REENCUENTRO
Con gran emoción y alegría un centenar de familiares aguardaba el regreso de la misión.
Niños, esposas, madres, padres todos se fundían en abrazos emocionados, lágrimas y risas. Muchos no querían hablar, otros no paraban de hacerlo. El reencuentro y la necesidad de estar en familia, es algo «indescriptible» coincidía la mayoría.
La presencia de Clara Rodríguez en el contingente no pasó inadvertido y LA REPUBLICA dialogó con ella para preguntarle sobre su experiencia. Clara tiene 47 años, vive en Pando, tiene tres hijos, nietos y nietas. Todos estaban esperándola. Relató que decidió irse para adquirir otro tipo de experiencia, «salir del país ver otra realidad y otra verdad es indescriptible», dice a la vez que reflexiona «no podemos decir que el Uruguay es pobre, allá se ve pobreza», expresa. Su experiencia con los compañeros fue positiva. Se trata, dijo, de «un grupo de muchachos jóvenes y yo tengo hijos de treinta años, ahora tengo más hijos y sobrinos». Consultada sobre si volvería a irse, respondió que le costaría muchísimo dejar otra vez a su familia.
También Eduardo Rovira, montevideano de 32 años, calificó la experiencia de «inolvidable» y, a diferencia de Clara, no dudaría en volver a viajar. Su decisión por irse fue la misma; «vivir una experiencia fuera del país». En cambio, Julio Silva oriundo de Cerro Largo y con 24 años «no volvería a irse» al menos dijo «ahora» pero «en un futuro lejano puede ser». Julio también destacó el «compañerismo y el trabajo adquirido tan lejos del país». A diferencia del resto de los consultados, dijo que el motivo de su partida fue el móvil económico: «decidí irme para darle un futuro mejor a mi familia».
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