EDITORIAL

El País: un pasado de obsecuencia y racismo y un presente de calumnias

El órgano indigno de la dictadura militar, primero siempre en la obsecuencia frente a los poderosos de todos los tiempos, el diario El País, tuvo el tupé de prestarse a la calumnia contra dos de nuestros periodistas, que firmaron una crónica en el ejercicio de su libertad de información.

Lo hizo en combinación con el diario de la secta Moon, propiedad de un señor que se cree representante de Dios en la Tierra y que ha sido procesado por delitos comunes en tierra norteamericana.

El libelo pertenece a un cronista calumniador, relacionado con Gavazzo, que, para bien de nuestra casa y de sus compañeros a los que denigró, ya no integra las filas del diario plural.

Bueno es recordarle a la opinión pública que el órgano de prensa que se presta para calumniar a dos periodistas es el mismo que afirmó en su editorial central del 11 de junio de 1976: «No compartimos la tendencia a sobreestimar las virtudes de la estricta institucionalidad democrático-republicana».

Es el mismo que el 24 de junio de 1976 en su página editorial afirmó que «Las Fuerzas Armadas no salieron a la calle para dar su cuartelazo sino como último recurso, reclamado por la ciudadanía sana del país para salvar la esencia misma de nuestro sistema democrático».

Es el mismo que el 27 de junio de 1978 en su editorial principal afirmó: «De ahí han surgido las versiones de que en el Uruguay soportamos una de las dictaduras más crueles y repugnantes de América Latina, burda especie a la que se procura dar patente de verdad en el exterior por medio de datos estadísticos ridículos sobre uruguayos asesinados, presos, torturados o forzados a abandonar el territorio nacional».

Es el mismo órgano racista que, días antes del asesinato de ese gran mártir de la democracia africana que fue Patricio Lumumba, afirmó en su editorial del 18 de febrero de ese año: «Es un negro que va dando demasiado trabajo. Existe realmente Lumumba o es la personificación en la prensa de un sinnúmero de negros turbulentos, desorbitados, criminales, que dan un deplorable espectáculo de la incapacidad para gobernar. La verdad es que ya no sabemos si existe o lo inventaron para hacer creer que los negros tienen hombres capaces de gobernarlos».

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