El ayuno que apagó la ciudad
«Aquel ayuno fue muy importante. Nosotros sabíamos que nos estaban por cerrar. Y si iban a cerrar a Serpaj, que fuera haciendo algo. Así surgió la idea del ayuno. Todos íbamos a ayunar, pero la gente del Serpaj argentino nos explicó que debían ayunar la menor cantidad de gente, la más segura ante la dictadura, y el resto estaría como grupo de apoyo. Se decidió que ayunaran Perico Pérez Aguirre, Jorge Osorio y Ademar Olivera. Los tres eran religiosos. El ayuno tuvo mucha repercusión pese a prohibirse su difusión. El semanario Aquí publicó media página vertical del hecho y la censura le obligó a recortar con tijera esa franja, ejemplar por ejemplar. Se impidió el ingreso de diarios de Argentina y Brasil. Al local que habían cedido unas monjas, las Hermanitas Cruzadas de la Iglesia, en General Flores y Quesada, donde está ahora la sede de Rentistas, llegaba cada día más gente a adherir con el ayuno y empezaron a sumarse a los rezos diarios de los tres religiosos. Tantos eran que hubo que pedir más habitaciones. Pero un día llegó la policía y cercó el lugar. Nos dijeron que no iban a cortar el ayuno pero no dejarían entrar más gente al lugar. Entonces empezaron a concentrarse en la calle. Llegaban políticos de todos los partidos. Así se llegó al 25 de agosto, en el que se programó un caceroleo a las 20 horas en punto. Nosotros estábamos en el techo de la parroquia del Paso Molino y a las ocho en punto empezamos a escuchar las cacerolas. El apagón voluntario no estaba previsto. La gente apagaba las luces para cacerolear. Desde donde estábamos, vimos cómo la ciudad parecía desmoronarse y desaparecía bajo el ruido o la música de las ollas… En la oscuridad de la azotea nos abrazamos y lloramos…»a
Compartí tu opinión con toda la comunidad