Tecnología, Shakespeare y caminatas

El plenario de Diputados de ayer permitió conclusiones que, fuera de la crónica, pueden ayudar a comprender ciertos hechos que a veces ocurren allí.

Por ejemplo, el arrollador avance de la tecnología.

Alfredo Asti (Asamblea Uruguay) y Silvana Charlone (Espacio 90) compitieron, desde sus bancas y con posturas diferentes ­derechita en el asiento ella, algo desvencijado el cuerpo de él- en el uso de computadoras portátiles. Ganó Asti por abandono (estaban apagando las luces y seguía); su relación con la máquina, tal vez porque la cambió por una más joven y bonita, es de una inusual intensidad y concentración. Ah, pero hubo otro aporte inesperado: Eleonora Bianchi (Vertiente Artiguista) no usó ese aparato tan adictivo pero se despachó con una de las llamadas por celular más largas de la historia universal, digna del Libro de Guinness y hasta de provocarle una contractura en el cuello, cosa que, afortunadamente, no ocurrió. Muchacha entrenada, ahora que lo pienso.

Luego, durante el debate por el caso del economista Luis Porto, pude advertir otros detalles que merecen destaque pues quizá sean reveladores de al menos parte de la mismidad de algunos parlamentarios.

Jorge Orrico (Asamblea Uruguay) dejó claro que ha leído a Shakespeare, a uno de cuyos personajes parafraseó con aquella famosa sentencia: «Algo huele a podrido en Dinamarca»; lo hizo mientras sorbía café de un pocillo que, pese a su notoria molestia y ademanes enérgicos, no derramó ni una gota; se manejó con el estilo, digamos, de un Peter O’Toole a las cinco de la tarde, antes del whisky; quedó claro, por otro lado, que la metáfora de la podredumbre no tenía que ver con el líquido negro que degustó con fruición sino con los opositores. Germán Cardozo (Vamos Uruguay) se rodeó de más documentos de los que un ser humano puede abarcar sin perecer, hasta casi diluirse detrás de ellos, y José Amorín (Lista 15) repitió su hábito de recostar el cuerpo sobre un lado y usar la mano como un chupón que toma y deja pequeños objetos a su alcance. La mano derecha, obvio.

Finalmente quedé sin saber si a Carlos Gamou (Espacio 609) le recomendaron ejercicio para adelgazar: se pasó caminando, recostándose a diversas bancas y volviendo a caminar. ¿No le hubiera convenido el ambulatorio?

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