"Es una necesidad y una obligación que Uruguay abra sus archivos sobre Jango"
Christopher Goulart nació el 5 de octubre de 1976 en Londres, Inglaterra, donde su padre, Joao Vicente, y su madre Estela, de nacionalidad uruguaya, se habían radicado ante los riesgos que la familia del derrocado presidente de Brasil sufría con la imposición de las dictaduras en el Río de la Plata.
Dos meses después del nacimiento de su primer nieto, Joao Goulart fallecía por un supuesto ataque cardíaco que hoy se investiga ante las sospechas de que, en realidad, fue uno de los homicidios de la llamada Operación Cóndor, en el que coordinaban la represión los regímenes militares de la región.
Christopher, quien vivió ocho años en Montevideo, se recibió de abogado y trabaja como asesor de una fundación en Porto Alegre. Se presentará como candidato a «vareador» (edil) en las elecciones de octubre próximo y se siente comprometido con una carrera política que le permita continuar la inconclusa obra de su abuelo.
El mayor de los nietos de Jango es quien ha impulsado en Porto Alegre la reapertura de una Comisión Investigadora (CPI) en la Asamblea Legislativa para que se aclare si Joao Goulart fue asesinado. También ha iniciado los trámites ante el Departamento de Estado norteamericano para que la CIA desarchive sus documentos secretos sobre el caso.
En la sesión que la investigadora parlamentaria realizó en la cárcel de Charqueadas, Christopher fue el que inició el interrogatorio al uruguayo Mario Barreiro Neira, quien denuncia que aquella muerte fue un asesinato. Para el joven Goulart, lo que dice el ex agente tiene sentido y debe ser confirmado a través de la apertura de archivos secretos.
Siempre hubo sospechas
¿Qué sentiste en el 2002 cuando te enteraste de que había un uruguayo, Mario Barreiro Neira, en una cárcel de Brasil que decía que tu abuelo había sido asesinado?
Desde siempre hubo una sospecha. En ese sentido no era una gran novedad, pero es evidente que la historia que este señor contaba nos daba más datos e indicios de que mi abuelo en realidad fue envenenado en Argentina en una operación conjunta de las fuerzas de Inteligencia clandestinas uruguayas, brasileñas y argentinas. Algo que pudo ser uno de los tantos crímenes de la Operación Cóndor.
¿Siempre lo habían sospechado?
La sospecha sí, pero como fue un impacto muy fuerte para mi familia, se dejó un poco de lado la posibilidad del asesinato. Los indicios resurgieron en 1982, pero el presidente era Figueredo y no había condiciones para una investigación en la medida en que no había interés en el tema de parte del gobierno. Entonces había dictadura y el tema era la reapertura de la democracia. No era bueno hablar entonces del presidente Joao Goulart, que vivo o muerto siempre representó y siempre va a representar la personificación de la democracia derrocada. Los militares lo derrocaron a él. Un regreso de Jango, vivo o muerto, siempre lleva a asociarlo a la destrucción de aquella democracia.
Pasaron muchos años, después de la reinstitucionalización de 1985 para que se formara una Comisión Investigadora Parlamentaria sobre las razones de su muerte…
La Comisión funcionó en el 2000 y 2001 en la Cámara Federal de Diputados. Allí se escucharon muchas pruebas testimoniales, se consiguieron algunos datos periciales, pero el trabajo se cerró sin que se conociera lo que luego declaró Mario Neira Barreiro (en Brasil se coloca primero el apellido materno).
Barreiro le hizo aquellas declaraciones a LA REPUBLICA a fines de 2002, pero recién ahora el tema ha sacudido a Brasil, al punto que se reabre una investigadora, se produce un interrogatorio de la Fiscalía y el tema preocupa a la Comisión para los Derechos Humanos del propio gobierno del presidente Lula…
Sus declaraciones dieron más indicios… Nosotros creemos que con los años y con el tiempo, con toda seguridad se va a terminar sabiendo la verdad.
Lo que dice tiene sentido
A principios de este mes de mayo tuviste una primera entrevista personal con Barreiro Neira en la cárcel de Charqueadas… ¿Cuál fue tu sensación cuando, frente a frente, lo escuchaste contar cómo habrían asesinado a tu abuelo?
Yo fui en mi papel de nieto de Goulart, pero también como abogado. La verdad es que lo escuché con indiferencia, sin ningún tipo de sentimientos. Fui con la responsabilidad de llegar a algún objetivo concreto y para que esta historia no quede simplemente en un momento y luego se olvide. Llevé mi responsabilidad como abogado profesional y no le puse sentimientos de ningún tipo.
¿Y luego de escucharlo?
Pienso que la historia que cuenta tiene sentido. Pero ahora debemos estudiar todos los datos y confirmarlos en una minuciosa investigación en Uruguay, en Argentina y en Brasil, que implica también la apertura de archivos que se mantienen bajo secreto pese a todos los años que han pasado.
Recientemente tu padre, Joao Vicente, y el activista en derechos humanos Jair Krischke, estuvieron en Montevideo y se reunieron con el canciller Gonzalo Fernández para pedirle que Uruguay desclasifique todos sus archivos sobre Jango. ¿Qué expectativas te provoca eso?
Es una necesidad y es una obligación, porque no se trata solamente de una cuestión brasileña. Es uno de los tantos crímenes ocurridos dentro del espectro de la represión dictatorial en América Latina. El presidente Jango estaba exilado, primero en Uruguay y luego en Argentina, y su caso podría ser uno de los tantos casos que deben ser dilucidados. No es sólo un interés de Brasil, es un interés de América Latina. Jango vivió 12 años en Uruguay, allí desarrolló sus actividades económicas. Mi padre se casó con una uruguaya.
Yo viví ocho años en Uruguay. Tenemos una ligazón muy fuerte con Uruguay. Y por eso entendemos que esos archivos no son sólo una contribución con la familia o con Brasil, sino una contribución con el tema de los derechos humanos en América Latina.
EL LEGADO DE UN ABRAZO
Antes de que tu abuelo muriera, llegó a conocerte. Viajó a Londres para verte y tenés una foto en la que aparecés en sus brazos. Eso fue pocas semanas antes de que Jango muriera. ¿Qué sentís cuando ves esa fotografía de la única vez que estuvieron juntos?
Esa foto significa mucho para mí, porque entiendo que mi abuelo representa un trabajo político, un legado y una obra que quedó incompleta en Brasil. El era un líder de vanguardia. Sus ideas eran mucho más adelantadas, eso sin dudas, a las de los personajes políticos de la época. En esa línea de razonamiento, siento que es una obra a continuar. La foto implica mucho, porque significa el término de una vida, la suya, y el inicio de otra vida, la mía…
¿Sentís que te pasó la posta? ¿En ese abrazo te legó sus ideas y sus banderas?
Yo me siento preparado para, de alguna manera, seguir un camino político. Si hay una simbología o algo que metafóricamente me pudo trasmitir en aquel abrazo, no lo sé. Yo me considero preparado, para lo que siento es una necesidad que urge, el retomar sus banderas, evidentemente contextualizándolas con nuestra época. Jango es un ejemplo dejado, y los ejemplos están para seguirlos. Eso es lo que siento yo, mi familia y un sinnúmero de brasileños.
Tu padre Joao Vicente llegó a ser elegido como diputado.
Fue diputado estadual de Río Grande do Sul en 1982.
Pero él no siguió una carrera política.
Tenía otros planes en ese momento. Mi padre es un político. Yo lo considero un político sin mandato político. El desarrolla la política sin ese mandato electoral.
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