"En la trinchera de las ideas"
En dos horas y cuarto de discurso el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, habló sobre su lucha contra el imperialismo, las confrontaciones con el Papa, Uribe y el rey de España, su mediación ante las FARC, las charlas con Fidel Castro, homenajeó a Benedetti y se tomó cuatro tazas de café y tres vasos de agua mientras se dirigía a un colmado Paraninfo de la Universidad.
En el acto, que fue organizado por la comisión preparatoria del 2º Congreso del Pueblo, Chávez dijo que «en la trinchera de las ideas es donde se ganará o perderá la batalla contra el imperialismo» y señaló que, a su juicio, «la única opción que hay para ganarla es el socialismo».
El presidente venezolano dijo que «América Latina vive un momento irrepetible que no debe desperdiciar porque es el momento de impulsar con mucha fuerza las acciones transformadoras para alcanzar los cambios que se requieren» en el continente.
Chávez dijo que «es necesario encontrar un espacio común en donde se respeten los tiempos de los distintos países, pero es también importante que los que van más rápido en sus transformaciones le hagan redoblar el paso a los que vienen más lentos para construir un nuevo poder que surja desde las bases del pueblo».
En ese contexto, Chávez sostuvo que «el socialismo no se impone, se construye y no hay modelos exportables; entonces, o inventamos o erramos», sentenció.
Acto seguido dijo: «Yo estoy seguro de que ustedes los uruguayos sabrán el camino que hay que transitar porque cada país tiene sus particularidades».
El presidente de Venezuela dijo que «el culpable» de su «demonización» fue Fidel Castro, por él «no era socialista».
Chávez dijo: «Hace apenas ocho años éramos Fidel y yo los únicos demonios en las cumbres presidenciales, porque los demás estaban subordinados al imperio yanki y al neoliberalismo; éramos como una cucaracha en un baile de gallinas. Pero ahora somos muchos más, porque están Tabaré (Vázquez), Cristina (Kirchner), Lula (da Silva), Evo (Morales) Rafael (Correa) y Daniel Ortega», sentenció.
Es por ese motivo, dijo Chávez, que «la batalla de la conciencia, del conocimiento y de las ideas hay que darla en el Paraninfo de la Universidad, en el campo y en las fábricas, porque se está en un momento irrepetible, en un momento de muerte (del neoliberalismo) y de nacimiento (socialismo)», insistió.
En esta lucha de ideas, el presidente venezolano advirtió que «desde el imperio se intentará dividir para reinar y el bombardeo de ellos se va a acentuar porque están preocupados ante el avance de este nuevo movimiento que surgió en América Latina».
En un momento se refirió a la elección que perdió para reformar la Constitución de su país y sostuvo que más allá de que asumió ser el principal responsable de no haber convencido a la población, «lo más importante e interesante de ver es que el 50% de los venezolanos haya votado una propuesta socialista, cuando hace apenas 15 años esas ideas no superaban el 10%».
Acto seguido insistió en que «la batalla psicológica del imperio y de las oligarquías hicieron mella en la población, que hace poco tiempo nos dio el 63% de aprobación en la última elección».
De todos modos, dijo Chávez, «es preferible una derrota así que una catastrófica victoria», sentenció.
En su discurso, Chávez reiteró que es confrontativo «porque alguien lo tiene que hacer» dado que, a su juicio, «al imperio y a sus oligarquías hay que desenmascararlas».
En ese contexto recordó sus últimas peleas. «Hace poco en Santiago de Chile se le cayó la máscara al rey de España, una persona que anda con sensibilidades de siglos y se ofende porque no me callo. El tema es que hace nueve años que estoy oyendo el mismo cuentico de las inversiones y nada se soluciona. Algún día esta voz se callará, pero las voces de los pueblos nunca lo deberán de hacer; mientras tanto a mí no me callan ni 100 reyes», sentenció ante el cerrado aplauso de la platea.
Entre los asistentes al acto estuvieron el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, José Mujica, y su esposa, la senadora del MPP Lucía Topolansky. También el senador del Espacio 609 Alberto Couriel, y los embajadores de Cuba, Bolivia y Ecuador.
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