquierda. Acláreme esto.
–Por aquel entonces se produjo una división en los sindicatos de Bella Unión. Un sector importante dentro del Frente Amplio promocionó la creación de un nuevo sindicato rural cuando UTAA seguía existiendo. No quiero entrar en el detalle de los porqués y de quiénes son los responsables de esto, pero de todas maneras hubo una división que debilitó profundamente al movimiento sindical rural en Bella Unión. Demasiadas cosas dejamos de hacer juntos por esa división. Se dijo supuestamente que UTAA estaba quemada, que era muy agresiva. Tenemos una historia para atrás que no fue lo que debiera haber sido.
–¿Cómo han transcurrido para la UTAA todos estos años, cuando aparentemente el panorama es otro, y las cosas han cambiado a nivel sindical y en la sociedad en general?
–UTAA siempre fue un sindicato de zafreros, de semiocupados. Nosotros le decimos el «sindicato de los pobres», porque el trabajador rural es obrero agrícola en un período del año, peón de la construcción en otros, hace todo tipo de tareas.
Hemos tratado siempre de darle cabida a quien no tiene organización, un lugar donde expresarse. Hay todo un período después de la dictadura que el sindicato pone el acento en el trabajo sindical y en la organización sindical, de afiliación, de movilizaciones, de lucha, en reconquistar algo de los salarios perdidos en la dictadura. No teníamos la posibilidad de firmar los convenios colectivos, pero éramos una picana permanente para mejorar los sueldos y las condiciones de trabajo. Y a la vez como una respuesta a otro tipo de problemas sociales, como los problemas de la salud. En esto creamos una policlínica que ya habíamos comenzado ante de la dictadura, y la continuamos en esa etapa. Llegamos a tener 11.000 historias clínicas, que es prácticamente dos tercios de la población de Bella Unión. De esa forma UTAA marcó presencia de nuevo en Bella Unión. Después hemos buscado la unidad con todos los sindicatos. En una etapa más reciente frente a la crisis estructural de la sociedad de Bella Unión, donde la industria azucarera, que era el horcón del medio, está siendo desgranada poco a poco. Desde el 92 para acá también hemos trabajado con el conjunto de la sociedad buscando puntos de acuerdo y unión a través de lo que se llama Intersectorial o Intersocial. Esto fue un hecho inédito ya que fuimos una de las primeras que lograron formarse en el país, como respuesta puntual a los problemas que afectaban a la sociedad.
–Usted participó de aquella primera recordada marcha de los «peludos» a Montevideo; ¿qué le quedó de todo aquello?
–La primera marcha de UTAA a Montevideo fue en el año 62. Se luchaba por las 8 horas para los trabajadores rurales, luego del conflicto que se desató en las cañeras. Y 38 años después, los asalariados rurales, del sector ganadero, de la agricultura extensiva, no tienen ley de 8 horas, peleamos por lo mismo. Como trabajadores conseguimos por convenios, a través de la lucha, que se respetaran las 8 horas en las plantaciones de caña de azúcar, pero no logramos una ley que ampare a todos los trabajadores rurales. Y la otra cosa que podemos recordar es que en el año 1964 salió la primera marcha «Por la tierra» de UTAA. Era el reclamo y la reivindicación de un sindicato, de un sector, de una clase de la sociedad. El reclamo de tierra no era un capricho, sino una respuesta a la necesidad de tener un empleo permanente y que diera satisfacción a la gente que producía.
Treinta y seis años después volvemos a Montevideo. Pero esta vez no es sólo un sindicato, sino todos los sindicatos, las patronales, los empresarios, el Centro Comercial, reclamando el derecho a seguir trabajando. Creo que esto demuestra que el país en vez de ir para adelante va para atrás. La sociedad de Bella Unión es la que está implicada en la defensa de los puestos de trabajo y en la búsqueda de soluciones y alternativas laborales.
–¿Qué es lo que ha cambiado hoy en el «peludo»? ¿Ha cambiado su sistema de vida, para mejor?
–Hay todo un proceso y es algo de lo que hemos hablado por estos días. El trabajador rural, el peón rural en aquellos años de la década del 60 era un trabajador zafrero. Hacer una zafralidad en el agro uruguayo es normal. El trabajador hacía la zafra de caña, luego se venía al sur a hacer zafra de fruta, la esquila, la remolacha. Se iba a Brasil a hacer la zafra del arroz y luego completaba su ciclo y volvía a la caña. El desarrollo de la producción cañera creó la posibilidad de que el trabajador se estableciera, se afincara en una zona, se radicara con su familia y tuviera cierta estabilidad.
