La otra Cámara

Escándalo

Por un momento ­un loco momento­ imaginé que la sala de la Cámara de Diputados había sido convertida en un teatro y allí, amanerado, inconfundible, estaba Raphael cantando «Escándalo».

No. Era uno de tantos plenarios, sólo que el pedido de interpelación a los ministros Astori y Bonomi por parte de la bancada opositora cayó del otro lado cual picadura de tábano.

Antes de ir al punto debo decir que me costó reponerme de la ceguera producida por la corbata amarillo incandescente de José Carlos Cardoso (Herrerismo), que -dicen malas lenguas­ en Rocha no la usa.

Pablo Abdala (Herrerismo) fundamentó su voto y calentó la sesión, siendo aplaudido y silbado irónicamente por la mayoría. Enseguida, el otro Abdala, Washington (Foro Batllista), describió esa reacción como propia «de los sobrinos del Pato Donald». Su discurso desató una gritería entre el oficialismo al estilo los guardiamarinas gallegos cuando festejan un gol del Celta de Vigo; Nora Castro (Espacio 609), excitadísima, gesticuló como la Merello en la época en que Sandrini se fue con la Pastorino.

¿Habrá sido lo principal? No sé. Sí lo más vistoso.

Después, el presidente Perdomo cedió la palabra «al diputado Ivonne Pasada», dejando en duda toda política de género imaginable: se aclaró cuando habló Iván Posada (Partido Independiente). Y Sergio Botana (Alianza Nacional), al apoyar a sus cruzados, tal vez confundido por la efervescencia, dijo «el Abdala de mi derecha», en alusión a Pablo, «y el Abdala del frente», en alusión a Washington. Logró que el soldado agitara las manos como maníaco, en alusión a que, ni por un malentendido, dejaría de estar junto al hombre de las cejas superpobladas.

El debate siguió. Pero yo puse la «Clarín».

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