La otra campana

Fastidio

El plenario de Diputados de anoche tuvo ese, qué sé yo, ¿viste? Algo así como si unos cuantos se hubieran puesto de acuerdo: «Dale, che, terminemos de una vez y nos vamos, que juega Peñarol».

En realidad no jugaba Peñarol. No jugaba nadie. Tampoco había fiesta en sitios de moda ni festival al cohete, como tantos.

Por causas que se explican en otra parte, el único tema que advertía acerca de un debate erizado ­Telesur­ no se consideró.

Fue como si al pibe le hubiesen reventado el globo al comienzo del cumpleaños o explotado la piñata cuando todavía la madre no le había puesto la venda en los ojos. En fin.

Ah, pero esas circunstancias que a veces uno aprovecha para armar esta maldita, odiada columna, abundaron.

Por ejemplo, me conmovió hasta las lágrimas ­ya he explicado que tengo problemas neurológicos­ ver a Carlos Gamou (Espacio 609), uno de los espadachines verbales más filosos e hirientes de la izquierda, a los besos y abrazos con Washington Abdala, que jamás dejará de ser un soldado fiel pero tiene más cintura que Estoyanoff, y Jaime Trobo, que ama a «La cumparsita» tanto como a ciertas rebuscadas y pícaras estrategias políticas.

Por otra parte, Horacio Yanes (Nuevo Espacio) trajo su computadora portátil, desafiando al fundamentalista Asti, quien, tal vez informado del duelo al que iban a convocarlo, hizo mutis por el foro (teatral, no partidario). Mientras tanto, en la bancada colorada se multiplicaron cual rollo sinfín los conciliábulos: el ya referido Abdala, Bianchi, Espinosa, Hakenbruch, Barreiro y alguno más; no hay caso, el tema de las candidaturas está tan caliente que Julio, el zorro, no sale de detrás del biombo, mientras al viejo Jorge le hacen muñequitos coloridos, le clavan alfileres negras y le encienden velas negras.

Un dato exquisito: en determinado momento se propuso fijar el día del metalúrgico para determinada fecha. ¿Quién iba a oponerse? Pero el blanco Mauricio Cusano hizo notar que los obreros de esa rama de la industria ya tienen su día: el 2 de noviembre.

E hizo la pregunta de rigor: ¿Cómo puede admitirse que tengan dos celebraciones en un mismo año?

No sé qué pasó.

La confusión fue tan grande que no entendí qué se resolvió. Menos mal que la Mesa, con piedad franciscana, me mandó un cortado largo.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje