Escrito por: Marcelo Falca

En entrevista con LA REPUBLICA, Fernández explicó por qué el país no condenó la acción de Colombia y destacó la mesura de la declaración de la Cancillería sobre esta crisis.
También reveló que Francia le pidió crear un grupo de “países amigos” para lograr la liberación de la rehén de las Farc colombo francesa Ingrid Bentancourt, gestión que está en proceso. El canciller, además, dio su opinión sobre la gestión de su antecesor, Reinaldo Gargano.
–En primer lugar, le pido una valoración sobre el papel de Uruguay en esta cumbre de cancilleres que acaba de concluir.
–Fue una reunión de consulta de Cancilleres, así se la llamó, convocada por el Grupo de Río. Había varias fechas tentativas pero finalmente se fijó el lunes de la semana anterior (17 de marzo). Nosotros nos propusimos, no sólo en este caso, sino con carácter general, tratar de que el Uruguay empiece a sonar e incidir en el mundo internacional, donde ha sido relegado a un ostracismo. La inserción internacional del país no es sólo a nivel comercial, sino también de política exterior y de diplomacia.
–¿A qué atribuye esta situación?
–Es un proceso que se arrastra desde hace años.
El Uruguay que tuvo siempre un enorme prestigio por su tradición jurídica y su apego al derecho internacional, y que tuvo numerosos funcionarios diplomáticos desempeñando cargos importantes -el ejemplo más contundente es haber tenido dos jueces en la corte internacional de justicia de La Haya-, en los últimos años ha ido como desapareciendo del terreno, al grado de que en todo el sistema interamericano hay un solo un uruguayo que ocupa un cargo de importancia que es la dirección jurídica de la OEA.
–La oposición, más que nada, apunta a que ese proceso de deterioro comenzó con este gobierno y en particular a partir de la gestión del ex canciller Gargano. Usted qué dice al respecto.
–Bueno, yo no puedo saber con exactitud cuándo comenzó, pero creo que viene de tiempo antes. Lo que me importa es mirar al futuro.
En este caso, exactamente en cuatro días, prácticamente, no por mérito mío, sino del equipo de la Cancillería, de la jefa de misión ante OEA, del director de Política, del director general de Secretaría, de todo el equipo, nos movimos, hablamos con muchos otros cancilleres de la región y logramos obtener por consenso, la vicepresidencia de la reunión de consulta. La presidencia fue para República Dominicana, porque había sido la sede de la reunión del Grupo de Río, y la vicepresidencia fue para nosotros…
–Se trató de una reunión para analizar la crisis entre Ecuador y Colombia, básicamente por ese motivo fue convocada…
–Entonces quiere decir que uno se mueve y se mueve rápido y con eficacia puede lograr cosas y este es un primer paso en ese proceso que yo aspiro poder impulsar para que, como se dice en la jerga vulgar, Uruguay esté en la conversación.
–Sí, llamó la atención que Uruguay estuviera representado en ese grupo tan reducido que termina nada menos que redactando la declaración final. ¿Cómo llegó a esa instancia?
–Bueno, tanto Colombia como Ecuador, a pesar de los saludos y del acercamiento que hubo en el Grupo de Río, habían endurecido sus respectivas posiciones, en una sesión maratónica, que comenzó el lunes a las diez de la mañana, y terminó el martes a las 2 de la mañana. Eso demuestra que a pesar de las múltiples gestiones que unos y otros cancilleres hicimos, las partes involucradas no lograban ponerse de acuerdo. En la OEA desde hace más de diez años, las resoluciones no se votan, sino que salen por consenso. Por ende, al Uruguay, en ejercicio de la vicepresidencia, no le tocó sólo un rol honorífico, decorativo, como son muchas veces las vicepresidencias, sino que le cupo un rol activo y decisivo porque en la noche, si no recuerdo mal en el entorno de las 23 horas, cuando todavía no se había logrado nada, el secretario general de la OEA resolvió formar una comisión pequeña integrada por la presidencia de la reunión de consulta, o sea República Dominicana, la vicepresidencia, o sea Uruguay, y dos países grandes, Brasil y México. Los cuatro cancilleres nos reunimos aparte, afuera del plenario, con los cancilleres de Ecuador y de Colombia, y afinamos y buscamos fórmulas, hasta que logramos una resolución que salió por consenso y que dejó conformes y satisfechos a ambos países.
–¿Cómo se logró destrabar esa situación; dónde estuvo el punto de equilibrio de la declaración?
