El peligro del sociologismo
En lugar de actuar, de tratar de incidir, algunas autoridades de la enseñanza y del propio gobierno han preferido el «sociologismo» como forma de interpretar la sociedad y en el caso concreto la actual crisis en la enseñanza.
Se ha dicho que uno de los problemas es que los dirigentes de los educadores son demasiado nuevos, sin la necesaria experiencia sindical. Puede ser, pero Daisy Iglesias no nació ayer, es una vieja dirigente sindical filo anarquista, además de ser una excelente maestra y sacrificada militante gremial.
Ahora, si Iglesias tiene convocatoria hay que preguntarse qué pasa con las maestras que la apoyan. Como me dijo una vez Rodney Arismendi, «los ultras siempre tienen un poco de razón, pero nunca más de un 3%, pero la tienen y eso es producto de nuestros errores». Hoy diríamos que esos son errores de los moderados. Ese 3% puede ser, en momentos de tensión, decisivo porque puede agravarse y provocar un cambio cualitativo que agrave la situación.
El gran tema o desafío es que las autoridades educativas, sacrificadas personalidades que sirven al interés público, no tienen capacidad de liderazgo sobre el cuerpo educativo nacional. Entre otras cosas porque el FA las dejó solas.
Más que una ley para la enseñanza, que debería ser lo suficientemente autónoma y democrática en la medida de lo posible y conveniente, el país necesita un gran entendimiento que conmueva las raíces de los árboles y que ponga en la primera línea el conocimiento y el amor por educar.
No son horas de descripciones de las tendencias sociales o por lo menos de no quedarse sólo en ellas, porque son momentos de actuar políticamente y de tratar de incidir en el movimiento de los educadores. No para hacerlo abortar, sino para darle una visión de futuro y de acumulación de fuerzas en favor de la educación vareliana.
El patio trasero
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