Los uruguayos nos desentendimos de la enseñanza pública y vareliana
En el conflicto de la enseñanza está todo mezclado. Es verdad que hay radicales de adentro o de afuera del Frente Amplio, comunistas que levantan consignas acordes con la idea de que el gobierno progresista está en disputa y también hay una larga estirpe de fundamentalistas, de derecha y de izquierda, que tienen como único deseo, joder al gobierno.
La tentación de embromar es tan grande que trajeron, en medio de las disputas a Germán Rama, creyendo que lo podían revivir. Se equivocaron. Sólo dijo bobadas. Como siempre.
En las movilizaciones de los docentes hay mujeres jóvenes, hablo en el caso de las maestras, que sólo quieren vivir mejor y dignamente de una profesión que bien vale la pena.
¿Hay alguien que puede dudar que un maestro debe ganar la mitad de la canasta básica familiar (16 mil pesos) y que una maestra no puede jubilarse con 6.500 pesos después de 35 años de trabajo?
No hay nadie, el tema es si la sociedad puede o no puede. Hoy no puede, pero puede llegar a poder porque se está avanzando en ese sentido. Esa es la cuestión.
Cuando José Pedro Varela asume la conducción de la enseñanza en nuestro país, en el siglo XIX, bajo el gobierno de Lorenzo Latorre, los dos coinciden que el país necesitaba mano de obra calificada, por lo tanto «educada», para un capitalismo que se venía y se venía. Por eso Latorre alambró los campos y con ello instauró, además de hacerlo a punta de pistola, la propiedad privada. A la vez Varela llenó de niños las escuelas, además de multiplicarlas. Había que alfabetizar y educar, porque el capitalismo no se construye con gente que no sepa leer y escribir. Hoy, por cierto, las exigencias son mucho mayores.
Tampoco hoy se desarrolla ese capitalismo desde una perspectiva democrática y avanzada, si no hay un pueblo capacitado, crítico, preocupado de la ciencia y de las artes.
Es posible, como hace la India, generar miles de ingenieros en informática, mientras millones y millones de sus pobladores viven en la indigencia y en la tolerancia.
Ese nos es, por cierto, el modelo al que debe aspirar Uruguay por historia, por ética, por concepción democrática y republicana, nuestro país necesita un pueblo que llegue en pelotón al conocimiento, a la vez que facilita que quienes puedan escaparse en la recta final lo hagan y con el aplauso de la sociedad.
Es impensable un Uruguay productivo con una clase obrera inculta y maestros mal pagos, sin perspectiva ni posibilidades de desarrollarse para poder participar del dominio de las nuevas tecnologías, de los misterios de la ciencia y hasta de los oficios más sencillos.
Tampoco es viable el empresariado uruguayo (la burguesía nacional), si no cuenta con una clase obrera preparada y nuevas generaciones de estudiantes lúcidos, inquietos, buscando su permanente superación.
El gobierno progresista ha mejorado sustancialmente las condiciones de vida de los docentes y de la niñez uruguaya, pero la herencia sigue estando presente allí en el aula y en el hogar. El país tiene que resolver, como una cuestión patriótica, que la enseñanza sea prioritaria y que hay que destinar más recursos para que florezca la inteligencia..
También habrá que crear mecanismos de control y de exigencia sobre los actores educativos, quienes por el desprecio que sufrieron durante décadas, muchas veces hacen que trabajan, porque otros hicieron que les pagaban.
Esta priorización de la enseñanza debe llegar a los padres, quienes también desde hace décadas han perdido protagonismo y en sus hogares no inculcan la importancia del estudio. Si el nene no quiere estudiar que no estudie y si tiene suerte que no le sale drogadicto, que juegue al fútbol, que a lo mejor Paco lo salva. Si eso no ocurre, que se vaya del país, total lavando platos a lo mejor se compra un apartamentito en España y se los lleva a pasar la vejez. Hasta la muerte.
Hay que darle el 4,5% del PBI a la enseñanza y aumentar más los sueldos de los maestros, hay que derrotar democráticamente a la derecha aliada con la ultra, pero además hay que transformar en un sentimiento nacional la necesidad de que el país sea reconocido, porque sus habitantes son una sociedad de mujeres y hombres que cuando tienen que explicarle a un extranjero lo que son, sólo digan que su orgullo es la enseñanza pública. Como era antes. Como lo marcó Varela. Como queremos ser.
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