Las corbatas, aquel abrazo y Arismendi

Quiero transmitir una idea. No es fácil omitir ciertas características de los plenarios de Diputados.

Por ejemplo, las corbatas. Enrique Pintado (Asamblea Uruguay), gracias a Saralegui, volvió a exhibir una negro y amarillo incandescente, que había que mirar haciendo visera con la mano. Su compañero Jorge Orrico lució la suya de color rosadísimo estremecedor, de esas que hay que ser muy hombre para ponerse.

Algo más: David Dotti (Asamblea Nacional) probó que le cuesta adelgazar; lo digo con profundo sentimiento. El problema es que no sé si se trata de pena, que sería piadoso, o de envidia por todo lo que debe haber dentro de ese abdomen; además, sufrió un percance sorpresivo: le dieron la palabra y estaba hablando por celular; cuando despertó armó tal barullo que se le entendió a partir de la tercera frase.

Inesperadamente, Alba Cocco (Liga Encuentrista Salteña) floreció; lució una chaqueta multicolor y fue una pena que no trajera naranjas para repartir.

También hubo circunstancias de otro tono. Los colorados siguen enardecidos por las candidaturas y el famoso abrazo; Guido Machado (Foro Batllista) me informó –ignoro con qué intenciones– de que ese enroscarse de los cuerpos de Sanguinetti y Batlle no se dio en el tambo de Sanabria, como se dijo, sino en un sitio llamado Paso del Tigre. A la perinola, ¡así que fue entre un oso y un tigre!

Y qué decir de la sorpresa que causó Washington Abdala (Foro Batllista), luego de que Alicia Pintos (PCU) recordara a Rodney Arismendi; saludó a Marina, la hija del homenajeado, reivindicó el aporte a la democracia del líder comunista fallecido y confesó que, de jovencito, sus lecturas formativas fueron escritos de Batlle y Ordóñez y el Manifiesto Comunista; no sé… el impacto me provocó catalepsia. Pero no faltó quien me reanimara, haciéndome notar que me había perdido una exposición impar.

Al fin, un apunte: mejora la gentileza del presidente de la Mesa, Alberto Perdomo (Alianza Nacional) con la prensa. Vinieron buenos cortados largos, aunque alguien me sopló que alguno lo había pagado un funcionario.

Y…, nadie está libre de críticas, Alberto. Si es que usted no agarró el camino de la picardía…

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