Homenaje. Le tributarán hoy los vecinos de Pocitos a uno de sus ciudadanos ilustres

García Moyano en el nomenclátor de su querido Pueblo de los Pocitos

No abundan los hombres que han vivido de acuerdo con la máxima atribuida a Jorge Manrique según la cual «Velar se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte».

Guillermo García Moyano es uno de ellos. Fue un personaje multifacético que supo despertar cariño y admiración en quienes lo frecuentaron en la intimidad familiar o en los cafés, donde concitaba la atención de los contertulios desgranando anécdotas, refiriendo relatos o reflexionando sobre asuntos varios. Hay quienes sostienen que era tan buen narrador oral como Paco Espínola.

Por eso, aun sin haber dejado descendencia, dejó un recuerdo imborrable en sus sobrinos, en sus amigos y en general en todos los que lo conocieron.

Gimo (sobrenombre pronunciado a la italiana: yimo) fue abogado, docente universitario, periodista, escritor, memorialista, humorista; una personalidad subyugante que se hizo conocer por el gran público sobre todo por uno de sus libros, Pueblo de Los Pocitos, editado por Banda Oriental a comienzos de los setenta.

El libro es un testimonio valiosísimo y amenísimo de lo que era la vida en el pequeño y modesto balneario montevideano de principios del siglo XX y que, aunque sin un rigor académico que por otra parte Gimo no pretendió, se ha convertido en lectura obligada para historiadores y sociólogos. Concretamente Clara Aldrighi ha dicho al respecto: «En el panorama de la literatura uruguaya que refleja el fenómeno de la inmigración, las memorias autobiográficas de Guillermo García Moyano recogidas en el libro Pueblo de Los Pocitos ocupan un lugar de particular relieve, no sólo por la vivacidad narrativa que las anima, sino también por la riqueza de los elementos y detalles que despliega ante el lector, describiendo en tono costumbrista la vida social de un pueblo suburbano habitado a comienzos de siglo mayoritariamente por inmigrantes».

Gimo había nacido en Montevideo en 1896, pero en 1904 la familia se muda a Los Pocitos, donde transcurren su adolescencia y su primera juventud.

Se adaptó fácilmente a la vida pueblerina y trabó amistad con gentes del lugar, amistades que duraron toda la vida. En un pueblo mayoritariamente «manya», García Moyano era bolsilludo, algo que no le impedía admirar a su vecino y amigo José Piendibene. Supo dividir su tiempo entre la carrera de abogado y la práctica de deportes.

Siendo profesor de Derecho Internacional Público, escribió su primer libro: «La Tierra de Sanabria. Vocación autonómica de la Banda Oriental», publicado en 1944, en el que pretende sentar un criterio para la interpretación de nuestro proceso autonómico. Es en esa época que se vinculó al Partido Comunista y empezó a frecuentar la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (la famosa Aiape), donde alternaban Paco Espínola, Jesualdo Sosa, Peloduro, entre otros.

En los cincuenta compartía su actividad profesional ­en la que se destacó como abogado de varios sindicatos­ con las tertulias del Tupí Nambá y del Palace.

Luego de su muerte, acaecida en 1983, y de la de su esposa, María Amanda Dufort y Alvarez, sus sobrinos rescataron varios manuscritos inéditos. Uno de ellos, «Crónica de un viaje en diligencia», fue publicado por Banda Oriental.

En él relata episodios muy jugosos de un viaje que su familia realizó a Rocha por 1906; el cruce del arroyo Maldonado desbordado, los personajes de las fondas y las estaciones, la descripción de la diligencia y los matungos.

La de esta tarde será una cita de honor de todos los pocitenses.

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