Y además se creó una cantidad enorme de puestos de trabajo permanentes y estables, Eso le dio una característica a Bella Unión que además creció en población, porque hubo migración interna hacia Bella Unión que fue muy importante. Había fuentes de trabajo y expectativa de poder salir adelante. Toda esa gente se estableció ahí. El zafrero neto, el cortador de caña con su zafra de seis o siete meses podía vivir el resto del año. Hay que tener en cuenta que vivimos en la frontera, que hay una diferencia del trabajador en cuanto al poder adquisitivo de su salario. Eso ha sido más o menos constante. Pero a partir del acuerdo del Mercosur y la apertura que hubo en el Uruguay, todo eso empezó a caer. La superficie plantada con caña se redujo de casi 10.000 hectáreas a 2.500 en un año y medio. Se perdieron 600.000 jornales, se zafralizó toda la producción de Bella Unión. Junto con esto vino la precarización absoluta del empleo, el trabajo en negro, la competencia entre pobres por un trabajo. Estamos volviendo a un trabajador de las mismas características de las que había en el 60.
Un trabajador migrante, que hoy trabaja acá, mañana por allá y que no tiene un lugar fijo para vivir. Esas son un poco las características.
–¿Cómo es el apoyo de la compañera para el «peludo»? Porque siempre fue un sostén fundamental en su lucha.
—Sigue siendo bueno, Pero hoy hay otro fenómeno. La mujer se ha incorporado masivamente al trabajo en Bella Unión. Hubo un dirigente, líder de productores, que decía que había que bajar los salarios a los trabajadores, porque así la mujer iba a tener lugar para trabajar. Así sumando los dos sueldos y algún hijo mayor que trabajara, el ingreso familiar iba a aumentar. Logró bajar los sueldos. La verdad que se lo propuso. Los sueldos cayeron a más de la mitad de la caída de la industria azucarera. Después de 18 días de huelga, de paralizar l
os cañaverales, huelga de hambre, el tipo logró bajar los salarios, y la mujer se integró en forma masiva en el trabajo de la horticultura congelada, tanto en el campo como en la planta industrial. Generó en los mejores momentos hasta 600 trabajadoras en la industria y unas 400 obreras en el campo.
–Ustedes vinieron para reclamar, entre otras cosas, para que se siga con la protección a la industria azucarera. ¿Por qué es necesario mantener el subsidio?
–El tema subsidio es mala palabra para los países del Tercer Mundo. Si subsidia Estados Unidos la remolacha azucarera y hace azúcar a partir de la remolacha subsidiada, o subsidia Europa su remolacha azucarera o Japón, a sus productores nadie les dice nada; la Organización Mundial del Comercio no tiene el mismo rasero para medir estas cosas. Y además porque el mercado libre del azúcar es un mercado de excedentes. Los países producen azúcar para su consumo. Es un producto considerado estratégico en los países productores. Y se vende lo que sobra de ese consumo.
Entonces los precios del azúcar blanco en el mundo son precios muy variables y que si en un año hay un excedente muy grande, por consecuencia, los precios bajan. En otro año hay escasez. Cada país tiene políticas propias de protección a su industria. El caso de Brasil, por ejemplo, que utiliza solamente la cuarta parte de la caña de azúcar para hacer azúcar, el resto, las tres cuartas partes, es para hacer alcohol. Dentro de Brasil hay una frontera. El azúcar de San Pablo no puede entrar en el nordeste porque esta región produce azúcar más cara incluso que Argentina y que nosotros. Entonces hay una forma de subsidio. Se dice que en Brasil se asegura que hay 36 impuestos que gravan a la producción de caña y a los ingenios azucareros, y se pagan solamente dos o tres.
Que el Estado brasileño ha invertido miles de millones de dólares en el complejo supraalcoholero, de los cuales no ha sido devuelto un solo real. Entonces el Uruguay tiene que tener una política azucarera. Nosotros entendemos que el azúcar es un producto estratégico. Consideramos que no se puede dejar la soberanía y la seguridad alimentaria en manos del mercado, y por tanto hay que tener una política azucarera que nunca se ha discutido a fondo en el Uruguay, sino que se viene haciendo caer la industria azucarera de a poco. Por eso es que reclamamos que exista esa política. Que el Parlamento se implique. Que esta protección que nosotros pedimos es para realmente tener tiempo necesario y hacer las acciones necesarias para que la industria azucarera se pueda mantener.
Nosotros entendemos que produciendo alrededor de 5.000 hectáreas de caña, 30.000 toneladas de azúcar blanca a partir de la caña, más la combinación de refinado de crudo importado, el complejo azucarero puede equilibrarse y puede producir no a pérdida y sin necesidad de subsidio. Hoy se necesitan plazos. Cada plazo que han otorgado considera los tiempos políticos y no los tiempos biológicos del cultivo. Esto ha ido desestimulando la producción, la plantación. La caña de azúcar es un cultivo que dura cinco años. Imaginemos que nos dan un plazo de cinco años hacia adelante. Entonces a partir del año que viene ya no se planta más cepa de cañas. ¿Por qué? Porque no se va a recuperar la inversión que se hizo en ese cultivo. Ese tipo de protección que nos han venido dando, que supuestamente nos viene protegiendo y protegiendo, en realidad en una forma de ir liquidando la caña, culpabilizando a los trabajadores y productores. Esa es la verdadera realidad de la milanesa. Entonces queremos un plazo de 10 años, queremos 5.000 hectáreas de caña, llegar a 30.000 toneladas de azúcar con materia prima nacional, la combinación de crudo. Y ahora necesitamos, además de la protección, el Fondo de Reconversión, que no sea manejado por las empresas, que sea manejado por los trabajadores, los productores y el gobierno. Que cada uno ponga su responsabilidad en esto. Hoy el Fondo está manejado por las empresas y por el Estado. El Estado es el que controla ese Fondo. Después se dice que esos fondos se manejan mal como si otros tuvieran la culpa, y no el Estado.
