ABURRIMIENTO, UNA SALTEÑA Y… ¡ RUEDITA!
Dijo el editor, exultante: -Te encargo una visión diferente, poniéndole color, del plenario de la Cámara de Representantes y de su entorno.
Dije yo, cauteloso: -¿Y si hago un crucigrama?
Llegué al lugar, caminé alrededor del magno edificio y entré a la sala. A la mañana y a la tarde, lo mismo. Al final, la tarea se hizo sencilla.
A la mañana, temprano, observé extendidos vallados absolutamente inútiles, vigilancia nutrida pese al paro policial, un tablado erecto y unos cientos de trabajadores de la FUS, de la Universidad, del Ministerio del Interior y de otras áreas de la administración pública.
Eso afuera del Palacio Legislativo. Adentro, los diputados zarandeaban sin pasión el extenso repartido de la Rendición de Cuentas, artículo por artículo.
A la tarde, también temprano, comprobé que los vallados habían pasado a mejor vida y que era fácil darse cuenta de la disminución de la vigilancia, del desarme prolijo y veloz del tablado y del raleo de los trabajadores.
Eso nuevamente afuera del Palacio Legislativo. Adentro, los diputados, sin elocuencias, irritaciones ni sorpresas, seguían zapateando es un decir sobre el extenso repartido de la Rendición de Cuentas, artículo por artículo. Todo se me presentó cual escenas para un cuadro, situaciones para un cuento, materiales para una escultura. Pero cualquiera fuese la obra cuadro, cuento, escultura y hasta un mero artículo periodístico sólo admitiría, a causa de esas escenas, un único título, seco, preciso, claro: el aburrimiento. Es que se aburrieron arriba y abajo, afortunadamente no al unísono. Y les fue ganando, tanto a trabajadores como a diputados, una suerte de languidez, de estado cercano al hipnotismo o incluso la levitación.
Sólo hubo un hecho conmovedor, al menos para un espectador: faltó el diputado por Salto Manuel Barreiro, representante del Foro Batllista. Lo sustituyó Paola Pampanatto, salteña ortodoxa, pelo color trigo, que encendió… bueno, encendió.
Ruedita, el parroquiano más antiguo del comercio del Chiquito Otegui, estaba en las barras.
-Vo’… ¿todo’ lo’ día’ e’así?
-¿Cómo?
-¿Hablan al cuete pero viene la rubia?
-Bueno, depende…
-¡No rompá que vo’ sabé! Confirmá, que por ese bombonazo viene toda la barra a vota’ la rendició’ de cuenta’
Compartí tu opinión con toda la comunidad