–El punto neurálgico yo diría que estuvo en lograr que las partes acepten la creación de medidas de confianza y de un clima de confianza y de un informe que hará el secretario general de la OEA que va a ser sometido nuevamente a una reunión de consulta de cancilleres que va a tener lugar en junio en Medellín en forma paralela con la asamblea de OEA. Es decir, esa reunión de consulta quedó abierta y bueno, se continuará en el mes de junio considerando la sugerencias que pueda proponer de entendimiento definitivo la secretaría general que por supuesto nosotros vamos a estar siguiendo.
–De todos modos, Ecuador no reanuda relaciones diplomáticas. En este marco, ¿la amenaza de un agravamiento del conflicto está latente?
–No, yo creo que, al revés, esta reunión sirvió para distender las posiciones. La reanudación de relaciones diplomáticas no va a ser inmediata, pero yo confío que la oea pueda jugar un rol fundamental de salvaguarda de la paz de la no intervención, de la no agresión, me parece que el clima por las declaraciones que he leído de ambos países ha mejorado y que la resolución los ha dejado satisfechos.
–Sobre el episodio que desencadena toda esta crisis, el ataque al campamento de las Farc en Ecuador se produce en momentos en que se negociaba la liberación de rehenes y que Francia aparecía en forma directa.
–Francia estaba muy interesada por la liberación de Ingrid Bentancourt, al punto tal que, incluso, entre las reuniones que yo mantuve en Washington con el señor embajador Daniel Parfait, director general de América y el Caribe del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, y una embajadora que vinieron a plantear el caso de Ingrid Betancourt. Y a esta altura, está claro, y así lo refleja la resolución de la OEA que hubo una violación de la soberanía territorial de Ecuador por parte de Colombia.
–Aspecto que fue aceptado por Colombia.
–Sí por supuesto, no en balde, el presidente de Colombia pidió disculpas.
–Estados Unidos también mira con atención todo este proceso; en la declaración final reservaron su voto.
–Ellos hicieron lo que se llama una nota al pie, que equivale a una suerte de salvedad, pero fue la única excepción en 34 países de OEA.
–Volviendo al interés de Francia, ¿quedó establecido algún curso de acción?
–Ellos plantearon la posibilidad de crear un grupo de países amigos, que no tenían claro si tenían que ser países europeos o países latinoamericanos, pudieran retomar la gestión para la liberación de los rehenes y en especial de Ingrid Bentancour, lo que pasa es que esa reunión tuvo lugar en la noche del domingo antes de que comenzara la reunión de consulta.
Yo le expresé al director para América Latina de Francia que en estos momentos había primero que resolver el problema político entre los dos países antes que ponerse a pensar en el tema de los rehenes, porque yo para entonces sabía ya al domingo de noche que las posiciones entre los dos países estaban más endurecidas, y que obviamente ese tema puntual no iba a poder ser encarado en la resolución de OEA como de la reunión de consulta y nadie lo tocó.
–Es decir
que este tema puede ser tratado en próximas reuniones.
–Puede ser sin duda, es un tema que al día lunes obviamente no podía considerarse si tomamos en cuenta el carácter maratónico de la reunión que, según cuentan viejos funcionarios de OEA, es la segunda vez que pasa en toda la historia de la organización.
–¿Cuál fue la primera?
–No sé cuál fue, pero ocurrió hace muchos años, y ésta fue la segunda, lo que demuestra lo difícil que estaba la situación y el rol importante que junto con los demás países en esa gestión de buenos oficios le tocó jugar al Uruguay.
–Usted, cuando asumió, tenía este problema arriba de la mesa.
–Sí, yo asumí el cargo a las diez de la mañana, y me fui de inmediato a la Cancillería porque tenía este problema sobre la mesa. Hubiera preferido, como cualquier otro funcionario, asumir en otro clima para tener tiempo de aclimatarme y de conocer un poco más los problemas. Pero bueno, saltó esto y hubo que encararlo.
–O sea que, desde el comienzo, tuvo que entrar a la cancha más grande y más complicada.
–Sí, y creo que precisamente la mesura en la declaración que emitió la Cancillería en su comunicado inicial llamando a las partes a la paz y a no agravar el conflicto a pedirles una suerte de medidas de no innovar digamos fue muy valorada y fue un elemento decisivo para que Uruguay pudiera ocupar la vicepresidencia.
–A eso iba, porque llamó la atención, en algunos ámbitos, la mesura de esa declaración. ¿Por qué Uruguay no condenó la acción de Colombia?
