"El pasaje hacia la propiedad social será lento y es impensable sin libertad"

Gargano: "La propiedad privada conduce a la desigualdad"

Tales conceptos fueron volcados por el senador Reinaldo Gargano, en una extensa charla mantenida con LA REPUBLICA. En ella recordó que el primer manifiesto socialista conocido en Uruguay, lo escribió y difundió, a fines del siglo XIX, Alvaro Armando Vasseur. «Un poeta, intelectual y especie de ‘dandy’ del novecientos».

«Se fundan los primeros centros socialistas. Difusores de las ideas más que una organización política». Precisamente uno de estos centros, el Carlos Marx, se crea en 1904 y en él Emilio Frugoni hizo su confesión de fe socialista.

«El partido como organización se constituye el 12 de diciembre de 1910, a partir de la movilización electoral. En ese año justamente se da la primera participación socialista, junto a los liberales, en los comicios nacionales. El primer candidato es Frugoni, el segundo lugar lo ocupó el liberal progresista Pedro Díaz. El partido tiene un desarrollo orgánico, pacífico, lento, hasta que se produce la escisión de la mayoría del mismo en 1921, bajo el nombre de Partido Comunista», relató Gargano. Las diferencias fueron motivadas por la aceptación o no, de las 21 condiciones que imponía la Tercera Internacional. En el momento de la división, Frugoni renunció a la banca parlamentaria.

–¿Dónde se desarrolla el PS, en esos primeros años?

–El socialismo se expresa en el movimiento sindical y en el literario y también, a nivel ciudadano, en las corrientes que se afincan en el interior del país.

Mi padre me comentaba que votó al socialismo en la primera elección que participó (Paysandú 1910), es decir, en dicha ciudad existían elementos de organización política. También los había en otros lugares de concentración obrera como Fray Bentos, donde el partido tiene una larga trayectoria. Allí fue elegido el primer edil que la izquierda tuvo en el interior de la República. En la capital de Río Negro, la organización estaba muy vinculada a los trabajadores del frigorífico Anglo, con más de 2 mil personas entre obreros y administrativos.

–¿En la intelectualidad?

–En el movimiento literario durante más de 45 años, entre 1930 y 1975, figuras socialistas fueron de las más importantes, por ejemplo, Roberto Ibáñez (también dirigente partidario y diputado). En el movimiento femenino, Luisa y Paulina Luisi, ambas profesionales y de mucha influencia en la sociedad de la época.

Es decir que hubo una integración progresiva de las distintas vertientes y el Partido Socialista se consolida en la realidad uruguaya en la década del 40. Frugoni es para entonces una personalidad no sólo política sino también de la educación, fue catedrático y decano de la facultad de Derecho. La década del 30 es también la de la incorporación de José Pedro Cardoso al partido, así como la de Mario Cassinoni.

–La mayoría se va y establece una estrecha relación con la 3ª Internacional, ¿cómo se relaciona internacionalmente el PS?

–La minoría refunda el partido. Por ese tiempo, la Segunda Internacional vivió una especie de autodisolución, fruto de la complicidad de varios partidos europeos con los gobiernos que participaron de la primera guerra mundial. Esos socialistas votaron los créditos de guerra en los parlamentos, contra la voluntad mayoritaria de sus afiliados. Recuérdese el asesinato de Jean Jaures a manos de nacionalistas franceses, debido a que se oponía a votar los créditos.

–¿Cuándo retoman los lazos?

–El partido socialista vuelve a tomar contactos con las organizaciones de la Segunda Internacional, especialmente con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) durante la guerra civil española. Los socialistas españoles se refugian en Uruguay tras la derrota republicana. Las relaciones del PS con sus similares socialdemócratas europeos se vuelve a deteriorar en los años 50, especialmente por la actitud de la socialdemocracia frente a los procesos de liberación del colonialismo. Dichos partidos apoyaron a sus gobiernos contra los movimientos independentistas de Asia y Africa (intervención en Suez, guerra de Argelia, etc.). En la década de los 70 los partidos europeos modificaron sus equilibrios internos y variaron esa posición transformándose en pilares de la solidaridad con Uruguay y otros países del continente bajo dictaduras.

–¿Cómo participa el PS en la creación del FA?

