La Columna de Sherlock

Milanesa a la cartón

Sherlock se fue por el Palacio Legislativo con la intención de comer algo y de bucear por los secretos del poder, dirían los clásicos del periodismo.

Cuando iba cruzando la puerta que da a Fernández Crespo sintió un chistido. En prinicipio pensó que era uno de los blandengues, pero no fue así. Era un funcionario escondido detrás de una columna que le hacía señas de que se aproximara.

– La cocina está caliente, le dijo el funcionario con cara de cómplice.

– Lo que me importa es saber qué hay para comer, ¿sabe?, respondió el sabueso.

– Hay milanesas de cartón y son de lujo porque vienen bien duritas, acotó el informante, mientras miraba para todos los costados temiendo que alguien lo viera.

– Largue, largue, atinó a decir Sherlock.

Mire, hace pocos días apareció una milanesa elaborada por uno de los servicios licitados del Palacio que tenía una capa de cartón o de papel frito.

– Lindo, ¿qué más?

– Que los senadores Wilson Sanabria y Juan Adolfo Singer, ambos colorados, están calentitos con el asunto y lo van a plantear en el Senado.

– ¿Y?

– Parece que estamos ante la punta de un ovillo que si se tira de él, se destaparían algunas otras irregularidades.

¿Hay pruebas?, preguntó el investigador.

– Tenemos la milanesa y una fotografía de ella, ¿le sirve?

La tarde estaba calurosa y Sherlock decidió darse una vuelta por la casona frenteamplista de la calle Colonia. Saludó al portero, lo miró de reojo y dos minutos más tarde se encontró con un dirigente de base.

–¿Qué pasa con la designación de los secretarios de las Juntas Locales?, inquirió el sabueso.

El dirigente le hizo un gesto, señalándole que había que buscar un lugar más neutral. Por eso se fueron a un bar próximo, para poder conversar con más tranquilidad.

–Se dice que las coordinadoras están demorando la presentación de los candidatos a secretarios de las Juntas Locales al Intendente, dijo el investigador.

–Mire, la cosa viene lenta, entre otras cosas porque el Intendente tiene potestades para designar a sus cargos de confianza cuando quiera. Pero, por lo que escuché, todo se hará cerca de las fiestas.

–¿Cómo?

–En el Palacio de Ladrillo todos señalan que Arana va a designar a todos los secretarios de las Juntas Locales el mismo día y que sucederá cerca de las fiestas de fin de año. La idea es que las vacaciones le pongan paños fríos a las broncas que siempre generan estas cosas, agregó el militante frenteamplista.

Skerlock se limitó a pagar la cuenta, saludó a su fuente y se fue silbando bajito.

Esta vez Sherlock no fue por el Palacio Legislativo. Se quedó en su casa, esperando que algún fax salvador le permitiera no ir por la redacción.

Puso un video de una película italiana de los años sesenta, preparó la pipa y comenzó a disfrutar de la película. En eso, el fax dio sus primeras señales.

En el cabezal de la página leyó un mensaje escrito a mano: «Disfrutá». Motivado por la escritura leyó una de las actas de una comisión de la Cámara de Diputados, donde aparece una intervención de Ignacio Aristia, dirigente de la Mesa Coordinadora de Gremiales Agropecuarias.

«Lamentablemente, por las declaraciones de nuestro Presidente con respecto al trigo –las pongo como ejemplo–, vemos que se está tratando de sacar de funcionamiento sectores de nuestra agropecuaria. Yo digo: si tenemos que importar el trigo porque es más barato en Argentina y es inviable plantarlo acá, también tendremos que limpirar la harina, porque en Argentina es más barata y nuestros molinos están en un estado deplorable. También tendremos que importar el pan congelado, porque es más barato afuera. Los colegas panaderos de mi zona están al borde de la quiebra. Pero si seguimos así, también tendremos que importar la mano de obra, porque la brasilera y la china son más barata que la nuestra. Y así sucesivamente; también tendremos que importar gobernantes, porque en cualquier parte del mundo son más baratos que acá…».

–Chim, pum, fuera, dijo Sherlock y volvió a disfrutar de la película con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Viernes en la tarde, el gobierno estaba de fiesta en el Edificio Libertad. El secretario de la Presidencia, doctor Raúl Lago, desbordaba de alegría porque iba a dar la buena nueva: Europa volvía a abrir sus mercados para nuestras carnes.

Lago enfrentó a los periodistas, respondió a todas las preguntas, agradeció la presencia de los medios de comunicación. Sherlock levantó su grabador, salió del edificio, observó un rato el siempre magnífico monumento a Luis Batlle.

Una vez en su casa se puso a escuchar la grabación de las palabras de Lago y escuchó, por primera vez, lo que quedó registrado por fuera de la conferencia de prensa: «Pero empezamos a respirar, ¿eh?, después de todo esto…».

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