Se envejeció: el FA tiene una estructura distante de la gente
La democracia requiere instituciones y estructuras. Es impensable un parlamento que no tenga donde reunirse. Puede ser modesto o magnífico y señorial como el Palacio Legislativo, pero tiene que existir con asientos cómodos, con un sistema de sonido que permita oír al otro, con hujieres y taquígrafos. Después si hay café o no lo hay, es lo de menos.
Bertolt Brecht, el dramaturgo y poeta alemán, dijo alguna vez que la forma es la correcta organización del contenido.
Hoy el Frente Amplio, del punto de vista democrático, es poca cosa si medimos a la democracia por la cantidad de los electores que participan en las decisiones.
Tiene estatutos, no tiene infraestructura ni física ni funcionarial-, tiene organismo de dirección y de base, pero tiene pocos locales abiertos, a la vez que carece de gente que participe, decida e incida.
Su estatuto, una de las obras de ingeniería política más perfecta que se haya conocido para conjugar las ideas del frentismo con el movimiento en una determinada época, no ha sido ejercido en su plenitud.
Un ejemplo de ello es el plebiscito interno, que nunca fue utilizado y que tiene potestades «para promover propuestas, tanto políticas como organizativas» siempre que no provoquen modificaciones en el Acuerdo Político, las Bases Programáticas y el Estatuto.
Hoy en la coalición de izquierdas se ha gestado una situación perversa, donde el peso de los sectores (frentismo) y la falta de participación del frenteamplista no sectorizado ha llevado a que los Comités de Base se hayan transformado solo en el escenario donde los sectores dirimen sus fuerzas, para incidir desde las bases en la constitución de los organismos de dirección. Sectores que a la vez no tienen militancia de base desarrollada, pero sí la necesaria para competir entre ellos.
Detrás de esta situación muy similar a un callejón si salida, hay múltiples factores que están jugando y que el Frente Amplio no ha encarado con seriedad y profesionalismo, como son las nuevas formas de relación con los electores y su participación en las decisiones de la fuerza política.
El FA está en condiciones, porque tiene recursos financieros y capacidad técnica, para conocer mediante encuestas el perfil de sus electores y así saber cómo desean participar de la vida partidaria. Puede llegar a tener una visión de cómo ven esos electores a sus dirigentes, a los Comités de Base, a la política.
Sin un estudio serio la nueva dirección del Frente Amplio, por más política que haga y que convoque a actos callejeros, va a seguir atrapada dentro de esa lógica perversa que lleva a que los sectores solo vean a los Comités de Base como un escenario para sus disputas. Da la impresión de que el FA busca nuevas formas de participación, renovando el papel de los Comités de Base junto a otros escenarios de participación a crear, o se reseca.
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