–El proceso de unidad de la izquierda se comenzó a gestar en los 50, con el antecedente de los procesos unitarios a nivel sindical. También veíamos a partir de los análisis hechos sobre la realidad uruguaya, por ejemplo, los realizados por Vivián Trías respecto a la ligazón de la gran propiedad rural, la industrial y la banca. Una conmixtión de intereses que permitían a 500 familias tener el control de la vida financiera y económica del país y a la vez dominar tanto el aparato político del Partido Nacional como del Colorado.

Trías planteaba que en Uruguay se estaba conformando un bloque conservador al que había que responderle con un bloque progresista. Esa idea llevó a que el Partido Socialista se planteara la creación de la Unidad Popular. Por su lado, los comunistas lanzaron la idea de la unidad sin exclusiones y conformaron el Fidel, sintonizando con la corriente de admiración hacia la revolución cubana. Estos procesos se dieron en 1962.

–La primera postura no parecía querer abarcar a toda la izquierda

–Entre los socialistas se dio una discusión, donde una de las opiniones era proclive a la unidad sin exclusiones –de esa idea era yo–, pero finalmente primó la otra que marginaba a los comunistas. Frugoni era contrario a juntarse con el Partido Comunista.

El partido se unió con Enrique Erro y terminó muy mal, quedando sin representación parlamentaria y disminuyendo su caudal de votos respecto a 1958. Cinco años después de la derrota electoral, en 1967, el partido es proscripto, por el gobierno de Jorge Pacheco Areco. También se cierra su prensa. Sus principales dirigentes participaron, durante 1969 y 1970 en las conversaciones que dieron origen al Frente.

–Durante los sesenta se señaló que el PS sustentaba una postura que hoy se caracterizaría de radical.

–El partido nunca tuvo una postura favorable a la lucha armada y menos al aparato armado. Sí analizó la violencia que la derecha ejercía sobre el movimiento popular, porque teníamos un ejecutivo que gobernaba por medidas de seguridad y militarizaba a miles de trabajadores. Decíamos que esa violencia era terreno fértil para que aparecieran formas de respuesta armada, como desgraciadamente sucedió después.

–¿Tuvo el PS aproximaciones al leninismo?

–En el 27 congreso se adoptó el marxismo leninismo como definición ideológica. Fue un momento de crisis del partido. Los que veníamos de la clandestinidad teníamos una línea muy crítica hacia la hegemonía que ejercía en el plano sindical y político, el Partido Comunista.

En nuestro seno se desarrolló una línea que quería mitigar ese enfrentamiento con los comunistas y quería llegar a una identificación con las definiciones marxistas predominantes en Cuba, la Unión Soviética, etc. Entonces se constituyó una nueva mayoría que ganó ese congreso de 1972. Luego, en mayo de 1973, esa corriente se fracturó, una parte de ellos se sumó al resto de la dirección y aquellos que postulaban la unión de ambos partidos fue expulsada. De inmediato ingresaron al Partido Comunista.

–¿Estuvieron los socialistas alineados en torno al llamado «socialismo real?

–Yo ingresé al PS en la mitad de los cincuenta. Uno de los fenómenos característicos de aquella
época era «la guerra fría». En ese entonces, los socialistas tomamos una posición de equidistancia tanto del imperialismo norteamericano como de la URSS y los países bajo su órbita. Una de las cosas que recuerdo es la lucha contra la intervención de Estados Unidos en Guatemala, en 1954. Por otro lado, siempre hicimos saber nuestras diferencias con el socialismo real, incluso Frugoni escribió «La Esfinge Roja», un libro muy ilustrativo al respecto.

–¿Cuál es la actual definición doctrinaria?

–Desde el punto de vista ideológico compartimos la definición de Norberto Bobbio de lograr realizar la justicia en el marco de la libertad, es decir, la igualdad con libertad. Esto quiere decir que sólo creemos que es alcanzable la liberación del individuo manteniendo las libertades públicas y el pluralismo democrático. No implica, por supuesto, renunciar a convencer a la gente de las virtudes del modelo socialista que impulsamos. Creemos que la propiedad privada conduce a la desigualdad, por tanto sostenemos la necesidad de avanzar hacia la propiedad social, en un proceso con la gente.

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