Seminario en Colonia

"Descentralizar no es como freír una torta frita"

«Una descentralización progresista implica acercar el gobierno a la gente», afirmó en la víspera el politólogo Abel Oroño, en el transcurso de la presentación en Colonia del Sacramento de su libro «Del G 8 al G 19: La izquierda en los gobiernos». La reunión se realizó en el Centro Cultural de AFE, con gran concurrencia de todo el país.

La apertura tuvo palabras de Andreas Wille, de Fesur, y el cierre estuvo a cargo del presidente del Frente Amplio, ingeniero Jorge Brovetto.

Oroño resumió en su libro el trabajo cumplido durante el seminario de «Descentralización y Poder local» que tuvo lugar en Colonia a fines del año pasado, organizado por la Mesa Departamental de la coalición de izquierda. En su alocución, el politólogo manifestó que el Frente Amplio debería «trabajar para impulsar una descentralización que permita la participación de los ciudadanos o de los vecinos; una descentralización progresista que implique acercar el gobierno a la gente, con dos elementos fundamentales: la transparencia de la gestión y el control de la gestión».

Cambio de cabeza

En diálogo exclusivo con LA REPUBLICA Abel Oroño puntualizó que la necesidad de descentralizar es «con respecto al gobierno nacional y también intradepartamental». «Hay tensiones entre gobiernos departamentales y el nacional, tensión entre hacer lo mejor para la gente y hacerlo con la gente, estableciendo espacios de participación en los que se pueda incidir durante la implementación de las políticas, y no solo participar votando y esperar cinco años para ver si me sirvió o no», comentó.

Fue categórico al indicar que «la estructura del gobierno nacional y de los gobiernos departamentales están pensadas para un centralismo feroz; entonces hay que construir las instituciones informales, es decir, las formas de funcionamiento que aseguren la participación ciudadana». «Durante años ocurrió que para conseguir a nivel de los vecinos un viaje de balastro o una luz en el barrio, había que ir al puntero político o al director municipal de la amistad del vecino o a algún comité. Después, por fortuna, se generaron otros cambios participativos y en esa dirección hay que seguir trabajando, para generar espacios donde la gente pueda expresar sus inquietudes». «Eso significa un cambio de cabeza y da mucho trabajo, porque descentralizar no es como freír una torta frita», explicó el politólogo.

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