Un plenario con matices y rebeldías

LA OTRA CAMARA

Y al fin pasó. Heber Clavijo (Espacio 609) fue electo cuarto vicepresidente de la Cámara de Diputados. Cayó sobre su entrañable persona una catarata de elogios, con destaque de una emotiva exposición de Carlos Varela (Asamblea Uruguay).

La excepción ­rebeldía que lo revela como hombre libre, aunque se duerma de a ratos- fue Víctor Semproni (Claveles Rojos), quien recalcó que el voto nominal llena la sesión «de banalidades y la convierte en un perdedero de tiempo»; y se confesó: «Como soy un transgresor (¿) no hago sino repetir lo que he dicho en la bancada sobre estas sesiones tediosas». Clavijo lo miró con ese cariño que regala la calma gente de Lavalleja, sobre todo cuando está tan cerca la exposición «Minas y abril».

Antes, y tras un informe preciso y conmovedor de Nora Castro (Espacio 609) sobre la docente a quien se hacía el homenaje, también se aprobó que la Escuela Nº 181 de Montevideo pase a denominarse «Maestra Elena Quinteros».

La media hora previa me permitió advertir ­si no lo hice antes fue por pura senilidad­ que se dice todo tipo de cosas y las manos aprobatorias se levantan como impelidas por un resorte; prueba de que, en general, no se presta atención a lo que se dice pero se cumple con la cortesía parlamentaria que fija el reglamento de la Cámara. Pudo haber sido una excepción lo de Luis Rosadilla (Espacio 609), quien, para criticar cierto desinterés de parte de la prensa en destacar noticias positivas, se refirió a la instalación de más de cincuenta centros CAIF en 2008 mostrando recortes de prensa de diverso tamaño (en general, pequeños); hubo diputados que suspendieron llamaditas de celular o dejaron de parlotear para no perder de vista los inesperados pedazos de papel.

En la media hora final, Carlos Gamou (Espacio 609) eligió la sutileza para criticar la decisión del presidente estadounidense Bush de vetar la ley de prohibición de la tortura del «submarino». Cerró su enérgico repudio señalándolo con la exclamación «¡you!» y, enseguida, dando un golpe sobre su banca con la intención de que sonara, según propia confesión, como «¡fuck!». ¿Te habrán entendido, Carlitos?

Ah, vino un cortado largo para este escriba; de la Secretaría General, no del Presidente de la Mesa. Que conste.

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