–¿Con qué expectativas se van?
–Nosotros vinimos sin demasiadas expectativas. Pero haciendo un esfuerzo de tratar de aprovechar el muy poquito espacio de tiempo que queda. El 31 de diciembre termina la protección. A partir del lº de enero podría entrar azúcar blanco, si no se establece algún tipo de protección. Lo que hay hasta este momento es una resolución ministerial. El presidente con los ministros vinculados al tema fijaron algunas líneas generales de política azucarera, estableciendo el 35% de arancel, la libre importación por parte de los industriales que la usan como insumo, y un Fondo de Reconversión que no va a tener la misma fuente que el azúcar exportado, sino otra fuente a crear que no se sabe bien quién lo va a manejar. Hemos constatado que los políticos nos han mentido bastante en todo el tema, en las promesas preelectorales, las reuniones que hemos hecho con las bancadas parlamentarias se comprometieron a soluciones supuestamente que iban a servir a Bella Unión , y sin embargo, no se han expresado. La otra cosa es que no es cualquier solución. Hoy esta el tema de la protección por un lado, el tema del Fondo de Reconversión por otro. Están separando temas que no se pueden separar, que hay que tomarlos como un paquete, Considerándolos separadamente es lo mismo que decretar la muerte. Esa son las realidades. Por eso es que estamos acá en Montevideo y creo que vamos a venir muchas veces.
–Artigas ha sido bastante golpeado en estos últimos tiempos. Como que siempre estuvo alejado de la mano de Dios…
–Sí, sí, Artigas es un departamento olvidado. Y Bella Unión un poco más olvidado por Artigas. Porque Artigas es la cabeza de departamento, está a 140 kilómetros de Bella Unión. Una pésima carretera nos une. Para ir de Bella Unión a Salto se demora una hora y media, dos horas. Para ir a Artigas, se demora tres horas. Hay un aislamiento físico y político también. Los votos están en Artigas y no están en Bella Unión. Históricamente Bella Unión ha sido postergada a pesar de que en sus buenos momentos la tasa bromatológica que aportaba Calnu servía para pagar los sueldos de la Intendencia. Hoy todo el departamento está en crisis. El intendente lo ha expresado con toda claridad: que la industria azucarera es importante para todo el departamento y su caída implicaría no sólo la pérdida de puestos de trabajo directos, sino también 200 o 300 puestos menos en la Intendencia. Y Bella Unión quedaría con los servicios esenciales.
–¿Cómo están viviendo el tema del contrabando?
–Los trabajadores decimos que el contrabando no nos sirve. Lo que se hace en la frontera es «bagayear». Para nosotros esto significa ir a hacer las compras para la semana o para el mes. De qué estamos hablando. Estamos hablando de salarios de 1.400 0 1.500 pesos por mes. No estamos hablando de los ricos que van a llenar el carrito. No estamos hablando de trabajadores que tienen el salario sumamente escaso. Las medidas se sienten. Una garrafa de gas sale ahora 179 pesos, es casi dos veces y medio de lo que salía en Brasil. Es un 13% o un 14 % de un salario; entonces, claro que se siente. Desgraciadamente, sabemos que el contrabando grande sigue pasando, lo que sí es que sale más caro pasarlo. Y eso lo sabe el doctor Batlle. El no se chupa el dedo. El sabe que hay una economía tradicional, históricamente tradicional o consuetudinaria de frontera, que es distinta a la del contrabando. En este caso las economías de frontera son de una verdadera integración.
–Usted me decía que en UTAA no ha
y dirigentes o líderes históricos, sino militantes. ¿Qué recuerdo tiene entonces del militante Sendic?
–Para nosotros Sendic fue realmente importante. Por su lucidez, por su coraje y por su compromiso. Raúl no sólo no fue un político de esos que van a buscar votos, él se jugó con los trabajadores. Eso fue para todos nosotros un recuerdo y un ejemplo imborrable. Además la justeza de sus ideas. Porque uno puede dar ejemplos imborrables que no sirvan para mucho.
Pero lo de Raúl fue un ejemplo que en su práctica, en su orientación y en su ayuda a oriental la lucha sindical y social, jugó un papel importantísimo para nuestro sindicato en particular y en general para la sociedad.
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