Capas medias. El destino electoral de la izquierda está en la corrección del IRPF

Quien crea que a Astori le puede ir mal y al FA bien, se equivoca

Astori depende de Astori y también de los otros sectores del FA. Si el diálogo del ministro de Economía con los sectores del FA es de sordos, la suerte del frenteamplismo está echada. El FA no gana con un ministro de Economía lastimado. La derecha lo sabe, aunque se muestre torpe.

Escrito por: Raúl Legnani

Domingo 16 de marzo de 2008 | 6:22
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Ahí va el líder. Tabaré Vázquez enamoró a la gente.

ANALISIS DE DOMINGO A DOMINGO

Fue valiente. Supo comunicar. Interpretó el sentir de algunos sectores de la sociedad; en horas previas a que subiera al estrado encaró a sus ministros con firmeza planteando distintos reclamos. Hablamos de Tabaré Vázquez, el presidente progresista que en esta hora del país surge como un líder insustituible, donde los humores de la reelección no terminan de desaparecer.

Vázquez conocía las encuestas, particularmente la de Equipos Mori que lo mostraba creciendo en popularidad (59%), mientras disminuía la desaprobación de su gestión (20%).

El Presidente sintió que era su momento y que por ello tenía que devolver la sonrisa a la gente y a los ministros, que al comienzo del acto parecían seres extremadamente adustos, rígidos, de brazos cruzados y mandíbulas apretadas. Con mirada seria, como no podía ser de otra manera.

Manejando la escena, respondiendo a los ataques de la derecha y a las miserias de la interna, Vázquez enamoró a la gente, le devolvió el alma al cuerpo, y hasta logró que Danilo Astori y Reinaldo Gargano sonrieran, sin mirarse, casi en el mismo momento, como si fueran novios que no se animan a intercambiar miradas o que recientemente se acaban de pelear.

El Presidente supo centrar su discurso en lo que más importaba: analizar en julio los resultados de la aplicación del IRPF y, a partir de eso, alivianar la carga impositiva a las capas medias atadas con piolines, que no son las que ganan 50 mil pesos (“los riquillos”, como dice José Mujica), sino las que tienen una salario que va de los 14 mil a los 25 mil pesos.

En agosto de 2007 Astori le había dicho a LA REPUBLICA que “me llega la convicción y la sensación de que apenas transcurra un corto lapso, esas capas medias se van a dar cuenta de que son las más beneficiarias directas de la reforma y por muchas razones”.

Seis meses después las capas medias no fueron tan optimistas como Astori. En la encuesta de Equipos Mori de febrero quedó claro que la apreciación de la población sobre la reforma tributaria es negativa: el 32% la consideraba perjudicial, el 28% beneficiosa, el 28% no se pronuncia y el 12% se declaraba neutro.

Vázquez, que ya conocía la encuesta, jugó todo su prestigio y convenció a Astori en las horas de la mañana, del mismo día del acto, a realizar ajustes a la reforma mucho antes de los primeros meses de 2009, aunque aceptó que tenía que ser después que se aprobara la Rendición de Cuentas. Por aquello de los equilibrios entre gastos e ingresos (propuesta sensata, por cierto).

Una vez más, al excelente ministro de Economía de nuestro país y seguro precandidato presidencial, la fuerza política y el Presidente, lograron flexibilizar su postura, como ocurrió a los comienzos de la gestión de Vázquez cuando se discutió la propuesta del 4,5% del PBI para la Enseñanza.

La izquierda está enfrentada no sólo ante un tema de carácter electoral ­las capas medias son decisivas, porque expresan, contradictoriamente, las oscilaciones políticas e ideológicas de parte sustancial de la población­, sino que tiene que ver con la estructuración de la sociedad y con el futuro del país, en la medida que desde sus filas pueden surgir nuevos y renovados impulsos profesionales, empresariales y culturales.

Si no hay una corrección seria, no aventurera e irresponsable, de la reforma tributaria, puede pasar que las capas medias bajas sean objeto de captura de los partidos tradicionales, poniendo en peligro la continuidad del gobierno progresista.

Quien crea que a Astori le puede ir mal y al Frente Amplio bien, se equivoca. La gente no va a hilar fino, mucho menos cuando la derecha también juega.

Un paso para superar ese peligro ha sido la iniciativa del ministro de Economía de visitar a todos los sectores de la izquierda. Pero si ese diálogo es de sordos, la suerte de la izquierda está echada. Y esto es responsabilidad de todas las partes, porque no hay una sola verdad. Astori depende de Astori, de sus luces y defectos. Y de los otros.

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