…y el Cuco se asustó
A fines de 1979 con «Canciones para no dormir la siesta» estábamos preparando un nuevo espectáculo. Como siempre, se iban acumulando canciones, ideas para juegos y propuestas que en una primera etapa llegaban hasta a doblar en cantidad lo necesario para un espectáculo de una hora y media más o menos.
Fue en ese momento que escribí la letra de «El Cuco» que comenzaba diciendo: El Cuco existe y está asustado/ de que los niños le pierdan miedo./ El Cuco sabe que si los niños/ juegan alegres, desaparece.
No teníamos ni idea de que se fuera a realizar el plebiscito, simplemente sentí la necesidad de hablar sobre el miedo.
Pensaba que, más allá que el miedo siguiera presente, nosotros debíamos exorcizarlo, burlarnos de él, como habíamos hecho con otras cosas jodidas que debíamos sufrir.
Meses después en las actuaciones de «Canciones…» eran muchas las referencias al plebiscito que habíamos inventado: «El juego de los contrarios», donde se trataba de decir y hacer lo contrario de lo que se proponía «si nos dicen blanco, decimos…negro. Si nos dicen arriba, decimos abajo, si nos dicen SI, decimos…» y aquí venía un NO tan grande y profundo que hacía temblar el teatro, también el popularísimo «Si usted tiene muchas ganas de…» y creo que hasta a la Chivita le hicimos decir NO. En los diálogos cada vez que teníamos que decir SI, lo decíamos pero moviendo la cabeza como cuando uno dice NO. (Y esto que parece sencillo no es tan fácil. Pruebe a hacerlo y ya va a ver)
Pero «El Cuco» se había transformado en LA canción sobre el plebiscito. Su puesta en escena impactaba y emocionaba. Terminábamos a oscuras iluminando a la platea con pequeñas linternas y «volanteábamos» la letra de la canción con un título que decía: «Cantale esta canción a un amigo».
Cada noche el espectáculo se detenía varios minutos por los aplausos y «bravos» de la gente. Pero un buen día cercano al plebiscito, el público desbordó lo previsto y comenzó a gritar consignas directas, a mentarle la madre a los militares, a anunciar la muerte del cuco, y otras salidas de tono impropias, por decir lo menos, en aquellos tiempos de censuras, persecuciones y tiras en la platea.
El compañero que manejaba las luces se asustó y las dejó apagadas, cosa que hacía aumentar el griterío, yo intentaba hacerme oír pero era imposible, en un momento los demás compañeros de «Canciones…» me iluminaron la cara con sus linternitas y yo traté de poner el gesto más de pánico que pude. Sólo así se callaron.
Al terminar el espectáculo, el público saliendo del Teatro Circular improvisó lo que podría llamarse una «manifestación relámpago» cantando «El Cuco».
De cualquier manera tuvieron que pasar cuatro años más para que pudiera escribir: «Â¡Al botón de la botonera, chim pum fuera!».
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