Historia. Notas periodísticas reflejaron la historia del militar implicado en crimen de militante del PCR

El mayor Mangini presentó denuncia penal por artículo de LA REPUBLICA

El mayor (r) Enrique Mangini presentó una demanda contra el diario LA REPUBLICA, por la investigación sobre el asesinato de Santiago Rodriguez Muela, el 11 de agosto de 1972, durante un «asalto» de miembros de la JUP al Liceo Nº 8.

El Redactor Responsable del diario LA REPUBLICA Carlos Fasano Mertens y el periodista Roger Rodríguez, autor de la nota deberán comparecer ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Penal de 19º Turno, a cargo del doctor Luis Charles, en la calle Bartolomé Mitre, el próximo jueves 7 de febrero, a las 8:00 horas, en un juicio oral y público. La denuncia por «difamación e injurias» se sustenta en el artículo 33 y siguientes de la Ley Nº 16.099, conocida como «Ley de Prensa», y se realiza contra el diario LA REPUBLICA y otros. La representante del Ministerio Público en la causa será la fiscal Diana Salvo.

 

La historia

La figura del mayor (r) Enrique Mangini Usera cobró notoriedad luego de que LA REPUBLICA publicó, en su portada del 31 de octubre de 2007, su foto arengando a los militares retirados que vitoreaban la salida del general (r) Iván Paulós del Juzgado de Misiones 1469, donde compareció por la causa del «segundo vuelo».

Los registros fotográficos muestran al mayor (r) Mangini, que ese día actúo como «guardaespaldas» de Paulós, junto al coronel (r) Eduardo Ferro, sindicado como autor material de la muerte de Fernando Miranda, con el brazo alzado y una pistola Luger bajo el saco, calzada en una funda «tupamara» de cuero marrón.

El título de la portada de LA REPUBLICA, «Los gorilas adelantaron ayer Hallowen», resumió lo que fue una jornada cargada de hechos simbólicos: Paulós responsabilizó «a los mandos» por los delitos de la dictadura y Mangini gritó arengas «golpistas» y en favor «de la familia militar».

 

Le tiraron por la espalda

La investigación periodística desentrañó el secreto que Magnini sólo había confesado a algunos de sus más íntimos allegados y de sus mandos durante el desarrollo de la carrera militar: él fue uno de los militantes de la JUP que ingresó en la noche del 11 de agosto de 1972 al «Liceo Nº 8″, donde fue asesinado por la espalda al estudiante Santiago Rodríguez Muela. «¡Qué cagada que tuve que gastar una bala en eso!», dijo alguna vez Mangini, según relata la nota.

Esa noche de agosto, en el recinto del «Liceo Nº 8″ se desarrollaba una asamblea de profesores, padres y estudiantes, en la que participaba Rodríguez Muela, alias «el Charla», militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR), de 22 años. Magnini y otros miembros de la JUP ingresaron armados al local de la Avenida 8 de Octubre, luego de «pavonearse» frente al centro de estudios y a la sede del Ministerio de Defensa Nacional.

Rodríguez Muela, además de militante político, era obrero de Ancap, militaba sindicalmente, estaba casado, terminaba sus estudios en el liceo nocturno y era conocido por sus asesinos, quienes le dispararon por la espalda, «antes de huir por los fondos (del liceo) hacia la calle Urquiza».

Los expedientes de inteligencia policial confirmaron los hechos, pero Mangini se «refugió» en las FFAA para mantener impune, por más de 35 años, un asesinato –cuya investigación prevén reabrir los familiares de Rodríguez Muela–, que quedara al descubierto tras las sucesivas notas de Roger Rodríguez.

 

El testigo

La investigación tuvo un dato revelador el 2 de diciembre, al publicarse en este medio una entrevista con Júpiter Irigoyen (79), un testigo presencial del crimen y quien responsabilizó directamente a Magnini como autor material del asesinato.

«A mí me dolió que se dijera que a Rodríguez Muela le dieron por la espalda porque salió disparando. El no salió huyendo, fue a buscar una silla para defenderse…», «yo creo que estaba sentenciado ya…» dijo Irigoyen (con la voz quebrada).

«El (Rodríguez Muela) fue el que los vio venir. ‘¡Se vinieron, se vinieron los fachos!’, avisó. Entonces entraron armados…», «unos catorce o quince… Entraron y nos hicieron separar a todos contra la pared con las manos en alto», contó. «Entonces, éste que ya estaba predestinado, lo vio entrar al «Charla» al salón y fue detrás de él. Le metió el balazo y salió con la pistola con silenciador en la mano. El botija salió detrás, caminando, y cayó al suelo…», Mangini «era más flaco, pero su rostro es imborrable. A mí me quedó la cara», dijo.

«Cuando el botija cayó, atiné a agarrarlo pensando que se había desmayado y sentí «la sangre caliente en mis manos. Hervía y me rebelaba ante la injusticia que había visto. Yo creía que sólo estaba herido, pero nunca supuse que estaba de muerte. Estaba en mis brazos, tembló y murió», expresó Irigoyen.

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