Operativo apunta a la relación con Chávez
Un reciente informe del Consejo sobre Relaciones Exteriores de Estados Unidos, sostiene que «la política estadounidense ya no puede ser basada sobre la suposición de que Estados Unidos es el actor exterior más importante en América Latina». «Si hubo una era de hegemonía de Estados Unidos en América Latina, se acabó», concluye.
El documento establece que «por más de 150 años, la Doctrina Monroe ofreció los principios que guiaban la política estadounidense hacia América Latina, afirmando la primacía de Estados Unidos en las relaciones exteriores de la región. Durante las últimas dos décadas estos principios se han vuelto cada vez más obsoletos».
El problema ahora, agrega, es que «el marco básico de la política en Washington no ha cambiado lo suficiente para reflejar esa nueva realidad». Por lo tanto, propone que los articuladores de políticas hacia la región tienen que cambiar la manera de pensar: «América Latina no es de Washington para perderla; tampoco es de Washington para salvarla. El destino de América Latina está, en gran medida, en las manos de América Latina».
Los redactores del trabajo, cuyo grupo está presidido por Charlene Barshefsky y Jame T. Hill, convocan al próximo presidente de Estados Unidos a trabajar de manera cooperativa con los países latinoamericanos y considera que «la política estadounidense hacia la región debería de complementar las iniciativas latinoamericanas» en rubros como la reducción de pobreza, la mejoría de la seguridad pública y temas como el de la energía.
La obsesión por Chávez
Estas recomendaciones para el próximo presidente de Estados Unidos, parecen haber llegado tarde en la medida que George W. Bush trabaja incansablemente para dejarle al próximo ocupante de la Casa Blanca una situación irreversible en esa zona donde confluyen Venezuela, Ecuador y Colombia.
El Pentágono es especialista en crear «demonios» o enemigos, con la intención de que se transformen en los enemigos de la humanidad, de la democracia y de la paz mundial.
Hace años lo fue Fidel Castro, después lo fue Salvador Allende y ahora lo es Hugo Chávez, a quien Estados Unidos quiere transformar en el nuevo enemigo de los países que viven al sur del Río Bravo.
A Chávez se le responsabiliza de todo, incluso de aquellos males que tienen su origen en la misma esencia del capitalismo y del imperialismo. La intención de Estados Unidos, con el apoyo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es desgastar la imagen del presidente de Venezuela, para aislarlo del resto de los gobiernos y pueblos latinoamericanos. Por eso, cuando estaban dadas todas las condiciones para la liberación de Ingrid Betancour, Estados Unidos puso en juego todo su poder para que eso no ocurriera, porque su única intención era impedir que Chávez se quedara con la bandera de la paz, del diálogo, de la propuesta negociadora y civilizada.
Dentro de esta estrategia de desprestigio contra Chávez, se preparó el escenario de Lima durante la V Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea. Pero los planes de EEUU fracasaron, en tanto Chávez descomprimió las tensiones, con un muy buen manejo de la hora política, tendiéndole la mano a los gobernantes europeos.
La agresión a Cardozo
Dentro de este marco de la política del Pentágono para aislar a Venezuela, hay que entender el operativo que se realizó contra nuestro embajador en ese país, Gerónimo Cardozo, un viejo amigo de Chávez.
La filtración a Búsqueda de una reunión que Cardozo mantuvo con legisladores blancos y frenteamplistas en Caracas, donde hubo mentiras y verdades a medias, fue para debilitar la buena relación de nuestro país con Venezuela.
Esa buena relación, de conveniencia mutua, se expresa en el apoyo económico a las empresas Envidrio y Funsa; cooperación de 17 millones de dólares para el reciclaje del Hospital de Clínicas; concesión a Ancap de un bloque de pozos petroleros en la Franja del Orinoco que aseguran suministro por aproximadamente 100 años; apoyo de Uruguay a la primera misión científica a la Antártida, que permitirá a Venezuela comenzar a ser admitida entre los miembros del Tratado Antártico; acuerdo para que Venezuela coloque el satélite de fabricación china que lanzara en octubre en una órbita uruguaya; apoyo al desarrollo de ALUR, empresa azucarera de Ancap en Bella Unión; preferencia del software uruguayo en los programas de modernización del Estado venezolano; acuerdos con OSE para suministro y fabricación en Venezuela de las UPAS con patente uruguaya; apoyo económico de Bandes que salvó a los trabajadores de Cofac al instalarse en nuestro país, al reciente Panamericano de ciclismo.
El aislamiento de Chávez, en el caso de nuestro país, pasa por neutralizar o desplazar a Cardozo. Así están las cosas.
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