Escrito por: Ricardo Portela Ostrawski

Las expectativas eran muchas entre la mayoría de los diputados y senadores con relación al voto electrónico. Si bien fue una idea gestada en el anterior gobierno, fue en la actual legislatura que el proyecto cobró real impulso.
La maravillosa posibilidad de contar con una tecnología que permitiera conocer cuántos legisladores estaban presentes y cuántos ausentes, votar casi en forma anónima con sólo presionar un botón y sin necesidad de levantar públicamente la mano o presentar mociones a leyes en forma on line y sin moverse de la banca, era muy seductor.
Pero el brillo se apagó cuando la uruguayez se le puso enfrente.
Los equipos adquiridos nunca pudieron funcionar mínimamente y los legisladores jamás aprendieron a usarlos a cabalidad ni hubo quien los instruyera debidamente.
El 13 de junio del año pasado se hizo en la Cámara de Diputados un simulacro de votación a través de las terminales electrónicas.
No se obtuvieron los resultados esperados y tampoco se intentó nuevamente.
El momento no pudo haber sido peor.
Ese día había delegados de la Unión Europea observando el fruto de su donación.
Incluso, las antiquísimas bancas de lapacho y cedro de los legisladores habían sido acondicionadas para sujetar mediante un soporte metálico la correspondiente terminal. Hoy ni el soporte y menos las terminales están a la vista.
Es más, hubo algún legislador que se adueñó del equipo y todavía nada se sabe de él.
El vicepresidente, Rodolfo Nin Novoa, había informado oportunamente que la puesta en funcionamiento del nuevo sistema de voto para ambas cámaras parlamentarias era financiado a través de un convenio de cooperación internacional con la Unión Europea y que su costo básico era de US$ 164 mil, sin contar con las remuneraciones de los técnicos españoles que habían venido expresamente a instalarlos, del software necesario y de los equipos orbitales imprescindibles para su funcionamiento como pantallas, cableados y computadoras.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21