Lilí Lerena. Repasa nacimiento e historia del FA, y recuerdos del general Líber Seregni

"Era impactante ver la esperanza de la gente"

El ofrecimiento fue una sorpresa. El nunca pensó en algo así. Ni se lo había imaginado.

Yo no quería por nada del mundo ( se ríe). Pero, como siempre, Seregni hizo lo que le dictó el corazón y yo lo acompañé amorosamente. Pero es que mi papá había sido un militante blanco toda su vida, allá en Florida. Yo sabía el sacrificio familiar que eso implicaba. Más aún si iba a ser el uno. Pero ni me imaginaba todo lo que íbamos a tener que vivir.

 

¿Y de aquel 5 de febrero, de aquellas primeras reuniones, qué recordás?

Mirá, venían una cantidad a casa. Estaban Michelini, Bruschera, Héctor Rodríguez, Benedetti, Erro, el profesor Washington Fernández, una cantidad… No me puedo acordar de todos. Juan Pablo Terra estaba también. Y Michelini era el que más le insistía. Seregni lo pensó. Era muy patriota, muy artiguista, y aceptó.

 

Y de aquel 26 de marzo en la explanada municipal, ¿qué recordás?

Era impactante ver la esperanza de gente. Familias enteras. Gente muy humilde. Era conmovedor ver toda aquella ilusión, aquella inocencia, los deseos de dar y dar y de una vida mejor para todos…

 

Y Seregni, orador, ¿qué te pareció?

Lo desconocí. El hablaba muy bien, incluso en el Ejército le había tocado hablar en algún acto patrio. Pero aquello, para mí, fue una revelación. Una transformación de todo aquello que seguramente estaba latente en él y que explotó ante aquella muchedumbre, ante aquel proyecto impresionante que se abría.

 

«El voto en blanco

salvó al Frente»

Once años preso.

Sí. Fueron terribles para la familia. Lo vivimos con la dignidad que nos obligaba su firmeza inclaudicable. Estuvo siempre impecable. Leía, estudiaba, hacía gimnasia, dibujaba, y pensaba todo el día en el país y en el Frente. Aun en los períodos más duros, nunca dudó de que el Frente iba a seguir viviendo y luchando. El voto en blanco salvó al Frente. Y Seregni lo tenía muy, muy claro. Era algo visceral, te diría. El, desde adentro, nos daba ánimo y fuerza a los de afuera. Y yo hacía de correo en cada visita. Traía y llevaba. Muchas veces de memoria. Mirá si me equivocaba…(se ríe)

 

El mejor homenaje es ponerle al puente su nombre

Seregni hablaba mucho contigo.

Sí. Yo a veces lo veía venir de la Mesa Política desanimado. Con un gran desgaste. Y le decía «vení, sentate, contame. Hoy no fue una buena reunión, no?» Y ahí se desahogaba. Me contaba todo. El se desvivía por encontrar consensos. Igual se reunía tres, cuatro, cinco veces, las que fuese necesario, para encontrar soluciones, posiciones de conjunto. No era fácil, pero para él era un mandato irrenunciable cuidar el Frente como si fuera un ser vivo. Y esa condición de conductor también la ejercía hacia fuera. Cuando se trataba de temas nacionales, él no tenía ningún problema en reunirse con blancos y colorados para buscar las mejores soluciones. Por eso yo creo que el mejor homenaje que se le podía hacer era designar al mayor puente, el del río Negro, con su nombre. Porque si hay algo que define a Seregni es eso, su condición permanente y vocacional de puente. Por eso, con toda alegría y entusiasmo voy a ir a fin de mes a Mercedes. No me lo pierdo por nada del mundo. Estoy segura de que a Seregni le hubiera gustado mucho.

 

¿Y del hoy, qué te parece la negativa de Tabaré a la reelección?

Y ¿qué querés que te diga? Lo entiendo perfectamente. El hombre debe estar cansado. Fijate que convocó a un acto por el Nunca Más el 19 de junio y gente del mismo Frente le hizo otro acto paralelo. Y qué duda cabe de que ha hecho todo lo posible para investigar, para defender el tema derechos humanos lo más posible. Lo mismo en materia sindical, hay veces que le piden cosas imposibles, que jamás se las pidieron a nadie, y se han mejorado muchísimo los salarios, el empleo, las jubilaciones, la salud, la ayuda a los necesitados… Claro que falta. Pero a veces parece que necesitaríamos volver quince días a la dictadura para darnos cuenta de lo que tenemos.

 

¿Cuáles eran las cosas que más te gustaban de su condición de líder?

La gente, la gente. Le encantaba ir a los comités, ir al Interior. Caminar entre la gente en los actos. «Un baño de humanidad», siempre decía.

Y en la calle, donde fuera, Seregni disfrutaba de la gente. Incluso en los últimos tiempos íbamos acá al supermercado, a una cuadra. Era un infierno lo que demorábamos porque todo el mundo lo paraba, lo saludaba, le expresaba su afecto. Y él se paraba y hablaba con todos. Y te digo que de rebote yo ligo como loca, porque a mí también me viven parando y amasijando «y qué bien que está, Lilí» y yo encantada. «Haciendo fuerza para llegar a los 100, les digo».

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