
Es que nadie quiere la confrontación en elecciones internas. Se está próximo a un acuerdo.
Al igual que la humedad en invierno, la fórmula Astori-Mujica va penetrando en los cuerpos, casi sin que nadie se dé cuenta. Por lo menos eso pasa a nivel de los medios de comunicación, pero también en las cocinas del sistema político de izquierda.
Hay muchos que están en contra de esta fórmula. Conozco gente que dice que “de ninguna manera voto a Danilo”, pero también conozco a otros tantos que manifiestan que “de ninguna manera voto a Mujica”. ¿Será ese 10% que aparece en algunas encuestas como votando en blanco? Puede ser, no lo sé. Dios dirá, aunque sospecho que terminan votando a la izquierda porque no quieren la restauración de derecha.
Lo cierto es hasta ahora los que buscan otra fórmula, los que aspiran a otros nombres, proyectan ideas, formulaciones teóricas, pero no tienen un solo candidato, ya ni digamos una pareja presidencial. Tienen intenciones, pero solo eso. Es que la política es uno de los actos más concretos de la actividad humana, por más que muchos crean que no es así.
Se habló de Daniel Martínez (PS), quien rechazó la invitación. Marcos Carámbula (intendente) se limita a señalar que Astori es “un gran candidato”, pero de su suerte no dice nada, aunque trascendió en Caras y Caretas que aspira a la reelección en Canelones. Por allí anda en danza el nombre de Enrique Rubio (VA), pero nadie lo propone públicamente.
Entonces, ¿qué le queda a la izquierda en materia de nombres y de candidatos? Si descartamos la reelección de Tabaré Vázquez, quedan solo dos: Mujica y Astori. Si esto es así – que lo es-, se abren tres posibilidades: que la fórmula sea Astori-Mujica o la otra es que sea Mujica-Astori. La tercera: ir a elecciones internas donde los dos dirigentes compitan. Según fuentes del gobierno y del Frente Amplio la idea de encontrar una fórmula de consenso, gana terreno dentro de la coalición de izquierdas. “Se está por llegar a un acuerdo”, se nos dijo, porque nadie quiere la confrontación en elecciones internas. Si hay consenso hay solo dos invitados para el baile: Astori y Mujica (en este caso el orden de los nombres altera el producto o por lo menos las posibilidades).
Hay gente que se molesta con estas especulaciones, porque sostiene que las encuestas y la popularidad de los presuntos candidatos termina decidiendo por encima de las ideas y los programas. Algo de razón tienen, pero esto es parte del papel del individuo en la historia. Carlos Vaz Ferreira seguramente hubiera sido un mal candidato, aunque nadie le puede observar que le sobraban ideas. Quizás en el 50 había un mejor número 5 que Obdulio Varela, pero el que ganaba era el Negro Jefe. Así es la vida y mucho más la política.
El tema central es que la fórmula de consenso que nazca, no puede ser producto del desánimo, del descarte “es lo que hay valor”- y tampoco puede ser reducida a que “es la única que puede ganar”, aunque eso es fundamental aunque no sea a cualquier precio.
En el marco de la discusión de la fórmula el FA necesita que haya algún tipo de balance de lo actuado por el gobierno de Tabaré Vázquez, para poder evaluar y presentar ante el electorado lo aportado por los posibles componentes de la fórmula a los éxitos del gobierno.
A la vez requiere de un programa con proyección de futuro, donde hay sectores que entienden que debe ser la continuidad del actual y otros que prefieren elementos de ruptura y de revisión. Pero de lo que no hay la menor duda es que los integrantes de la fórmula presidencial deben ser copartícipes de la elaboración programática, como forma de atar en un solo paquetito la propuesta electoral.
El Frente Amplio necesita, a la vez, una revolución electoral en su interna, que abra caminos de renovación ideológica, programática y generacional que impida la tentación de polarizar entre los dos jefes integrantes de la fórmula presidencial.
En este sentido es de esperar que la coalición de izquierda dé cabida, generosamente, a los actuales ocho intendentes frenteamplistas y a otros candidatos municipales que aspiran a ganar nuevos municipios, en las listas nacionales.
La generosidad debe de ser pilar fundamental de la construcción de la nueva estrategia electoral que permita que el FA continúe en el gobierno, como forma de impedir la restauración de la derecha, a la vez que potencie el cambio para que el horizonte se vea con colores de un amanecer luminoso.
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