Cuando orden no fue progreso
El coronel (r) y ex ministro del regimen militar brasileño Jarbas Passarinho dijo que la participación de Brasil en el «Plan Cóndor» se limitó a la detención y entrega de disidentes políticos a sus países de origen.
«Nosotros deteníamos y mandábamos a la persona de vuelta a su país, donde iba a ser juzgada. Eso no es delito», dijo el ex militar, quien ocupó diversos cargos ministeriales durante el régimen dictatorial en Brasil, en una entrevista con el diario «Folha de São Paulo».
«Si supiese que, mandándola para Argentina, la persona iba a ser muerta, tengo la convicción de que el gobierno no la hubiera enviado. No estaba garantizado que volvía para ser muerta», indicó el ex coronel.
Passarinho salió de esta manera en defensa de 11 civiles y militares miembros del régimen militar brasilero, que son investigados por la Justicia italiana por la desaparición en Argentina, después de ser detenidos en Brasil, de los ciudadanos ítalo-argentinos Horacio Campiglia y Lorenzo Viñas.
Las declaraciones de Passarinho coinciden con las que realizó días atrás el ex jefe del Centro de Informaciones del Ejército durante la dictadura, general (r) Agnaldo del Nero Augusto, quien afirmó: «Nosotros no matábamos, Deteníamos y entregábamos».
La jueza Luissana Figliola y el fiscal Giancarlo Capaldo investigan la desaparición de 25 ciudadanos de origen italiano, durante el accionar represivo del «Plan Cóndor» en los países de Sudamérica, en las décadas de los 70 y 80, en la que estarían involucrados 140 ex militares y civiles.
El ex coronel dijo que defendía a los miembros de la dictadura brasileña porque los conocía personalmente «y no por indicios» como el fiscal Capaldo, y justificó las deportaciones secretas porque «estábamos en guerra».
Era «una guerra no declarada. No se iba a detener al sospechoso para que luego se pronunciara el Supremo Tribunal Federal», alegó el ex coronel en su declaración ante la prensa.
Passarinho dijo que Brasil entregaba prisioneros para ser juzgados, en contraposición a «los guerrilleros (que) hacían tribunales y mataban al instante». «¿Esas personas fueron detenidas leyendo la Biblia? Vinieron para Brasil como comunistas», afirmó el ex ministro.
El gobierno de Brasil advirtió que la Constitución brasileña impide la extradición de nacionales, además de que los militares quedaron amparados por la Ley de Amnistía de 1979, por lo que ninguno de ellos fue sancionado por los crímenes cometidos durante la dictadura.
FERRO, EL ENLACE CON BRASIL
El coronel (r) Eduardo Ferro, quien es sindicado como responsable de la muerte del escribano Fernando Miranda, admitió públicamente que participó en el traslado clandestino de prisioneros uruguayos desde Brasil, durante el accionar del «Plan Cóndor».
El traslado clandestino de los militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), Universindo Rodríguez y Lilián Celiberti, en noviembre de 1978, fue reconocido por Ferro durante una entrevista televisiva que concedió al programa «Código País».
El secuestro de Rodríguez y Celiberti, y de los hijos de ella Francesca (3) y Camilo (7), provocó un escándalo en Brasil, porque ambos eran refugiados ante Naciones Unidas.
Ferro, quien fue jefe de la Compañía de Contrainformación, integró el SID y la OCOA y recibió un curso en la Escuela de las Américas en Estados Unidos, desmintió haber participado en torturas y ser el responsable de los homicidios que se le imputan.
Universindo Rodríguez, sin embargo, refuta los dichos de Ferro. «Cuando cruzamos la frontera nos obligan a ponernos contra el piso, incluso a los niños que quedaron apuntados por policías armados. En territorio uruguayo (…) a mí me bajan y hay un tipo que me pega soberana patada. Era el entonces capitán Eduardo Ferro», relató el militante del PVP en entrevista exclusiva con Roger Rodríguez para LA REPUBLICA.
Al llegar a la Fortaleza de Santa Teresa «me lleva para los montes y en lo personal me vuelven a torturar, con submarino, golpes y un simulacro de fusilamiento por parte de Ferro y Giannone», agregó.
«Cuando el simulacro de fusilamiento, me acuerdo que Ferro sacó la pistola, la cargó y me dijo: ‘Esto es muy sencillo, termino este cigarrillo y te limpio…’ El quería a Hugo Cores, ese era su objetivo», continuó el relato de Rodríguez.
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