No le perdonaron nada

Lo que aparece como cierto, luego de hablar con decenas de uruguayos, adultos hoy, infantes en aquellos tiempos, es que a Beatriz Encepare Mentaras no le perdonaban ser militante de la Federación Uruguaya del Magisterio, ni las jornadas extracurriculares de los sábados de tarde para niños y adultos.

No le perdonaban haber pasado del Partido Nacional al frenteamplismo más consecuente. El vocero de la dictadura (¿es necesario escribir El País?) vociferaba el 8 de marzo del año 74: «La directora de la escuela de Cuchilla Alta, Beatriz Etchepare Mántaras, titular de una lista de la 1001 en las últimas elecciones, fue procesada…».

El maestro inspector GualbertoTroisi, también jefe de Policía del Departamento de Durazno en dictadura y miembro del Consejo de Primaria a partir de 1974, junto con algún coronel residente en el balneario, comandó la acción en noviembre de 1973 que culminó con Beatriz, «la madraza», presa por 27 meses en la Cárcel de Cabildo.

Con muecas de profundo desprecio aun hoy lo recuerdan a Troisi, el jefe de Policía, el inspector sumariante, el inquisidor. Era quien avisaba desde la Jefatura de Durazno, por teléfono: «Hola, aquí habla el jefe, le aviso que en quince minutos el inspector departamental estará en ese local». Y llegaba al centro escolar, con su uniforme, su revólver y sus custodias.

El inspector maestro- jefe de Policía y el coronel residente contaron con la complicidad de personal de la misma escuela. Por temor, por ignorancia o por aspirar a su cargo se prestaron a la denuncia y a la acusación.

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