La SCJ y la demora en pronunciarse
Menos de una hora duró la sesión de ayer del Senado. O están muy atareados en el trabajo de comisiones o el país no necesita que se aprueben nuevas leyes. En fin. Como viene ocurriendo desde hace ya un buen tiempo, los dos primeros puntos del orden del día (designación de los miembros de la Comisión Permanente y de la Comisión Administrativa del P. Legislativo) fueron postergados otra vez. Este notorio desacuerdo no fue óbice para que el presidente del Honorable Directorio, don Jorge Larrañaga, atravesara el recinto para saludar a don Pepe Mujica. No sé qué se dijeron, pero vi que se saludaban efusivamente palmeándose los hombros.
En la hora previa, el herrerista Gustavo Penadés empleó su tiempo en «levantar nuestra (la suya, no la mía) profunda voz de preocupación» por los rumores, dimes y diretes, recogidos incluso en versiones de prensa, acerca de la demora de la Suprema Corte de Justicia en fallar sobre los recursos de inconstitucionalidad del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas. Con su tono vehemente pero respetuoso, Penadés habló, obviamente, de los rumores que explican la demora en el hecho de que se estaría aguardando que uno de los miembros de la SCJ cese en su cargo para así modificar la correlación de voluntades dentro del órgano. Por supuesto que no hizo suya esa hipótesis, pero la dejó planteada como una duda.
Terminó su exposición exhortando a hallar una pronta solución a un problema que pone en tela de juicio el prestigio del máximo órgano jurisdiccional y puede derivar en un enfrentamiento entre Poderes del Estado. Al concluir, pidió como es norma que sus palabras fueran enviadas a la SCJ y al MEC. Puesto a votación, este pedido no fue acompañado por Gargano, Mónica Xavier ni Antognazza (suplente de Baráibar). Gargano pidió la palabra para manifestar que lo expresado por Penadés constituye una intromisión en el Poder Judicial. Nin implacable en su apego al reglamento le tiró la oreja explicando que en las palabras de Penadés no hubo alusiones personales ni políticas, y le recordó que en la hora previa no se permiten los debates ni los fundamentos de voto.
Mientras se trataban temas menores de rutina, Sanguinetti se distraía ejercitando sus dotes de artista plástico. Desde mi puesto pude ver un retrato (¿una caricatura?) de don Romeo Pérez Antón, suplente de Gallinal.
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