EL HIJO DE BEATRIZ

Ricardo, el hijo de Beatriz, el comprador de la bandera nueva y cuyo nombre figuraba en la boleta, fue detenido en Montevideo. A las patadas lo subieron a un vehículo policial, en 18 de Julio y Río Branco. Se encontró con su madre en el piquete policial de Cuchilla Alta. No entendía nada. No le permitían hablar con Beatriz. Se preocupaba por la insulina de la madre diabética. Los trasladaron a la comisaría de La Floresta. Más tarde a Soca. En enero de 1974 liberan al adolescente, trasladando a Beatriz a la jefatura y cárcel de la ciudad de Canelones. La diabetes y el estrés complican la salud de la pedagoga. Los canarios no quieren «complicarse con la maestra comunista». La envían de urgencia a la cárcel de Cabildo.

La doctora de Cabildo la recuerda a Beatriz perfectamente. «Padecía diabetes, era insulina dependiente. Recta como ninguna, muy querida por todas las hermanas religiosas que en esa época colaboraban en el establecimiento y por las otras internas a quienes había adoptado como alumnas».

Pretendiendo castigarla aún más, la encerraron con prostitutas y traficantes, con ladronas y asesinas. Con las «comunes». Y tampoco se dio por vencida. Allí, ejerció de maestra, de madre, de guía.

Recuperó la libertad en 1976, luego de 810 días de prisión. Trabajó y colaboró en el jardín de infantes de AEBU, y dedicó todos sus esfuerzos a su querida Cooperativa Magisterial. En abril de 1985 fue restituida a sus cargos, tanto en la Escuela de Cuchilla Alta como en los cursos para adultos en la ciudad de Pando.

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