Otro estilo,vestimenta,tortícolis
Se supo muy pronto que todo había cambiado. Bueno, todo es quizás una exageración. Pero la voz de tango de Alberto Perdomo (Alianza Nacional), estilo Rivero en la década de 1940, selló el fin de la época canchera, la de códigos piolas, que presidió Enrique Pintado (Asamblea Uruguay), anoche sentado de a ratos, porque se la pasó charlando cual pequeño saltamontes en su antigua banca.
Una sesión plenaria se destaca por diversas circunstancias. A veces, el porte para vestir. Fue conmovedor constatar que Washington Abdala (Foro Batllista) sigue en carrera preelectoral; alguien que aparece con un traje color pomelo pálido, combinado con una corbata verde tipo helado de lima de barrita de Conaprole, no puede descender de candidatura alguna. Compitió en el estremecimiento producido en sala, aunque parezca una observación casi obscena, con la pollera blanca, amplia y acampanada de Adriana Peña (independiente Partido Nacional), que le hizo lucir su figura sobre todo cuando se iba, o sea de espaldas.
En otro orden, constaté con satisfacción que Pablo Alvarez (Espacio 609) estuvo en su banca, pese a tantos amagues de la pareja Mujica-Topolansky. Algo parecido ocurrió con Eleonora Bianchi (Vertiente Artiguista), quien cuando sonríe ilumina hasta las penumbras del alma más negra, ya que Juan José Bentancur, que muestra los dientes menos que Búster Keaton y había sido anunciado, no apareció.
Párrafo aparte merece Uberfil Hernández (Espacio 609), electo por unanimidad primer vicepresidente de la Cámara y receptor de las más abundantes, rebuscadas y entusiastas loas que uno recuerde. Hubo un par de hechos salientes que lo tuvieron como protagonista. Uno: por primera vez apareció en el respetable recinto vistiendo traje y corbata, en un esfuerzo tal que el vocablo estoicismo debe haber sido creado pensando en lo que iba a ocurrirle. Dos: Sergio Botana (Alianza Nacional), siempre con ese tono entre campero y de rematador de haciendas, se deshizo en elogios al legislador oficialista; lo curioso es que durante su apología no miró ni una vez directamente a Uberfil, aunque su vista estaba fija en la bancada de la mayoría.
Hay dos hipótesis en danza, a cual más audaz: o lo molestaba una tortícolis, o no sabía quién era el hombre del que estaba hablando.
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