–Porque si nosotros hubiéramos hecho un pronunciamiento de condena, nos estábamos volcando directamente a favor de una de las partes, en momentos en que el Grupo de Río ya estaba trabajando y ya se preveía que iba a haber una reunión del Grupo de consulta de cancilleres.
Por ende, optamos por un llamado a las partes a la paz pensando justamente en el rol que podía tener el Uruguay, país que no tiene fronteras limítrofes con los paises en conflicto y que está alejado digamos de la zona del conflicto, para jugar como articulador de una solución como en definitiva se consiguió.
–Desde su punto de vista, entonces, Uruguay pasa a cumplir un rol protagónico con este episodio…
–Bueno, ojalá que así sea. Es el primer paso, y es el primer intento para volver a instalar a Uruguay en un rol protagónico en la articulación de soluciones pacíficas y de conflictos para que Uruguay pese en el plano internacional; es decir, todo el equipo de la Cancillería estaba muy conforme, porque todos decían más o menos la misma frase: Uruguay está en la conversación.
Uruguay es un país que por su rica tradición jurídica internacional ocupó siempre posiciones muy importantes que van mucho más allá de su dimensión geográfica como país pequeño.
–En concreto, ¿qué posiciones Uruguay aspira a ocupar o debería estar ocupando hoy y que por distintas circunstancias no lo está haciendo?
–Hay muchas. A nivel de la OEA, por ejemplo, yo aspiro a ver en la próxima renovación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que tendrá lugar el año que viene y más adelante si todavía estamos en la renovación de la comisión, poder tener algún representante de Uruguay.
Usted ocupó la secretaría de la presidencia. Ha trascendido que, además de canciller, el presidente le ha solicitado que sea un ministro político. ¿Qué significa esa función?.
-En primer lugar, mi designación me sorprendió mucho. Porque la verdad es que yo no esperaba el cambio, e incluso conversé con el presidente sobre si a él le parecía si yo era el hombre adecuado para este cargo, porque no tenía suficiente experiencia a nivel internacional, pero él entendió que sí y el cumplir la función de ministro político implica cumplir la función de portavoz del presidente cuando éste lo encomiende y, de algún modo, tratar de gravitar más en el seno del gabinete que lo que hace un secretario de la Presidencia. Eso, obviamente, debido a la estrecha relación que tiene el presidente conmigo y que todo el mundo conoce.
También se ha interpretado como un cambio en la gestión ministerial, la inmediata convocatoria a los líderes de la oposición para mostrar la hoja de ruta de la cancillería y por otro lado, la designación en puestos importantes de figuras que, de alguna manera, están identificadas con los partidos de la oposición.
-En primer lugar, creo que se ha visto este movimiento en forma errónea, porque tanto el ministro, como el subsecretario Pedro Vaz y el director general de secretaría y el próximo general de secretaría pertenecen al partido de gobierno. La cúpula directriz del Ministerio está ocupada por funcionarios que pertenecen a funcionarios del gobierno. Lo que yo creo, se lo dije a todos los líderes de la oposición, es que la política exterior es una política de Estado que no puede tomar tintes partidarios, porque las relaciones del Uruguay no son con los gobiernos sino con los Estados. Entre éstos, más que amistades hay intereses; por ende, hay que desarrollar una política de Estado que acá y en todas parte del mundo tiene, desde luego, una fuerte impronta presidencial, porque el presidente gravita siempre en la política exterior. Pero además debe procurar llegar al máximo de los consensos, y de ahí es mi idea de hacer una cancillería de puertas abiertas y de dialogar con todo el mundo, no sólo con los partidos políticos, sino también con los trabajadores que también los convocamos, con las cámaras empresariales. Nos reuniremos próximamente, con la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado a la que le vamos a pedir que nos reciba para lograr que la política exterior sea un firme bastión de política de Estado porque entendemos que así el Uruguay va a andar mejor.
Respecto a su antecesor en el cargo ¿discrepancias? ¿coincidencias? ¿qué dice?
-Yo tengo con el senador Reinaldo Gargano una vieja relación. Hemos hecho la transición en forma absolutamente normal, armoniosa, hemos hablado varias veces en el curso de estos primeros días, y bueno, como sucede siempre entre los seres humanos, hay cosas en las que coincidimos, habrá cosas en las que discrepemos, pero a mí no me interesa entrar a valorar el pasado, yo voy a estar muy poco tiempo al frente de la Cancillería, apenas dos años, si no soy relevado antes desde luego, y lo único que me interesa es mirar hacia el futuro, y poner la cancillería a funcionar a full.
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